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Ciencia & Tec

El mecanismo de Anticitera: la primera computadora mecánica del mundo


Se cree que este antiguo artefacto griego se utilizó para predecir eventos astronómicos y data del año 87 antes de Cristo.

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Dos fuertes tormentas ocurridas en la misma zona del Mediterráneo, pero separadas por dos mil años en el tiempo, evitaron que se perdiera para siempre la pieza técnica posiblemente más importante del mundo antiguo.

La primera tormenta ocurrió cerca del año 87 antes de Cristo, provocando el naufragio de un navío mercante romano cargado de tesoros griegos. La segunda, fue en el año 1900 después de Cristo, obligando a un grupo de buceadores de esponjas marinas a buscar refugio en Anticitera, una isla diminuta entre Creta y la Grecia continental. 

Cuando la tormenta disminuyó, los buceadores exploraron el área en busca de esponjas marinas, pero se encontraron con el cúmulo más grande de tesoros griegos que se haya encontrado jamás.

Durante nueve meses y con el apoyo del gobierno griego, fueron recuperando todos los artículos preciados como raras estatuas en bronce, cristalerías, vasijas de barro, cerámicas, joyas y el objeto más interesante de la historia de la tecnología: El mecanismo de Anticitera o Antikythera.

Exposición “El naufragio de Antikythera: el barco, los tesoros, el mecanismo”, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

¿Qué es el mecanismo de Anticitera?

Según una publicación del Proyecto de Investigación en Diseño de Imagen y Sonido (IDIS) de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, el mecanismo de Anticitera es una calculadora mecánica antigua diseñada para prever la posición del Sol, la Luna, y algunos planetas, además permitía predecir eclipses.

Al inicio de su hallazgo solo fue considerado un artefacto extraño e incompleto que había sido marcado por el paso de los años. Pero tras el tiempo dedicado, se observó que en las piezas había marcas de algo que podría ser más complejo de lo que parecía.

Los griegos fueron parte de una cultura adelantada a sus tiempos y conocían sobre los movimientos del universo en general más que cualquier otra comunidad en el mundo. Por lo que podían calcular distancias y circunferencias, así como predecir sucesos astronómicos gracias a sus cálculos y artefactos creados.

Se descubrió que en el interior del artefacto se albergaban 27 ruedas de engranaje, los cuales se supone fueron creados 1 mil 500 años después. Además de los engranajes de bronce, se hallaron inscripciones en varias piezas y se contabilizaron los dientes de cada rueda, además de que se tomaron imágenes con rayos X y rayos gamma de las piezas. Las cifras que se obtuvieron fueron 127 y 235 dientes. 

La plataforma de Geoenciclopedia, detalló que tales denominaciones tenían una gran importancia para los antiguos griegos, ya que la cifra 235 tenía relación con los ciclos lunares, pues en uno de los fragmentos encontraron el ciclo metónico. Este ciclo se constituye por 19 años solares o 235 meses lunares. La Luna, sin duda, era el cuerpo celeste del que podían obtener más información sobre cómo funcionaba el universo y de qué manera involucraba a la Tierra.

Por su parte, el 127 sirvió para entender otra función relacionada con la Luna y nuestro planeta. El 223 fue otro número que se obtuvo de los engranajes de otra de las ruedas. Los primeros astrónomos descubrieron que tras 223 lunas después de un eclipse, indicaban que muy probablemente se suscitaría otro nuevamente.

Últimos hallazgos

Recientemente, un grupo de investigadores de la University College London (UCL), resolvieron una pieza importante del artefacto. El estudio fue publicado en Scientific Reports y revela una nueva visualización del antiguo orden griego del Universo (Cosmos), dentro de un complejo sistema de engranajes en la parte frontal del mecanismo.

El autor principal, el profesor de Ingeniería Mecánica Tony Freeth explicó en un comunicado: “El nuestro es el primer modelo que se ajusta a todas las pruebas físicas y coincide con las descripciones de las inscripciones científicas grabadas en el mismo mecanismo. El Sol, la Luna y los planetas se muestran en un impresionante tour de force de brillantez griega antigua”.

A pesar de que se ha logrado un gran progreso durante el último siglo para comprender cómo funcionaba, los estudios de 2005 que utilizaron rayos X 3D e imágenes de superficie revelaron miles de caracteres de texto ocultos dentro de los fragmentos, sin leer durante casi dos mil años. Las inscripciones en la contraportada incluyen una descripción de la pantalla del cosmos, con los planetas moviéndose en anillos e indicados por cuentas de marcador.

Sin embargo, hasta ahora, una comprensión completa del sistema de engranajes en la parte frontal del dispositivo ha eludido los mejores esfuerzos de los investigadores. Solo alrededor de un tercio del mecanismo ha sobrevivido y está dividido en 82 fragmentos, lo que crea otro desafío.

El fragmento superviviente más grande, conocido como Fragmento A, muestra características de cojinetes, pilares y un bloque. Otro, conocido como Fragmento D, presenta un disco inexplicable, un engranaje de 63 dientes y una placa.

Dos números críticos en los rayos X de la portada, de 462 y 442 años, representan con precisión los ciclos de Venus y Saturno, respectivamente. Cuando se observan desde la Tierra, los ciclos de los planetas a veces invierten sus movimientos contra las estrellas.

 El equipo de la UCL no solo explicó cómo se derivaron los ciclos de Venus y Saturno, sino que también logró recuperar los ciclos de todos los demás planetas, donde faltaba la evidencia utilizando un método matemático griego antiguo descrito por el filósofo Parménides.

“Este es un avance teórico clave sobre cómo se construyó el Cosmos en el mecanismo, ahora debemos demostrar su viabilidad haciéndolo con técnicas ancestrales. Un desafío particular será el sistema de tubos anidados que llevaron las salidas astronómicas ” explicó Adam Wojcik, coautor de la investigación.

El descubrimiento acercó al equipo de investigación un paso más hacia la comprensión de todas las capacidades del mecanismo de Anticitera y la precisión con la que fue capaz de predecir eventos astronómicos. El dispositivo se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

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