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Opinión

La miseria religiosa


O por qué caemos presa de los mercaderes del consuelo.

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Siendo muy joven, Marx comprendió que la actividad del ser humano frente al mundo no sólo es lo que le da sentido a su existencia, sino lo que lo origina como la única especie consciente de sí misma, a diferencia de sus más cercanos compañeros de evolución, los monos homínidos. Porque esta actividad –llamada trabajo o praxis (o combinación creativa de pensamiento y práctica)– fue la condición material para que surgiera –en la lucha por la sobrevivencia– esta nueva especie cuyo cerebro es capaz de adaptar el mundo a sus necesidades, y no al revés. También entendió que esta actividad pierde su esencia o sentido originario –el de hacer evolucionar a la especie humana– cuando –también por razones de sobrevivencia, esta vez en grupos grandes–, la praxis deja de servir a los intereses individuales de la especie, y los seres humanos empiezan a trabajar no para sí mismos, sino para

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