Viernes 24 DE Mayo DE 2019
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Bruno Mars reina en unos Grammy descafeinados

Estas semanas, las galas de la temporada de premios en Hollywood han puesto de manifiesto cómo el sector trata de dar respuesta a los movimientos #MeToo y #Time’s Up sobre la violencia sexual. Algo que, pese a las simbólicas rosas blancas, contrastó con la ceremonia de los Grammy, los premios más importantes de la industria musical, en los que arrasó sin concesiones Bruno Mars.

Fecha de publicación: 29-01-18
Por: Paola Guerra

Tuvieron que pasar casi dos horas hasta que la problemática se coló en la festiva gala. Y la voz que más alto lo denunció fue la de la cantante y actriz Janelle Monaé al anunciar la actuación de Kesha. “No sólo sucede en Hollywood”, dijo Monaé. “Se acabaron los tiempos de las remuneraciones injustas, el acoso y el abuso de poder”. Después, comenzó a sonar “Praying”, considerada por muchos un ajuste de cuentas de Kesha con su ex productor Dr. Luke y que la cantante interpretó acompañada de un grupo de artistas vestidas de blanco.

Pese a sus palabras, la intervención de Monaé no fue comparable al combativo discurso de Oprah Winfrey en los Globos de Oro, sino que para parte del público se sintió más bien como obligada. Antes y después, hubo alguna alusión contra el polémico presidente estadounidense, Donald Trump, o las acusaciones de abusos que también han salpicado al gremio, pero sonaron más como un susurro que como un grito de fuerza. Y no todas las estrellas lucieron las rosas blancas que la organización dispuso como símbolo de apoyo al debate.

“Time’s Up!” (¡se acabó!), murmuró Lady Gaga en la transición entre dos canciones y al terminar el tema anti suicidio “1-800-273-8255” el foco pasó a las vidas de los refugiados. Por su parte, la emergente estrella cubana Camila Cabello aprovechó para defender a los “dreamers” (soñadores), el colectivo de jóvenes hijos de inmigrantes a los que ahora Trump pretende ilegalizar. “Este país fue construido por ‘dreamers’ y para ‘dreamers’ en busca del sueño americano”, señaló antes de definirse como una “orgullosa inmigrante cubano-mexicana, nacida en el este de La Habana”.

Un gran aplauso se llevó también el video de la lectura que varios famosos realizaron de “Fire and Fury”, el demoledor retrato sobre el primer año de Trump en la Casa Blanca. Al término de la grabación, en la que se vio a Cher, Snoop Dogg, Cardi B, John Legend o DJ Khaled, aparecía la ex candidata demócrata a la presidencia Hillary Clinton, que aprovechó para mofarse de su rival leyendo el irónico párrafo sobre la pasión de Trump por la comida rápida.

Más allá de cómo se desarrolló la gala en sí, con James Corden como maestro de ceremonias, los premios también simbolizaron cómo la Academia Nacional de las Artes y las Ciencias y de la Grabación (NARAS) se mira el ombligo. Alessia Cara se coronó como Mejor Artista Nuevo contra rivales de más peso como la cantante de R&B SZA o el rapero Lil Uzi Vert y el nada comprometedor Bruno Mars arrasó con un total de seis Grammys gracias a su festivo funkpop.

Mars se llevó el dorado gramófono en las categorías reinas de Mejor Canción (“That’s What I Like”), Grabación del Año (“24K Magic”) y Álbum del Año (“24K Magic”), que se disputaba entre otros con los raperos afroamericanos Kendrick Lamar y Jay-Z y con el puertorriqueño Luis Fonsi. Éste, junto a Daddy Jankee y con remix de Justin Bieber había hecho historia al colocar su hit “Despacito” entre las nominaciones.

Ese egocentrismo de la Academia quedó también patente cuando Mars, al recibir el Grammy a la Grabación del Año, instó a los organizadores a poner su tema una vez más. “Demasiadas baladas por hoy”. Nada que ver con el comportamiento de la británica Adele, que tras triunfar el año pasado dedicó sus gramófonos a su rival Beyoncé, que en numerosas ocasiones ha demostrado su compromiso político. “Beyoncé es la artista de mi vida”, afirmó.