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Ciencia & Tec

Huesos robustos permitieron al espinosaurio cazar bajo el agua


Los investigadores han seguido debatiendo la manera en la que el espinosaurio atrapaba a sus presas.

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El espinosaurio, el mayor dinosaurio depredador –dos metros más que el Tyrannosaurus rex–, podía pescar bajo el agua debido a sus huesos compactos, según un nuevo estudio publicado en Nature.

Su forma de cazar ha sido objeto de debate durante décadas pero un grupo de paleontólogos ha adoptado un enfoque diferente para descifrar el estilo de vida de estas criaturas extinguidas hace tiempo mediante el examen de la densidad de sus huesos.

Analizando la densidad de los huesos de los espinosaurios y comparándolos con los de otros animales como pingüinos, hipopótamos y caimanes, el equipo descubrió que tanto el espinosaurio como su pariente cercano, el Baryonyx, del Cretácico del Reino Unido, tenían huesos densos que les permitieran sumergirse bajo el agua para cazar.

Los científicos ya sabían que los espinosaurios tenían ciertas afinidades con el agua: sus mandíbulas alargadas y sus dientes en forma de cono son similares a los de los depredadores que se alimentan de peces, y la caja torácica del Baryonyx, procedente de Surrey, contenía incluso escamas de pescado semidigeridas.

En la última década, el doctor Nizar Ibrahim, paleontólogo de la Universidad de Portsmouth y explorador de National Geographic, desenterró diferentes partes de un esqueleto de Spinosaurus en el desierto del Sahara del norte de África. El esqueleto que Ibrahim y su equipo describieron tenía los orificios nasales retraídos, patas traseras cortas, pies en forma de pala y una cola en forma de aleta: todos los signos que apuntan firmemente a un estilo de vida acuático.

“Hemos luchado contra tormentas de arena, inundaciones, serpientes, escorpiones y mucho más para excavar el dinosaurio más enigmático del mundo y ahora tenemos múltiples líneas de evidencia que apuntan todas en la misma dirección: ¡el esqueleto realmente tiene escrito “dinosaurio amante del agua”, explica.

Basándose en su anatomía altamente especializada, el doctor Ibrahim y su equipo sugirieron anteriormente que el espinosaurio podía nadar y perseguir activamente a sus presas en el agua, pero otros afirmaron que no era un gran nadador y que, en cambio, vadeaba el agua como una garza gigante.

Los investigadores han seguido debatiendo si el espinosaurio pasaba gran parte de su tiempo sumergido, persiguiendo a sus presas en el agua, o si simplemente se quedaba en las aguas poco profundas y sumergía sus mandíbulas para atrapar a sus presas.

“En parte, esto se debe probablemente a que estamos desafiando un dogma de hace una década, por lo que incluso si tienes un caso muy sólido, esperas un cierto grado de rechazo”, señala.

Este debate continuo llevó al autor principal, el doctor Matteo Fabbri, con sede en el Museo Field de Chicago, al autor principal, el doctor Ibrahim, y a un equipo internacional de investigadores a tratar de encontrar otra forma de inferir el estilo de vida y la ecología de criaturas extinguidas hace mucho tiempo como el espinosaurio.

El doctor Fabbri explica que la idea del estudio fue “vale, está claro que podemos interpretar los datos de los fósiles de diferentes maneras. ¿Pero qué pasa con las leyes físicas generales? Hay ciertas leyes que son aplicables a cualquier organismo de este planeta. Una de estas leyes se refiere a la densidad y a la capacidad de sumergirse en el agua”, relata.

En todo el reino animal, la densidad ósea puede indicarnos si un animal es capaz de hundirse bajo la superficie y nadar. “Estudios anteriores han demostrado que los mamíferos adaptados al agua tienen un hueso denso y compacto en sus esqueletos postcraneales (detrás del cráneo) –explica Fabbri, experto en la estructura interna del hueso–. El hueso denso ayuda a controlar la flotabilidad y permite al animal sumergirse“.

El equipo reunió un amplísimo conjunto de datos de cortes transversales de fémur y costillas de 250 especies de animales extinguidos y vivos, tanto terrestres como acuáticos, y que abarcaban animales con un peso que iba de unos pocos gramos a varias toneladas, como focas, ballenas, elefantes, ratones e incluso colibríes.

También recogieron datos sobre reptiles marinos extintos, como los mosasaurios y los plesiosaurios. Los investigadores compararon secciones transversales de huesos de estos animales con secciones transversales de huesos de espinosaurio y sus parientes Baryonyx y Suchomimus.

Los científicos descubrieron una clara relación entre la densidad ósea y el comportamiento de búsqueda de alimentos en el agua: los animales que se sumergen bajo el agua para encontrar comida tienen huesos casi completamente sólidos, mientras que las secciones transversales de los huesos de los habitantes de la tierra parecen más bien rosquillas, con centros huecos.

Cuando los investigadores aplicaron los huesos de dinosaurios espinosaurios a este paradigma, descubrieron que tanto el espinosaurio como el Baryonyx tenían el tipo de hueso denso asociado a la inmersión total.

Mientras tanto, el Suchomimus africano, estrechamente relacionado, tenía huesos más huecos. Todavía vivía junto al agua y comía pescado, como lo demuestran su hocico de cocodrilo y sus dientes cónicos, pero basándose en su densidad ósea, no nadaba mucho.

“Eso fue una sorpresa –reconoce Ibrahim–, porque el Baryonyx y el Suchomimus se parecen bastante”. Pero el equipo no tardó en darse cuenta de que no era algo fuera de lo común y de que se pueden observar patrones similares en otros grupos.

Otros dinosaurios, como los gigantescos saurópodos de cuello largo, también tenían algunos huesos densos en sus extremidades, pero esto simplemente refleja la enorme cantidad de estrés en esos huesos de las extremidades.

El doctor Ibrahim señala que “algunos de estos animales habrían pesado tanto como varios elefantes, por lo que añadir capacidad de carga adicional a los huesos tiene mucho sentido”.

Por su parte el doctor Jingmai O’Connor, conservador del Field Museum y coautor de este estudio, afirma que los estudios colaborativos como éste, que se basan en cientos de especímenes, son “el futuro de la paleontología. Llevan mucho tiempo, pero permiten a los científicos arrojar luz sobre grandes patrones”.

Ibrahim ya está pensando en las próximas preguntas. “Creo que, con esta línea de evidencia adicional, las nociones especulativas que contemplan al espinosaurio como una especie de limícola gigante carecen de apoyo probatorio y pueden ser excluidas con seguridad. Los huesos no mienten, y ahora sabemos que incluso la arquitectura interna de los huesos es totalmente coherente con nuestra interpretación de este animal como un depredador gigante que cazaba peces en vastos ríos, utilizando su cola en forma de remo para la propulsión. Será interesante reconstruir con mucho más detalle cómo se desplazaban estos monstruos de río, algo en lo que ya estamos trabajando”, concluye.

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