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Ciencia & Tec

Las especies que evolucionan rápido tienen más riesgo de extinguirse


El equipo estudió lagartos, serpientes y sus parientes de un grupo llamado Lepidosauria.

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Investigadores de la Universidad de Bristol han descubierto que las especies que evolucionan rápidamente tienen más probabilidades de extinguirse.

En su nuevo estudio sobre los lagartos y sus parientes, el doctor Jorge Herrera-Flores, de la Facultad de Ciencias de la Tierra de Bristol, y sus colegas han descubierto que “la lentitud y la constancia ganan la carrera“.

El equipo estudió lagartos, serpientes y sus parientes de un grupo llamado Lepidosauria. Actualmente hay más de 10.000 especies de lepidosaurios, y gran parte de su éxito reciente es el resultado de una rápida evolución en circunstancias favorables. Pero esto no siempre fue así.

El doctor Herrera-Flores explica en un comunicado que “los lepidosaurios se originaron hace 250 millones de años, a principios de la Era Mesozoica, y se dividieron en dos grandes grupos: los escamados, por un lado, que dan lugar a los lagartos y serpientes modernos, y los rinocéfalos, por otro, representados hoy por una sola especie, el tuatara de Nueva Zelanda. Esperábamos encontrar una evolución lenta en los rinocéfalos y rápida en los escamosos. Pero encontramos lo contrario”.

“Observamos el ritmo de cambio del tamaño del cuerpo entre estos primeros reptiles –añade Tom Stubbs, un colaborador–. Descubrimos que algunos grupos de escamosos evolucionaron rápidamente en el Mesozoico, especialmente los que tenían estilos de vida especializados, como los mosasaurios marinos. Pero los rinocéfalos tuvieron una evolución mucho más rápida y constante”.

“De hecho, sus tasas medias de evolución fueron significativamente más rápidas que las de los escamosos, aproximadamente el doble de la tasa de evolución de fondo, y realmente no esperábamos esto –apunta el doctor Armin Elsler, otro colaborador–. En la última parte del Mesozoico se originaron todos los grupos modernos de lagartos y serpientes y empezaron a diversificarse, conviviendo con los dinosaurios, pero probablemente sin comprometerse con ellos ecológicamente. Estos primeros lagartos se alimentaban de bichos, gusanos y plantas, pero eran principalmente bastante pequeños”.

El profesor Mike Benton continúa explicando que “después de la extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años, al final del Mesozoico, los rinocéfalos y los escamosos sufrieron mucho, pero los escamosos se recuperaron. Pero durante la mayor parte del Mesozoico, los rinocéfalos fueron los innovadores y los que evolucionaron rápidamente. Se redujeron bastante antes del final del Mesozoico, y toda la dinámica cambió después”.

Este trabajo confirma una desafiante propuesta realizada por el famoso paleontólogo George Gaylord Simpson en su libro de 1944 Tempo and Mode in Evolution. Examinó las pautas fundamentales de la evolución en el marco de la evolución darwiniana y observó que muchas especies que evolucionaban rápidamente pertenecían a grupos inestables, que se adaptaban potencialmente a entornos que cambiaban con rapidez.

“El lento y constante gana la carrera. En la clásica fábula de Esopo, la liebre veloz pierde la carrera, mientras que la tortuga lenta cruza primero la línea de meta –señala el profesor Benton–. Desde los tiempos de Darwin, los biólogos han debatido si la evolución se parece más a la liebre o a la tortuga“, es decir si los grandes grupos de muchas especies son el resultado de una evolución rápida en poco tiempo o de una evolución lenta en mucho tiempo.

“En algunos casos, pueden estabilizarse y sobrevivir bien, pero en muchos casos las especies se extinguen tan rápido como surgen otras nuevas, y pueden extinguirse, como la liebre de la siesta”, destaca. Por otro lado, Simpson predijo que las especies que evolucionan lentamente también pueden tardar en extinguirse y, al final, pueden tener éxito a largo plazo, como la tortuga lenta pero persistente de la fábula”.

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Claudia Ramirez
Reportera de Cultura y Entretenimiento. Periodista profesional con Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Considero que la educación es clave para formar una sociedad empática, consciente y justa.

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