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Opiniones de hoy

La economía criminal del efectivo


Un sistema paralelo de gestión de capitales.

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En medio de una tormenta de señalamientos, ataques, denuncias y campañas de desprestigio, la Fiscalía Especial Contra la Impunidad, dirigida por el valiente e incansable fiscal Juan Francisco Sandoval atestó otro golpe a las mafias políticas que han hecho del Estado de Guatemala un botín. Las lecciones sobre mejores prácticas para combatir el crimen y la corrupción organizada convergen en una conclusión: hay que golpear el poder financiero de estas estructuras. Esa es la razón detrás de marcos normativos como la Ley de Extinción de Dominio, que más que buscar la persecución penal de los responsables, busca dotar de herramientas para atacar precisamente ese poder financiero. Aquel dicho popular, que alegaba que el corrupto podía esperar años en la cárcel sabiendo que al salir gozaría de sus bienes, se rompe cuando se persigue precisamente la riqueza producto del crimen.

Esta vez, la FECI y Sandoval dirigieron la incautación en efectivo más grande de la historia de Guatemala: 122 millones de quetzales. Incluso, por encima de aquellos US$14 millones de Otto Herrera en 2003. Sin embargo, más allá del valor mismo de la noticia y de la cantidad de personas que desde la semana pasada se han sumado al “club de los desvelados”, la magnitud de la incautación invita a realizar una reflexión más profunda: la existencia de un complejo esquema financiero paralelo e informal del efectivo.

Veamos. Con la gradual introducción de mecanismos de control sobre transacciones en efectivo, el sistema bancario ha hecho más difícil mover grandes sumas de dinero en ‘cash’. Al mismo tiempo, la corrupción y el narcotráfico tienen en el efectivo la forma más eficiente para no dejar rastro. Incluso, sumemos el mismo aprendizaje criminal. El modelo de las empresas de cartón que utilizaron personajes como Otto Pérez, Baldizón y Baldetti es susceptible de perseguirse al vincular el origen y destino final de los fondos con bienes de sus beneficiarios. El modelo de empresas ‘offshore’ de Sinibaldi también fue quebrantado gracias a que tarde o temprano, notarios o contadores tienen el incentivo de colaborar. 

Pero con el efectivo, el trabajo del fiscal se hace más difícil. Sin trazabilidad financiera, se necesitan testimonios que coincidan, fotografías, etc. para armar el rompecabezas Y siempre, es mucho más difícil probar en un juicio lavado de dinero cuando las transacciones se hicieron en efectivo y este ya no está. En ese contexto, personajes como Jonathan Chévez o Álvaro Cobar prestaban el servicio de proveer un sistema paralelo de efectivo. El narcotraficante que transa en efectivo o el político que recibe una coima en efectivo, necesitan blanquear esos capitales. El financista o el corruptor que busca pagar sobornos sin rastro requiere de dinero no-rastreable. Así de sencillo, Chévez o Cobar reducían el costo de transacción: reciban dinero sucio en ‘cash’ y lo ponían a disposición de quien necesitaba el efectivo para sobornar. A cambio, el corruptor o el financista proveen bienes financieros “limpios”: dinero bancarizado, acciones, propiedades, inmuebles, etc. Y los blanqueadores simplemente lo hacían llegar al narco o al corrupto que necesitaba lavar el dinero. Todo lo anterior a cambio de “módicas” comisiones por servicios de blanqueo.

Otra reflexión está asociada al equivalente criminal del encaje. Tanto el narco, el corruptor como el lavador necesitan mantener reservas en efectivo. De ahí la idea de las caletas. Con Sinibaldi y Baldetti los investigadores llegaron cuando los boquetes ya se habían abierto. Esta semana, la FECI encontró “el dorado”. Lo cierto es que la posibilidad de la existencia de más caletas en efectivo, que no nos extrañe que esto explique la razón por la que la circulación ordinaria de billetes de 200.00 es menor a la que por probabilidad debería de ser por el mero volumen de estos. Por ello algún día habrá que plantearse la necesidad de cambiar el diseño de los billetes para “obligar a las caletas a salir a la luz”. En fin. Entender y combatir ese modelo alterno del efectivo se vuelve ahora una clave para desbaratar el aparato criminal y de corrupción política. 

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