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Ciencia & Tec

Los chimpancés se «medican» al aplicarse insectos en las heridas


En Longo, los investigadores estudian el comportamiento de una comunidad de unos 45 chimpancés, centrándose especialmente en sus relaciones sociales, interacciones y disputas con otros grupos

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Se ha observado por primera vez cómo los chimpancés se aplican insectos en sus propias heridas y en las de sus congéneres, y científicos se plantean si podría tratarse de un modo de medicación.

Los chimpancés se encuentran en todo el África ecuatorial, incluido el Parque Nacional de Loango, en Gabón, que ha acogido el Proyecto Chimpancé Ozouga, dirigido por el primatólogo Tobias Deschner y la bióloga cognitiva Simone Pika de la Universidad de Osnabrück.

En Loango, los investigadores estudian el comportamiento de una comunidad de unos 45 chimpancés, centrándose especialmente en sus relaciones sociales, interacciones y disputas con otros grupos, su comportamiento de caza, el uso de herramientas y sus habilidades cognitivas y comunicativas.

«La automedicación -en la que los individuos utilizan partes de plantas o sustancias no nutritivas para combatir patógenos o parásitos- se ha observado en múltiples especies animales, como insectos, reptiles, aves y mamíferos –explica la doctora Simone Pika–. Nuestros dos parientes vivos más cercanos, los chimpancés y los bonobos, por ejemplo, tragan hojas de plantas con propiedades antihelmínticas y mastican hojas amargas que tienen propiedades químicas para matar parásitos intestinales».

Sin embargo, a pesar de las investigaciones realizadas durante décadas en otros lugares de campo a largo plazo en África occidental y oriental, hasta ahora nunca se había documentado la aplicación externa de materia animal en heridas abiertas.

«Nuestras observaciones proporcionan la primera evidencia de que los chimpancés capturan regularmente insectos y los aplican sobre heridas abiertas. Ahora pretendemos investigar las posibles consecuencias beneficiosas de un comportamiento tan sorprendente», afirma el doctor Tobias Deschner. El hallazgo se publica en Current Biology.

Alessandra Mascaro, entonces voluntaria del proyecto, recuerda su primera observación: «En 2019, estaba siguiendo a una chimpancé hembra llamada Suzee, y observé cómo atendía el pie herido de su hijo adolescente, Sia. Me di cuenta de que parecía tener algo entre los labios que luego aplicó a la herida del pie de Sia».

Más tarde, esa misma noche, volví a ver mis vídeos y vi que Suzee primero había extendido la mano para coger algo que se puso entre los labios y luego directamente en la herida abierta del pie de Sia –prosigue–. Discutiendo estas observaciones y la posible función del comportamiento con los miembros del equipo, nos dimos cuenta de que nunca habíamos visto un comportamiento así y que tampoco se había documentado antes».

Una semana después, la estudiante de doctorado Lara Southern observó a un macho adulto, Freddy, que mostraba un comportamiento similar. El equipo dedujo que lo más probable es que los diminutos objetos fueran insectos voladores, dado el lugar y la forma en que fueron capturados.

Durante el año siguiente, los investigadores empezaron a observar y filmar diligentemente a todos los individuos con lesiones. Poco a poco, fueron creando un registro de 22 sucesos, la mayoría de ellos relacionados con individuos que se aplicaban insectos en sus propias heridas.

Casi un año después de que Mascaro observara la primera aplicación de insectos en la herida de otro individuo, Southern observó otro suceso. «Un macho adulto, Littlegrey, tenía una profunda herida abierta en la espinilla y Carol, una hembra adulta, que le había estado aseando, extendió de repente la mano para coger un insecto», recuerda Southern.

«Lo que más me llamó la atención fue que ella se lo entregó a Littlegrey, él se lo aplicó en la herida y posteriormente Carol y otros dos chimpancés adultos también tocaron la herida y movieron el insecto sobre ella –prosigue–. Los tres chimpancés no emparentados parecían realizar estos comportamientos únicamente en beneficio de su miembro del grupo».

Los autores del Proyecto Chimpancé Ozouga y Osnabrück sugieren que los insectos aplicados podrían tener propiedades antiinflamatorias o antisépticas. El uso de insectos con fines terapéuticos se remonta en el ser humano al año 1.400 a.C. y sigue siendo popular entre las poblaciones humanas, abarcando una variedad de especies de insectos con efectos antibióticos y antivirales científicamente probados.

Otra explicación puede ser que este comportamiento no tenga consecuencias beneficiosas, sino que forme parte de la cultura local de los chimpancés, al igual que un gran número de tratamientos médicos en las sociedades humanas.

«Para mí, que estoy interesado en las habilidades cognitivas de los chimpancés, fue especialmente llamativo presenciar que los individuos no sólo tratan sus propias heridas, sino también las de otros individuos no emparentados. Estos ejemplos de comportamientos claramente prosociales rara vez se observan en especies no humanas, pero estas observaciones pueden convencer ahora también a los escépticos», afirma Pika.

Como siguiente paso, los investigadores pretenden recuperar las partes restantes del insecto para identificar la especie y realizar posteriormente bioensayos que investiguen las posibles propiedades farmacéuticas. Además, el equipo también se centrará en la dimensión social del comportamiento, como quiénes son los principales actores y quiénes los principales receptores del «tratamiento», así como los procesos de aprendizaje social que permiten su transmisión.

«Resulta fascinante comprobar que, tras décadas de investigación sobre los chimpancés salvajes, éstos siguen sorprendiéndonos con nuevos e inesperados comportamientos –subraya Deschner–. Nuestro estudio demuestra que aún queda mucho por explorar y descubrir sobre nuestros parientes vivos más cercanos, y que por tanto debemos seguir esforzándonos mucho más en protegerlos en su hábitat natural».

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