» Paisaje musical guatemalteco

A lo largo de más de cinco siglos, Guatemala ha aportado grandes compositores en seis géneros principales.

Por Ana Lucía González

Desde los comienzos de la humanidad y en las distintas culturas, la música estuvo ligada a la necesidad de comunicación con las deidades. Las primeras formas de expresión se basaron en los sonidos emitidos con las voces y el cuerpo como un ritual mágico que probablemente vino de la mano con la aparición del lenguaje. Más adelante se reconocen distintas motivaciones ligadas a varios géneros como la cacería, las guerras, lo popular, lo íntimo, lo profano, palaciega, humorística, erótica, religiosa, ritual o fúnebre, documenta el musicólogo Dieter Lehnhoff en el libro Creación musical en Guatemala.

La música en Guatemala, al igual que otras formas del arte, se ha visto influenciada por una serie de factores sociales, económicos y políticos. Son más de cinco siglos de historia, en donde cada periodo ha tenido a grandes compositores en diferentes géneros, quienes con sus creaciones han aportado para construir un arte que une e identifica a los guatemaltecos. 

De acuerdo con los expertos, se pueden clasificar seis géneros principales que han caracterizado la creación musical en el país, cada uno con instrumentos característicos. Estos son: el sacro, sinfónico o académico, las marchas, la marimba, lo popular y la infantil.

Como antecedente, los registros encontrados en códices, vasijas e inscripciones jeroglíficas en el periodo prehispánico evidencian cómo los mayas reprodujeron sonidos. Uno de estos fue el canto de los pájaros. Construyeron instrumentos de viento (aerófonos) y de percusión (idiófonos). Sonajas, caparazones de tortuga, tambores, pitos y largas trompetas fueron algunos objetos de los que dan cuenta de esta expresión artística, como puede observarse en los murales de Bonampak, documenta Lehnhoff.

La música sinfónica 

La fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción, la independencia de 1821 y las posteriores luchas de poder por parte de liberales y conservadores, son parte del contexto del siglo XIX. Fue en los inicios de este siglo que destaca la figura de José Eulalio Samayoa (1780-1866), compositor y maestro de capilla. Se le reconoce por ser uno de los compositores más prolíficos en la región y el primer autor de sinfonías del continente. Fue además el fundador de la Sociedad Filarmónica del Sagrado Corazón de Jesús en 1813, la más antigua de América y que sigue vigente. De sus obras en este género nos han quedado La Sinfonía No. 7. “Compuesta en 1834, fue la primera escrita en el continente, en el contexto de las Provincias Unidas de Centroamérica, dedicada al triunfo de los federales en El Salvador”, explica Lehnhoff. 

Otro compositor de este periodo fue el maestro José Escolástico Andrino quien también cultivó el género vocal y sinfónico e incursionó en el campo de la ópera con la obra La mora generosa. Es así como los compositores guatemaltecos comenzaron a recibir influencias de las nuevas corrientes europeas. Además, la construcción del teatro Carrera en 1852, contribuyó a cultivar los géneros operático y teatral, de acuerdo con los apuntes de Enrique Anleu Díaz en Historia Crítica de la Música en Guatemala. 

El desarrollo de la música académica continuó en el último cuarto del siglo XIX. La influencia de la ópera italiana y española se sumó con el regreso del extranjero de varios artistas, músicos nacionales, con tendencias románticas. Compositores de este movimiento fueron: Lorenzo Morales, Julián González, Herculano Alvarado y Manuel Figueroa, los tres últimos con estudios en Italia, según Anleu Díaz. 

Jesús Castillo (1877-1946) hizo un considerable aporte nacionalista. El mérito de su obra es que con base a melodías tradicionales de diferentes regiones escribió muchas de sus creaciones. Fue el precursor de una nueva postura de valoración de las herencias autóctonas y las influencias sonoras del entorno. Una de sus obras máximas es Fiesta de pájaros. 

Su hermano, Ricardo Castillo (1891-1966) quien estudió en París, se inspiró en elementos de la mitología prehispánica en sus composiciones. 

Joaquín Orellana ha sido uno de los máximos exponentes de la música contemporánea. El maestro Jorge Sarmientos se dio a conocer por sus obras pianísticas y sinfónicas.

En el siglo XX, surgen expresiones contemporáneas con innovadores musicales de la talla de Joaquín Orellana (1930) quien aporta creaciones desde la música electroacústica y a partir de instrumentos bautizados como Útiles sonoros. Mientras que Jorge Sarmientos (1931-2012) produjo obras pianísticas y sinfónicas. Como director de orquesta ganó reconocimiento en América, Europa y Japón. 

El género sacro

La conquista española en 1524 llegó acompañada de la evangelización cristiana a cargo de las distintas misiones religiosas. Uno de los principales componentes para pacificar a los pueblos indígenas fue a través de la música sacra gregoriana. 

En la provincia, las llamadas reducciones o pueblos de indios, una forma de administración colonial, facilitaron la forma de convertir a los nativos al catolicismo. Un ejemplo de este proceso fueron los nueve manuscritos de música sacra colonial hallados en San Miguel Acatán y en varios municipios de Huehuetenango en 1963. Resultado de esto, sale a luz el nombre del posible primer compositor indígena de la época, Tomás Pascual. Originario de San Juan Ixcoy, (1590-1635 aproximadamente) se cree que compiló varios de los manuscritos hallados en los Cuchumatanes. Es el autor de una colección de villancicos, así como de la obra Virgen de Chiantla.

Mientras tanto, en la segunda ciudad del Reino de Santiago, ubicaba en Almolonga, las primeras misas de capilla lograron acompañarse de órganos y coro de niños. A fines del siglo XVI, ya en el valle de Panchoy, se contó con la presencia de tres maestros de capilla peninsulares que trabajaron en la Catedral de aquella ciudad. Ellos fueron Hernando Franco (1532-1585), Pedro Bermúdez (1558-1605) y Gaspar Fernández (1566-1629), una de sus obras fue el Magnificat del 5° tono.

La evolución de la música siguió su curso. En el siglo XVII predomina el barroco. Destacan en este periodo los compositores Manuel José de Quirós (1690-1765) y Rafael Antonio Castellanos (1725-1791), sobrino de Quirós. El principal aporte de este compositor fue incorporar música folklórica local a la composición barroca española. 

Así transcurrió la vida de los maestros de capilla y compositores litúrgicos en los albores del siglo XVIII en Santiago de Guatemala hasta el traslado de la ciudad al valle de la Ermita en 1776. Durante casi dos siglos, en Guatemala predominó la música litúrgica. 

La marimba

La marimba es el instrumento nacional y símbolo patrio. De origen incierto y controversial ante la falta de evidencias, se considera que pudo ser introducido por los africanos y afrocaribeños en el siglo XVI y luego asimilado e incorporado por los indígenas, explica Lehnhoff. 

De acuerdo con el maestro Léster Godínez hubo aportes africanos, desde el nombre y la forma de agrupar las tablillas; europeos, por la escala de 12 tonos y también mesoamericanos por los materiales utilizados como el palo de hormigo. “Los guatemaltecos convirtieron este instrumento rítmico, en uno melódico y armónico”, afirma. 

Pero no fue sino hasta fines del siglo XIX cuando Sebastián Hurtado, marimbista y constructor de marimbas, junto con Julián Paniagua Martínez, compositor radicado en Quetzaltenango, crearon en 1894 la marimba cromática (doble teclado) hecho que marcó un antes y un después en este instrumento y permitió ampliar el repertorio a las piezas de moda. Así surgieron compositores que le dieron relevancia melódica al instrumento como Mariano Valverde, autor de Noche de Luna entre Ruinas, Wotzbelí Aguilar –creador del ritmo guarimba– y Domingo Bethancourt, quienes lideraron las creaciones de la época.

El repertorio de la música de marimba fue incorporando una variedad de géneros. Uno de estos es el de la música autóctona, los sones, además de influencias europeas y americanas. A partir de entonces, surgieron compositores, conjuntos y familias que heredaron y transmitieron este arte durante varias generaciones. 

Popular

A inicios del siglo XIX, las influencias musicales del mundo europeo como los valses, mazurcas, polkas y pasodobles contribuyeron con las creaciones de los autores locales, quienes le añadieron un estilo particular. 

El piano fue el instrumento clave para los compositores de música ligera y de salón, en donde autores de otros géneros también participan. De este periodo se recuerda a Fabián Rodríguez; Germán Alcántara (1863-1910), uno de sus máximos representantes, autor de la famosa Flor del Café. El Conservatorio Nacional de Música lleva su nombre. 

Francisco Pérez (1917-1951), más conocido como Paco Pérez, quedó inmortalizado con su vals canción Luna de Xelajú, considerado hoy el segundo himno nacional. En una línea de inspiración regional destacó José Ernesto Monzón (1917-2003), autor de numerosas piezas de inspiración alusivas a localidades de Guatemala. Por esa razón al autor de Soy de Zacapa se le conoce también como el Cantor del Paisaje. Amando Parrilla Barrascout es uno de los grandes compositores de boleros de mediados del siglo XX, canciones suyas como Noche, luna y sombras, Qué pena que me digas y Qué vergüenza son clásicas del repertorio de diferentes intérpretes nacionales hasta la actualidad. 

Garífunas y mayas 

> Como parte de una expresión cultural propia, la música garífuna junto con la lengua, el baile y la oralidad fue declarada patrimonio intangible de la humanidad por UNESCO. Para los garíganu, plural de garífuna, el banguidi o bunda (conocido como punta) es el ritmo más tradicional, usado para los velorios y acabos de novena”, explica el antropólogo Alfonso Arrivillaga.

> Destacan en este campo músicos exitosos como Sofía Blanco, cantante de Livingston que forma parte del proyecto Garifuna Women’s Project y cuya voz ha dado la vuelta al mundo, además de ser registrada por varios discos. También Juan Carlos Sánchez y, en los Estados Unidos, Gadu y Don Cuellar, así como Doña Paula Castillo, cantante y prolífica compositora.

> Además han surgido otros proyectos de música maya en las etnias kakchikel, k’iche’ y tz’utujil. Uno de estos es Tz’utuj Q’ajom, grupo tz’utujil de San Juan La Laguna, Sololá, quienes a través de la música buscan recrear sonidos ancestrales y de la naturaleza, sea través de instrumentos propios o fabricados por ellos mismos. 

Marchas y bandas

En la segunda mitad del siglo XIX, la música militar tuvo un auge considerable. Ciertamente, este género estuvo presente en los ejércitos desde la época colonial, el periodo federal y republicano, pero fue durante el periodo de Rafael Carrera (1844-1865) cuando experimentó un florecimiento, de acuerdo con el musicólogo Lehnhoff.

El cultivo de este género contribuyó a la evolución y afirmación del nacionalismo musical guatemalteco y continuó su influencia en la creación musical durante el siglo XX. El Himno Nacional de Guatemala, oficialmente declarado en 1897, fue una de las composiciones emblemáticas de este periodo, con música de Rafael Álvarez Ovalle y letra de José Joaquín Palma. Uno de los más prolíficos compositores de marchas civiles, militares y fúnebres en el siglo XX fue Rafael Juárez Castellanos (1913-2000) junto a Benigno Mejía (1911-2004) autor de varias marchas festivas. 

Dentro del repertorio de marchas de Semana Santa también se encuentran Julián Paniagua Martínez, Salvador Abularach y Salvador Iriarte. Se suman Haydeé Moncrief, Salvador Milián, Aparicio G. Lossi, Pedro Donis Flores, Marcial Prem, Alberto Velásquez, entre muchos otros. 

Infantil y coral

El fomento de la educación musical tuvo un mayor impulso en el siglo XX. Una figura que dejó huella es el compositor y educador Jesús María Alvarado, quien dedicó su vida a este arte a través de óperas infantiles como La resurrección del ratoncito Pérez. La Escuela Normal para Maestros de Educación Musical lleva su nombre.

También fueron importantes Roberto Valle, autor de Canciones de la infancia y Dolores Batres de Zea, quien además de ser una prolífica compositora coral y de canciones infantiles, es autora de la Antología de la canción infantil guatemalteca. 

Cierra este espacio el aporte a la música coral del maestro Felipe de Jesús Ortega (1936), quien ha compuesto más de 80 piezas corales, entre las cuales se incluyen cuatro misas solemnes, canciones infantiles, obras para canto y piano y composiciones para orquestas de cámara.