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Opinión

Sermones presidenciales


Lado b

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Jimmy Morales está triste o enojado. A veces llora, a veces grita, a veces implora, a veces regaña, a veces se queda en silencio para conferirle un toque de dramatismo a sus alocuciones. La pura sociedad del espectáculo como predijo Debord. El Presidente no le habla a los ciudadanos sino a la teleaudiencia. Aprendió a estar frente a las cámaras. No busca hacerse comprensible, sino generar rating. De ahí ese tono complaciente y didáctico como si siempre se estuviera dirigiendo a un público menor de edad y pobre de entendimiento. Infantilizar a la audiencia es una tarea propia de regímenes autoritarios. A los guatemaltecos no hay que explicarles racionalmente las cosas, hay que sermonearlos, reprenderlos, hacerlos sentir culpables. Él ama a Guatemala y le pide al Creador que nos saque del atraso. Nosotros, los que no le seguimos la corriente, los que no hablamos con Dios con la facilidad y

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