» El salto hacia el modernismo

Nuevos lenguajes y materiales se imponen en la arquitectura moderna para modificar el paisaje urbano.

Por Ana Lucía González – Hacia mitad del siglo XX la ciudad capital demandaba ampliarse para dar paso a una urbe moderna. Entonces contaba con una población estimada en casi 300 mil habitantes, según el censo del año 1950. Parte de esta expansión urbana se debió a la visión del ingeniero Raúl Aguilar Batres, quien proyectó el crecimiento hacia el sur. Las primeras ampliaciones se dieron durante la alcaldía de Mario Méndez Montenegro (1945-1948) periodo durante el cual se demolió la antigua iglesia El Calvario, que entonces remataba en la 6a. avenida. Asimismo se amplía la 18 calle, –desde la 4a. hasta la 10a. avenida. Fue también gracias a las instancias de Aguilar Batres que en los años cincuenta se proyectaron las vías para el futuro Centro Cívico, la zonificación de la ciudad, el trazo de la Avenida de Las Américas, así como el anteproyecto del Anillo Periférico, entre otros. 

En esa época no existía una Facultad de Arquitectura en el país. Es en este contexto cuando un grupo de arquitectos formados en el extranjero regresaron a Guatemala. Ellos fueron Pelayo Llarena Murua, Roberto Aycinena, Raúl Minondo, Carlos Haeussler y Jorge Montes. Llegaron con el entusiasmo de plasmar nuevos lenguajes arquitectónicos, entonces influenciados por las corrientes europeas de la época y los aportes de grandes de la arquitectura como Le Corbusier, Walter Gropius, Mies Van der Rohe y Frank Lloyd Wright. 

Fue así como el paisaje tradicional de la ciudad comenzó a transformarse con la incorporación de nuevos materiales constructivos. La teja de barro y el adobe dieron paso al uso del concreto, el ladrillo, el mármol, el mosaico y el concreto expuesto, describe Moderna, guía de arquitectura de la Ciudad de Guatemala.

Corazón de ciudad

El Centro Cívico está conformado por cuatro edificios principales: el Palacio Municipal, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, el Crédito Hipotecario Nacional y el Banco de Guatemala; construcciones que se realizaron entre 1954 a 1964. Posteriormente, se integró el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, ejecución que abarca de 1961 hasta 1978.

Uno de los distintivos de este complejo urbano es la modernidad, concepto que surge a partir del 8o. Congreso Internacional de Arquitectura, en Hoddesdon, Inglaterra en 1951. “Allí se reconoce que el ser humano es más importante que el vehículo”, lo que se materializa después en Guatemala en la propuesta de “Corazón de Ciudad” (espacios públicos que combinan edificios estatales con otras dinámicas sociales), explica el doctor en arquitectura Raúl Monterroso. 

Palacio Municipal, 1954-1958
Arquitectos Roberto Aycinena Echeverría y Pelayo Llarena Murua.
Murales interiores en mosaico de Carlos Mérida, titulado Canto a la Raza.
Murales exteriores en concreto in situ.
En la fachada oriente, bajorrelieve de Dagoberto Vásquez Castañeda: Canto a Guatemala.
Fachada poniente; Guillermo Grajeda Mena: La Conquista.

Este movimiento representa el pináculo de la sofisticación intelectual de la humanidad, refinamiento que exigía la capacidad de abstraer la realidad, sumado al concepto de consolidar la integración de las artes plásticas con la arquitectura. 

En 2014 el Centro Cívico fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación. El Acuerdo Ministerial resalta que “los inmuebles y espacios públicos de este sector representan componentes y características arquitectónicas excepcionales, a las cuales deberán darles un trato especial de conservación de acuerdo a su importancia”.

Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS. (1959)
Arquitectos Roberto Aycinena Echeverría, Jorge Montes Córdoba. Pintura mural en mosaico veneciano: La seguridad social, de Carlos Mérida, 40 mt de largo. Concebido para que se reflejara en un estanque de agua. En el interior se encuentra otro mural que no se puede apreciar por la cantidad de oficinas. Sobre la 7a. avenida, bajorrelieve en concreto expuesto de Roberto González Goyri con el tema La nacionalidad guatemalteca. 3 mt de alto x 40 mt de largo.

Monterroso explica que esta declaración consistió en elevar dicho espacio como conjunto urbano, tomando en cuenta la traza. Aunque no están integrados como conjunto arquitectónico, vincula a los edificios del Ministerio de Finanzas, Corte Suprema de Justicia y terrenos de Fegua como parte del área de influencia; y al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. “La idea original era enlazar el Centro Cívico y el Centro Cultural por medio de una escalinata sobre la 6a. avenida y una plataforma que ya no se construyó”. 

Sobre este proyecto, el artista Roberto González Goyri escribió: “En lo personal, fue un encuentro armonioso entre los arquitectos y los artistas que tomamos parte. Fue, diría yo, como un abrazo perenne en concreto, con lo mejor de nuestras almas impresas, y espero que por los siglos de los siglos”.

Crédito Hipotecario Nacional (1963)
Arquitectos: Jorge Montes Córdoba, Raúl Minondo y Carlos Haeussler. Bajorrelieves concreto expuesto, fundición in situ. En la fachada poniente, artista Efraín Recinos. En la fachada oriente, Roberto González Goyri. Murales interiores esmalte sobre cobre de Carlos Mérida.
Banco de Guatemala (1964)
Arquitectos: Jorge Montes, Raúl Minondo. Murales interiores en lámina de cobre esmaltada, autor Carlos Mérida. Bajorrelieves fundidos in situ, concreto expuesto. Lado oriente, autor Dagoberto Vásquez Castañeda, con el tema Cultura y economía. Lado poniente, autor Roberto González Goyri, sin título.
Edificio de la Rectoría, Universidad de San Carlos (Usac), 1960
Diseño: Carlos Haeussler, Jorge Montes Córdova, Roberto Aycinena. Ingeniero Adolfo Álvarez Marroquín.
Recursos Educativos, Usac
Diseño Max Holzheu, Augusto de León y Mario Novella con la colaboración de Luis Díaz. (1970)

La máxima obra de Recinos

El Centro Cultural Miguel Ángel Asturias (1961-1978) se ubica en la cima del antiguo fuerte de San José Buena Vista. El diseño del Teatro Nacional no se enmarca dentro del concepto del modernismo. Aunque por fechas se ejecutó en ese periodo, la mente de su creador, el artista e ingeniero Efraín Recinos, se adelantó a su tiempo. “La premisa moderna de Mies Van der Rohe de menos es más, desaparece del lenguaje estético de Recinos y es reemplazada por la premisa posmoderna de Robert Venturi: menos es aburrido”, de acuerdo con los autores de la guía Modernidad.

El diseño de Recinos no solo sale del tedio de la simplicidad moderna, sino que la lleva a un abstraccionismo pocas veces entendido, donde el artista aplica criterios de arquitectura del paisaje (…) de manera que se piensa en el pavimento, el mobiliario y los elementos escultóricos como objetos de diseño individual, pero que pertenecen y son percibidos como un todo, añade la guía. 

Su objetivo fue hacer “una escultura habitable”, expresó Recinos en una entrevista. Una obra en que su creador hizo de artesano y técnico-artista. Como resultado, el complejo cultural es una obra arquitectónico-escultórica única en su género. “La última obra pública más importante del Estado fue el Teatro Nacional. No hemos tenido otro edificio de tal envergadura y calidad”, afirma Monterroso. 

Las últimas edificaciones de carácter estatal que representan el modernismo en Guatemala lo constituyen tres edificios de la Universidad de San Carlos. El primero es la Rectoría, diseño de Jorge Montes, Roberto Aycinena y Carlos Haeussler, quienes aplican un diseño mucho más abstracto en donde, a decir de Monterroso, estaban dirigidos hacia una elite intelectual. Lo complementan los edificios de Recursos Educativos, diseño de Max Holzheu, Augusto de León y Mario Novella en colaboración con Luis Díaz y por último, la Facultad de Ingeniería, diseño de Manlio Ballerini. 

Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, (1961-1978)
Diseño: Efraín Recinos.

Siguientes pasos

A partir de la década de 1960 se realiza poca obra pública. Uno de los últimos proyectos de este tipo es la terminal aérea La Aurora, construida hacia 1965, obra de los arquitectos Roberto Irigoyen y Arturo Molina; con murales exteriores de Efraín Recinos. 

En las últimas dos décadas, la ciudad capital ha continuado su transformación con proyectos privados que van desde iglesias, viviendas, edificios de apartamentos, oficinas y centros comerciales.

Los diseños se enmarcan dentro del movimiento conocido como posmodernismo. Aquí la imagen vuelve a recuperar una posición muy fuerte. “Se consolida una cultura de consumo masivo donde se carece de abstracción, lo que implica una producción más simple, que no requiere de un proceso intelectual profundo”, sentencia Monterroso. 

En cambio, el arquitecto Peter Giesemann, quien fuera alumno oyente de Walter Gropius en sus años de estudiante en Harvard, considera que el paisaje de la ciudad se ha modificado a partir de innumerables proyectos privados que marcan una tendencia contemporánea. Más de 50 años después del modernismo, su aporte “está casi superado”. Sin embargo, resalta la necesidad de crear más áreas verdes para la recreación de los guatemaltecos. 

Fuentes consultadas:
Integración de las artes plásticas a la arquitectura guatemalteca contemporánea, tesis de arquitectura de Ana Carolina González Pérez.
Moderna, guía de arquitectura de la Ciudad de Guatemala, de Andrés Asturias, Gemma Gil y Raúl Monterroso.