» Mentes brillantes

La ciencia, la medicina y la tecnología han sido campos donde varios profesionales guatemaltecos han contribuido para el progreso del país, la región y el mundo.

Por Ana Lucía González

Descubrir  nuevas enfermedades, aportar formas diferentes para intervenir a un paciente, crear  soluciones distintas para reparar la piel, así como la proyección de servicios médicos de calidad para más personas, son parte de las contribuciones que médicos guatemaltecos han dado al país y al mundo, y que han significado grandes pasos en la salud.  

Otros profesionales guatemaltecos también han desarrollado propuestas creativas en el campo de la nutrición y la salud, que hoy siguen dando la vuelta al mundo, el más famoso quizá, la Incaparina. Sin olvidar que en el campo de la ciencia y la computación, las contribuciones en los campos de la física, astronomía y tecnología han significado notables avances. Uno de estos esfuerzos puntuales es que la Universidad del Valle de Guatemala está a las puertas de lanzar al espacio el primer satélite guatemalteco, el CubeSat.   

Son inventos y creaciones que nacieron de mentes guatemaltecas. Han significado caminos que han aportado luces y son motivo de orgullo nacional. Es por eso que ahora tanto organismos internacionales como países lo tienen claro. “El poder de las ciencias como motor esencial para el progreso de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible ocupa el centro de esta nueva visión”, escribió Irina Bokova, directora general de UNESCO para el informe Relevamiento de la investigación y la innovación en la República de Guatemala.

Visionarios de  la medicina

Fue en la víspera de la Semana Santa de 1915 cuando el doctor Rodolfo Robles Valverde recibió en su clínica de la zona 1 a un niño de ocho años, Alberto Ruiz Aguilar, originario de Patulul, quien llegó casi ciego, con un tumor en la frente.  

Robles le extirpó el tumor, lo partió con el bisturí y observó con sorpresa un hilo enrollado diminuto, era una hembra de filaria Onchocerca. Este fue el punto de partida de una serie de investigaciones sobre la enfermedad de la Oncocercosis, producida por el gusano Onchocerca volvulu, que daña piel y los ojos hasta dejar ciegas a las personas. 

Una enfermedad tropical, ya erradicada en Guatemala y en varios países del mundo, y que por los méritos de su descubridor también se le conoce como “enfermedad de Robles”. El mérito de este médico reside en hallar la relación del parásito Onchocerca y el ciclo de la enfermedad hasta terminar en la piel y causar ceguera.  Actualmente la máxima orden en el campo de la salud que entrega la Presidencia de la República lleva el nombre de este reconocido galeno. 

En el campo de la psiquiatría, Federico Mora abrió brecha en el país. Fue el primer psiquiatra que tuvo Guatemala, alumno de los renombrados Sigmund Freud y Carl Jung. En 1923 Mora fue nombrado director del asilo de enfermos mentales, el cual rebautiza con el nombre de Asilo de Alienados, institución que posteriormente dirige durante 17 años el psiquiatra Miguel F. Molina, quien le cambia de nombre nuevamente por Hospital Neuropsiquiátrico. 

Mora fundó varias instituciones de servicio social y creó, entre otras, la cátedra de Psicología en la Facultad de Medicina, fue rector de la Universidad de San Carlos y ejerció varios cargos públicos. A partir de 1975 el Hospital Nacional de Salud Mental lleva su nombre.  

Sanar la piel 

El cirujano oncólogo Carlos Alvarado Dumas ha sido galardonado en el mundo por su innovación en el tratamiento de quemaduras en la piel. Creó tres tipos de membranas para restituir la piel humana que se ha perdido por quemaduras. Estas se llaman: Biofilm, Ixchel I e Ixchel II. Cada una de estas membranas se aplica de acuerdo con el nivel de daño en la piel de la persona. Uno de los principales beneficios es su bajo costo, con relación a otros tratamientos.

Alvarado reside desde hace varios años en Texas, Estados Unidos. Ha recibido varias distinciones internacionales por este invento. 

Salvar corazones y vidas

Crear las condiciones para salvar las vidas de miles de niños que nacen con malformaciones en el corazón es el mayor mérito del doctor Aldo Castañeda, quien luego de una exitosa carrera profesional y académica en Estados Unidos, vino a Guatemala en 1998 a iniciar la fundación que lleva su nombre. Desde entonces, miles de cirugías se han practicado en la Unidad de Cirugía Cardiovascular (Unicar). 

“El aporte importante fue el concepto de operar lo más pronto posible a los niños con cardiopatías complejas. Nuestra primera operación fue con un neonato de seis días, en enero de 1983. Ahora eso se hace en todo el mundo. La cirugía de corazón abierto nació en Minnesota en 1954. Yo llegué allá en enero de 1958”, relata el galeno en una entrevista realizada en 2013. Joaquín Barnoya, jefe de investigación y docencia de Unicar, comenta que el mayor logro de Castañeda fue construir en Guatemala –con el apoyo de Unicar y el médico Raúl Cruz– una unidad de cardiología y cirugía cardíaca pediátrica de muy buena calidad. “Pero lo más importante es que presta servicios a todos los pacientes, sin importar su nivel económico”, resalta. 

Con una proyección académica y social de gran envergadura, el oncólogo pediatra y hematólogo Federico Antillón ha salvado la vida a más de 6 mil pacientes con cáncer. Es uno de los promotores, en 1996, de la fundación Ayúdame a Vivir (Ayuvi), para tratar el cáncer pediátrico no solo en Guatemala sino en la región. 

Desde 2000 hasta la fecha, se ha desempeñado como  Director Médico de la Unidad Nacional de Oncología Pediátrica (UNOP), entidad que brinda tratamiento sin costo a pacientes menores de 18 años con cáncer. Antillón ha logrado hacer una diferencia para mejorar la supervivencia de niños con diagnóstico en un 67 por ciento y de reducir la tasa de abandono del tratamiento a menos del dos por ciento, gracias a un tratamiento multidisciplinario.

Ricardo Bressani

sus estudios en el área de bioquímica le permitieron profundizar en investigaciones sobre la alimentación del guatemalteco. En 1956 lideró un equipo con el objetivo de mejorar las deficiencias nutricionales en la dieta de los guatemaltecos. Se hicieron más de 27 mezclas vegetales, siendo la más conocida la fórmula a la que se dio el nombre de Incaparina. 

El desarrollo de esta fórmula ha significado una solución para resolver problemas nutricionales que afectan a gran parte de la población de Centroamérica y otros países en desarrollo. 

Bressani, contó con la colaboración de científicos como el doctor Carlos Tejada Valenzuela, director del INCAP de 1975 a 1980.  

 María Carlota Monroy 

es doctora en entomología médica. Es la primera mujer de Guatemala en recibir el Premio de Nacional de Ciencia por su investigación sobre la enfermedad de Chagas, causado por la chinche picuda.  Actualmente, dirige el Laboratorio de Entomología y Parasitología de la Universidad de San Carlos (Usac), asimismo, coordina alianzas nacionales e internacionales para obtener financiamiento y dar continuidad a las investigaciones, control de vectores, medicamentos, mejora de viviendas, donaciones y demás. Uno de sus principales aportes al combate del Mal de Chagas se debe al abordaje multidisciplinario, lo que ha permitido generar cambios de comportamiento en las comunidades.

Federico Lehnhoff 

fue un neurocirujano, científico e inventor. Fue uno de los primeros desarrolladores del café soluble, alrededor de 1909. Se dió cuenta que el café al evaporarse dejaba un residuo en el fondo de la taza. Experimentó con deshidratar el café hasta reducirlo a polvo soluble en agua.

Códigos exitosos

Que su madre le regalara una computadora cuando era niño cambió la vida de Luis von Ahn, lo que fue el principio para interesarse en la programación. Hoy es un empresario tecnológico, creador de los sistemas Captcha, Recaptcha (palabras distorsionadas que los usuarios deben descifrar y escribir en sitios web para demostrar que son humanos y no máquinas) y la plataforma de idiomas gratuita Duolingo, valorada en US$700 millones. También es conocido por ser uno de los pioneros del crowdsourcing (modalidad abierta de trabajo conjunto).

Sus investigaciones en computación y en crowdsourcing le han dado reconocimiento internacional y varios honores en los campos científico y tecnológico. Entre estos, en 2006 ganó el premio MacArthur (también conocido como el “premio del genio”). Ha sido nombrado uno de los 50 mejores cerebros en la ciencia por la revista Discover, uno de los 10 científicos más brillantes de 2006 por Popular Science, y una de las 50 personas más influyentes en la tecnología por Silicon.com. En 2011, la revista Foreign Policy en español escogió a Von Ahn como el intelectual más influyente de Iberoamérica; y en 2012 el presidente de Estados Unidos Barack Obama le otorgó el premio de joven destacado en la ciencia e ingeniería. 

En el mundo de la física y experimentos espaciales  

Fernando Quevedo es doctor en Física por la Universidad de Austin, Texas. Al mencionar su nombre, los especialistas lo relacionan con la teoría de cuerdas, una especialidad que intenta describir la gravedad a nivel microscópico. En sus propias palabras explica que sus contribuciones son resultado de una comunidad de científicos que deben ponerse a prueba con experimentación. Sin embargo hay una cosa que lo identifica: la dualidad S, “una simetría que no se conocía y a partir de nuestro trabajo, tendrá implicaciones para entender la teoría de cuerdas. Es algo bastante concreto”, anticipa. 

La labor de Quevedo también se vincula con la promoción de la ciencia en el mundo, en especial para los países en vías de desarrollo. Esto lo hace por medio del Centro Internacional de Física Teórica Abdus Salam con sede en Trieste, Italia, el cual dirige desde 2009, periodo que está por terminar en unas semanas. También ha tenido una proyección académica  como profesor de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. 

Experimento espacial

Un equipo de más de cien estudiantes, docentes, ingenieros y asesores de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) participan desde 2014 en el diseño, construcción y lanzamiento de un CubeSat, un nanosatélite de 10 centímetros bautizado con el nombre de Quetzal 1. La misión es experimentar con el desarrollo de tecnología aeroespacial. La misión científica del satélite es probar un sensor para detección de clorofila en lagos y cuerpos de agua. Con esa información, por medio de un algoritmo se podría establecer la concentración de cianobacteria en estos cuerpos de agua.

El primer satélite nacional cuenta con el apoyo de muchas personas, lideradas por el PhD, ingeniero bioespacial Luis Zea y el ingeniero mecánico industrial Víctor Ayerdi, director del Departamento de Ingeniería Mecánica en la UVG. En este momento se concluyeron pruebas en Escocia y se finalizó la construcción del mismo. “Faltan varios meses para entregar el CubeSat a la Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa (JAXA) para su lanzamiento”, informó Ayerdi. 

Fernando Mazariegos
de profesión químico farmacéutico, se desempeñó por más de 30 años en el Instituto Centroamericano de Investigación y Tecnología Industrial. Su aporte más relevante es el Ecofiltro, el cual consiste en una maceta que contiene barro, aserrín y plata coloidal. El invento lo adopta una fundación familiar en 1992, hasta registrarlo en 2010. Su impacto ha significado la venta de medio millón de estos aparatos y de que miles de personas en áreas urbanas y rurales obtengan agua potable a bajo costo y efectivo. El Ecofiltro se encuentra disponible ahora en varios países.

Óscar Asensio del Valle
fue un médico antigüeño que desarrolló el Método Asensio, que consiste en el tratamiento integral del paciente con labio fisurado y paladar hendido. En 1966 fundó el Centro Infantil de Estomatología en La Antigua Guatemala, el cual ha significado que muchos niños con esta afección puedan llevar una vida normal. Desde entonces, se han realizado miles de cirugías y el método se ha perfeccionado y replicado en otras partes del mundo.