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Justicia

Luis Mack: “Necesitamos una sociedad civil autónoma”


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El MP ha dejado de iluminar la pequeña esquina de esperanza que le quedaba a un grupo de la población que quiere un cambio de sistema. Mientras los sectores dominantes se articulan para pulir el sistema político que les ha funcionado durante 30 años, los actores de cambio tienen amplios retos, el primero es hacer bloque, considera el sociólogo y docente universitario Luis Mack.

¿Qué sitio tenía el Ministerio Público en la sociedad guatemalteca antes de Consuelo Porras?

El  Ministerio Público (MP) tenía un espacio ganado, pero hay que notar que se trataba de trabajo conjunto con la CICIG, había un sector de la población con mucha esperanza porque estaban tratando de combatir la impunidad característica fundamental de Guatemala durante muchos años.

Cuando Porras llegó hubo un compás de espera porque su discurso fue apegado a legalidad. Sin embargo, sus acciones fueron demostrando poquito a poquito que a pesar de que tenía el discurso anti corrupción más bien tenía la lógica de destruir todos los logros y los procesos que en alguna manera se habían llevado hasta la administración de Thelma Aldana y la CICIG.

Finalmente, se logra ver la visión o la lógica de la actual fiscal, justamente con la destitución de Juan Francisco Sandoval que es bastante preocupante porque es un fiscal de carrera y se demuestra que claramente no tiene la lógica de continuidad del trabajo con la CICIG. Más allá de todas las investigaciones, uno de los aportes de la CICIG en los que se tenía mayor esperanza era en el fortalecimiento de la FECI.

Una vez descabezada esa Fiscalía lo que percibe es un descabezamiento de todo el proceso y el acompañamiento de la CICIG y el gobierno de Estados Unidos y otros cooperantes. Por lo tanto, estamos ante un gran retroceso.

¿La dinámica contra la corrupción interesa por igual en la capital y en las poblaciones indígenas?

Los pueblos indígenas, aún con Thelma Aldana, señalaban abiertamente que el MP los estaba persiguiendo y criminalizando. Ahí habría que hacer una diferencia entre los sectores procambio en los sectores indígenas y en la capital. Esta condición antipopular ha crecido, ahora por las actitudes proimpunidad del MP. Hay una regresión y un reacomodo del MP para que sea lo que ha sido siempre, un despacho de defensa de los intereses dominantes.

¿En qué espacios tienen incidencia esas decisiones pro impunidad?

Es difícil saber a quién se está alineando, pero claramente el MP ya no es un aliado de la ciudadanía ni de la justicia. Hay una zona bastante gris, porque hay una amalgama bastante complicada entre crimen organizado y los sectores de poder y pro impunidad.

La Fiscal General ha tenido la capacidad de aliarse con actores que no son visibles, hay algunos que se sospecha, como la Fundación contra el Terrorismo por las agendas que manejan, la página oficial del MP pareciera ser la de institución. También escuchamos que es aliada del presidente y eso ya nos da ciertas nociones de sus vínculos con el sector promilitar y de sectores más de derecha.

¿Cómo ubica esta pérdida de confianza en el MP frente al próximo proceso electoral?

Ese es un aspecto complicado de ver, porque en la política guatemalteca hay muchos actores que entran y salen. Lo que ahora podemos ver es que el MP va a seguir jugando a mantener los intereses de los actores dominantes que a veces se ubican en un partido político y a veces en otro o en un candidato presidencial o en otro.

Hay muchos actores políticos que terminan alineándose pero lo que sí tenemos claro es que las próximas elecciones son una gran amenaza para la ciudadanía y una gran promesa de continuidad para los sectores dominantes.

¿Qué amalgama a esos intereses dominantes?

Esa es quizás, una de las críticas que le podría hacer a la lucha contra la corrupción.

De 2015-2017 había actores muy entusiasmados porque se estaba cambiando algo en el país. Y sí, se cambió para mal porque alineó a todos los actores que tenían esqueletos en el armario. En sistemas como el de Guatemala es bien difícil trazar las líneas entre corrupto y no corrupto. Y entre los líderes projusticia también, porque como dice la Biblia el que esté libre de pecado que tire la primera piedra… hay paladines de la justicia que no lo son.

Por tener una cultura legal bastante débil, cuesta ponernos muy cabales para cumplir la ley. Si nos ponemos muy legales, la mayoría de la población estaría presa. Esa es mi crítica a la lucha contra la corrupción, no se supo conducir el proceso de cambio y ahora es una regresión más fuerte y articulada.

¿Hasta dónde nos lleva esa regresión?

Creo que no tenemos ni idea. Ellos han ido actuando de forma muy paulatina, han ido dando golpes en cámara lenta, ya no les preocupa la manifestación ni los pedidos de renuncia ni amenazas de Estados Unidos.

Han ido cooptando una tras otra todas las instancias del poder y han ido avanzando, muy afinada y estructurada en la lógica de diluir a los grupos procambio. Vemos una articulación de muy largo plazo, lo que sí tenemos claro es que para ellos fue muy visible que en los años 2015-2017 estuvieron muy cerca de generarles un problema de cambio y me parece que están cerrando todas las salidas, todos los procesos para hacer una dominación incluso más grande, absoluta y compleja.

La perspectiva es muy pesimista pero me parece que los espacios se han ido cerrando y no hay un actor que genere contrapeso porque los actores que quieren hacer un cambio están diluidos o están enfrentados o no tienen agendas claras, solo van en la lógica de parar. ¿Pero qué quieren parar o qué quieren impulsar? Mientras los actores de la regresión, lo tienen bien claro.

¿Falta estrategia?

Por supuesto, los actores pro cambio no tienen una ruta. Nosotros, en Conarep, desde hace varios años hemos venido diciendo que la matriz de la problemática nacional es la ley electoral. Y hay muchos actores que prefieren privilegiar lo inmediato. Nos estamos concentrando en las renuncias y eso no va a pasar, porque ni la Embajada ni el sector empresarial están apostando por eso. Y tampoco es lo conveniente, si renuncia el presidente y el vicepresidente, el Congreso elige… y quizá van a poner a uno peor. No hay una alternativa real del sistema político, autoridades que nos representen, entonces, no tenemos nada.

Como lo dijo la CICIG en 2017, llegamos al punto de no retorno. Y el punto de no retorno está en plantear políticas y procesos de transformación de las leyes. ¿Y quiénes lo aprueban? Los factores que alimentan la crisis están intactos.


“Pensamos siempre en resistencia, pero nunca en proceso de cambio”.

 Luis Mack.

¿Qué margen de maniobra hay para que el Congreso ceda una porción de poder?

Ese es el problema de la Ley Electoral, tiene muchas trampas, muchos matices, es muy compleja. Y la sociedad civil, siempre que se presenta a discutir se divide en un montón de posturas que no tienen coherencia. En ese mar de confusión, en esa lógica caótica del otro lado, los legisladores están muy cómodos y no tienen una fuerza que los obligue a sentarse para discutir una propuesta coherente.

Entonces, entre ellos aprueban sus Frankestein y dejan pasar algunas cosas, por supuesto que son contradictorias, pero apuestan a que la CC lo modifique. La reforma del sistema político puede ser una trampa si no existe un consenso en la sociedad civil por propuestas coherentes.

Tenemos  20 años con una reforma electoral que choca con muros muy altos. La sociedad civil no termina de entender que hay que estudiar, entender, hacer propuestas y coordinarse en el tema electoral porque tienen 40 mil cosas antes. 

¿Es posible un diálogo con actores tan desgastados?

Este sistema no representa ni los intereses dominantes ni de la sociedad. El sistema electoral que surgió de 1985 en adelante, ya es caduco, llegó a un límite que no logra mantener de un lado los intereses populares ni los intereses dominantes. Los actores populares hablan de la refundación, creo que sí va haber una refundación porque el sistema ya no da para más, pero, ¿cuál va ser el signo de esa refundación?. Los actores populares tienen un discurso muy bonito de la refundación pero no sabemos hasta dónde puede llegar y creo que los actores dominantes sí lo tienen claro.

Quizá lo que deberíamos hacer, es generar un nuevo pacto y un nuevo cambio estructural que permita articular por lo menos a la gran mayoría de la población y no seguir manteniendo el sistema tan racista, discriminador. La refundación se pinta bastante sombría.

¿Cuál es la apuesta clara de los sectores dominantes?

La ventaja que tienen es que han construido un sistema de dominación político muy afinado, con partidos poco estructurados, con pocos controles de financiamiento, con una ciudadanía que vota por razones equivocadas -basadas en el clientelismo- no exige planes de gobierno, solo pide un montón de cosas.

Entonces, si ya tienen probado un sistema político que ha funcionado durante 30 años, entonces, hay que reforzarlo, tapando fisuras como controlar la cooperación internacional que generó empoderamiento y un proceso de cambio, entre algunos grupos que están alimentando la protesta. El gran problema que tienen esos actores pro cambio es que no se sostienen sin la cooperación internacional. Es necesaria una sociedad civil autónoma.

Al descabezar a buena parte de esos actores y buena parte va a caer y mantenga las lógicas que han alimentado al sistema durante estos años, es mucho más fácil del otro lado. Y si tenemos el otro elemento, desafían al principal, digámoslo así, socio comercial que es Estados Unidos pero se empiezan a buscar alianzas con actores que rivalizan con ese actor, como Rusia y China, tenemos la cuadratura del círculo. No solo están modificando la lógica que alimenta las protestas, sino modificando la estructura de largo plazo.

Y a través de las comisiones de postulación, pueden seguir manteniendo el control de todas las instituciones clave;  lo que tienen que hacer es mucho menos, pulir el sistema de dominación para hacerlo más funcional a sus intereses. De este lado, hemos ido perdiendo batallas. Y ellos apuestan a que el tiempo esté a su favor, porque las estructuras y la gente funcionan para su conveniencia, así que solo tienen que esperar el momento para actuar. Han ido manejando los hilos del poder con toda calma, esperando las condiciones propicias con una lógica de espera. No se apresuran.

¿La tarea pendiente es cómo hacer que la sociedad civil se articule?

Para que pudiera haber un cambio tendría que haber un actor que diga, alto: a ver, hagamos una alianza. Porque aquí solo hay un actor con coherencia, que es el actor de poder, de ahí hay una dispersión tremenda. Antes existía un contrapeso, de parte de las embajadas pero ese actor internacional tenía sus propias contradicciones y el actor de poder se aprovechó de esas contradicciones. Ese actor ya está desafiado, neutralizado por lo que no podemos seguir pendientes de que se encarguen de poner contrapeso. El contrapeso tiene que ser interno.

Se necesitan liderazgos de alcance nacional…

Las lógicas urbanas y rurales, el mundo ladino e indígena, son diferentes. Creo que eso es lo que los tiene tan cómodos. En  2019 fue un momento clave: si los 6 a 7 actores procambio se hubieran articulado en un gran frente amplio, otro gallo nos cantara, por lo menos un poco más esperanzador. Pero no, lamentablemente todo el mundo se dividió. 

Y ahora pasa lo mismo, están en las plazas, se sienten presidentitos pero no se les ve la intención de unirse. Ese sería el único elemento de esperanza. La dispersión, la lógica de enfrentamiento y la falta de coherencia de los actores, veo difícil que un poco más de un año se logre, si no ha pasado en 5 o 10 años. Creo que los actores están muy cómodos, cada uno quiere convertirse en el salvador del país. Todo mundo quiere que el otro se baje de su carro y se suba al propio o esperando que el otro llegue a proponer una alianza.

¿Las primeras concesiones deben hacerse entre los actores procambio?

La misma intolerancia que se ve del otro lado se observa entre los actores procambio, es parte de la cultura política autoritaria y excluyente.

“Estamos tratando de poner barricadas a cosas que vienen en cámara lenta”.

Luis Mack.

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