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Opiniones de hoy

Retrato hablado de los candidatos impresentables

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Por: Jose Rubén Zamora

SILVIA LILIANA CASTILLO MARTÍNEZ

Abogada y notaria de la Rafael Landívar. Inició su carrera en la SAT como asistente administrativa del Directorio, con un salario de Q30 mil mensuales. Fue despedida en 2012, bajo sospecha de “manejar” expedientes, y recontratada, inusitadamente, en la época de la conformación de La Línea, por Carlos Muñoz y Omar Franco. Estos tres personajes han sido parte esencial de la misma estructura clandestina. Castillo, desde las posiciones de poder ocupadas en la SAT, particularmente como asistente administrativa del Directorio de la Superintendencia, ha sido vital para las operaciones eficaces del lado oscuro.

Muñoz y Franco promovieron a Liliana Castillo a varios cargos de dirección dentro de la SAT, hasta 2016, y sobrevivió, milagrosamente, el escándalo de La Línea, al extremo que, inexplicablemente, asumió como miembro del Directorio de la entidad, después de haber competido, sin éxito, para ser Superintendente y miembro del Directorio de la SAT, en el año 2015. Como integrante del Directorio de la SAT, Lily Castillo ha jugado un papel cómplice, al servicio de las mafias que desde 1982, controlan las aduanas de puertos, aeropuertos y fronteras y de los intereses políticos de turno, en especial del gobierno de Jimmy Morales, al que se subordinó, incluso cuando se le ordenó destituir al Superintendente, en 2018. Durante la gestión de Solórzano, en la SAT, el Directorio del que Lily Castillo es parte, fue también cómplice silencioso de la implementación en la Superintendencia, de una oficina ilegal de investigaciones clandestinas, que operó como un CIACS de los tiempos del conflicto armado. Como miembro del Directorio, Castillo eligió como superintendente a Abel Cruz, quien, hasta la fecha, había fungido como intendente de Recaudación, nombrado por Solórzano Foppa. Sin embargo, no le tembló la mano para decapitar a Cruz, cuando se lo pidió Jimmy Morales. En todo caso, tenía las mismas responsabilidades por el incumplimiento de las metas de recaudación y la consecuente caída de la carga tributaria, por lo que debió haber sido despedida de la SAT. Cuenta con una denuncia penal, como miembro del Directorio, por una serie de irregularidades de la Gerencia de Inteligencia Fiscal de la SAT, que funcionó como una CIACS.

ADRIANA ESTÉVEZ CLAVERÍA

Adriana Estévez tiene una larga carrera en diversas instituciones estatales, empezando por la Dirección General de Rentas Internas. Cuando era Directora de Auditoría Interna del Ministerio Público, en 2003, nombrada por el fiscal general, el peligroso delincuente Carlos de León, conoció a Blanca Stalling Dávila (secretaria específica de De León); y cuando Stalling asumió como directora del Instituto de la Defensa Pública Penal, nombró a Estévez como directora administrativa financiera del IDPP, cargo en el cual Estévez sirvió fielmente a Stalling, al lado de su otro alfil, Remberto Leonel Ruiz Barrientos, y los tres cooptaron el IDPP. Esta trinca siniestra tuvo el control del IDPP, institución que les sirvió a los tres personajes para obtener otros cargos y prebendas para su beneficio. En 2016, Adriana Estévez asumió como miembro del Directorio de la SAT, junto con Silvia Liliana Castillo. Durante sus años como miembro del Directorio de SAT, Estévez ha jugado un papel cómplice de las eternas y poderosas mafias criminales de las aduanas, que juegan un papel predominante en la captura efectiva del Estado y ha sido servil a los gobiernos de turno. El Directorio, del que Adriana Estévez es parte, fue cómplice silencioso de la implementación de una oficina ilegal de investigaciones, que se convirtió en un órgano de persecución política, al mejor estilo de una CIACS. A Estévez, hoy día se le vincula a Leyla Lemus. Mientras, a los superintendentes que apañó, e incluso Otto Pérez y Roxana Baldetti, enfrentan procesos penales y guardan prisión, Estévez permanece impune y libre de señalamientos, pese a que consintió la defraudación tributaria. Su reelección en la SAT significaría la continuidad de una carrera de impunidad y un premio a su capacidad de apañar la defraudación en las aduanas. Tuvo responsabilidad en el incumplimiento de la meta de recaudación tributaria, que sirvió como excusa para destituir a Solórzano Foppa y a Abel Cruz y Estévez debió haber salido por la puerta de atrás de la SAT, junto a Liliana Castillo, por el derrumbe de los ingresos fiscales. En el mejor de los casos, Adriana Estévez y Liliana Castillo han sido alcahuetas del contrabando convencional en los puertos, que alcanza los Q12 millardos, de las estructuras clandestinas para la devolución del IVA, y de la porosidad de las aduanas al ingreso furtivo de drogas, al tráfico de armas, trata de personas, vehículos robados y otros flagelos, que significan ingresos para las mafias que administran las aduanas, con el acompañamiento complaciente de la SAT, de más de Q65 millardos.

 JORGE LÓPEZ URÍZAR

López Urízar durante más de una década ha estado en el Ministerio de Finanzas, al servicio de todos los gobiernos de turno; y desde la época de la UNE, asumió cargos de subdirección y dirección en la Dirección de Análisis y Política Fiscal del Minfin, posiciones desde las que ha podido proponer al Minfin y a la SAT, políticas para incrementar la recaudación tributaria y evitar su caída progresiva, sin embargo, si es que las ha propuesto, representan la historia de un fracaso. López Urízar ha sido miembro de la Junta Directiva de Zolic, en representación del Minfin, donde su ejecutoria ha sido anodina. Jugó el papel de enlace Minfin-SAT, en tiempos de La Línea, y fue contraparte de Carlos Muñoz, Omar Franco y Alfonso Castillo. Algunos personeros del Minfin creen que influye en las devoluciones de crédito fiscal. Ha estado a cargo de programar en el Minfin cuáles son las  empresas exentas. En 2015 y 2016, López Urízar compitió sin éxito, para ser miembro del Directorio de la SAT. En 2020, es el candidato predilecto del Ministro de Finanzas Públicas.

CÉSAR ARMANDO ELÍAS AJCA

Contador Público y Auditor. Ha ejercido varios cargos en la Contraloría General de Cuentas, hasta culminar su carrera en el año 2019, como Subcontralor de Calidad del Gasto Público, durante la gestión de Carlos Enrique Mencos Morales, hoy diputado al Congreso de la República por la UNE. Ha trascendido, en los medios de comunicación, que obtuvo el cargo de Subcontralor, por su amistad con Juan Carlos Monzón y por su presunto parentesco con Roxana Baldetti Elías, quienes lo apoyaron para que Mencos lo nombrara como Subcontralor de Calidad del Gasto Público. En la contienda de 2018, estuvo cerca de ser nombrado Contralor General de Cuentas, pero debido a su vinculación con Carlos Mencos, Jimmy Morales, FCN y los partidos que apoyaban a la alianza oficial optaron en su lugar por Edwin Salazar, quien lo destituyó de la Subcontraloría. Fue auditor tributario de la SAT, en el año 2002, durante la gestión de Marco Tulio Abadío. Ha competido sin éxito, para ser nombrado Superintendente de la SAT.

ALEJANDRO GONZÁLEZ PORTOCARRERO

Varias veces intendente interino de Aduanas de la SAT, la última, nombrado en 2015, después del estallido del escándalo del caso conocido como La Línea. Durante su ejercicio en 2015, la recaudación en Aduanas, siguió desplomándose. Tuvo una larga carrera en el ramo de aduanas, así como en otros cargos en esta institución. Intentó, sin éxito, ser Contralor General de Cuentas, pero no obtuvo apoyo en el Congreso.

JUAN JOSÉ ARREAZA DÍAZ

Tiene una larga carrera en la SAT, principalmente en el ramo de aduanas. Ha sido administrador de varias aduanas, Gerente Sustantivo Operativo de Aduanas, e Intendente Interino de Aduanas, en 2018. En los últimos años, se ha convertido en el “hombre de confianza” del intendente de Aduanas Werner  Ovalle, que lo utiliza como peón en las aduanas, pues Arreaza ocupa el cargo de Gerente Sustantivo Operativo de Aduanas. Ovalle lo impulsa para el Directorio, como una garantía para perpetuarse en las aduanas, pues han trabajado de la mano. Dentro de los puestos que Arreaza ha ocupado en la SAT, resalta el de jefe de la Unidad de Análisis e Investigaciones en 2016, cargo que ocupó como trampolín para su puesto actual, con base en la información sensible que manejaba.

Colofón

Es sorprendente, como personajes siniestros, que han sido cómplices, alcahuetes, peones, incluso engranajes de las estructuras clandestinas y furtivas, que desde 1982 hasta la fecha, administran y controlan las aduanas de puertos, aeropuertos y fronteras, y han sido clave para que estas mafias criminales logren ingresos anuales derivados del contrabando convencional, las drogas –cocaína, heroína, marihuana, metanfetaminas–, armas, vehículos robados y trata de personas, entre otros ilícitos, de alrededor de Q65 millardos, equivalentes al 10% del PIB, semejantes a los ingresos fiscales del Estado de Guatemala, y sigan enquistados como sanguijuelas insaciables en las instituciones, como es el triste caso de la SAT, donde a los ratones voraces se les sigue asignando la responsabilidad de descuidar el queso suculento.

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