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Opiniones de hoy

Lo Cortez no quita lo Cabral


‘“… si ya conozco el camino, pa’qué v’i’andar acostado; si la libertad me gusta, pa’qué v’i’a vivir de esclavo. Elegir, yo siempre elijo, más que por mí, por mi hermano…” – dicho de Facundo Cabral, estrella del espectáculo que con Alberto Cortez, otro canta-autor argentino, presentaban en un teatro de la calle Corrientes de Buenos Aires, hace ya varias décadas y que según me han contado, se llamaba “Lo Cortez no quita lo Cabral”. Trágicamente y para nuestro escarnio, aquí sí, cobardemente, le arrebataron a Facundo lo Cabral…’

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En 1952 el General Douglas MacArthur perdió la nominación para ser el candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los EE. UU., habiendo ésta recaído en el bonachón aunque despistado General Dwight D. Eisenhower, promovido agresivamente por el bufete de Sullivan & Cromwell, por encargo de la United Fruit Company (UFCO). Si MacArthur hubiese ganado la nominación y posteriormente la Presidencia de la República Norteamericana, la Historia reciente de Guatemala habría sido, posiblemente, muy distinta.  Probablemente no habría venido de Grecia el peculiar, pistolero y “dandy” Embajador John E. Peurifoy, con el explícito encargo de derrocar al gobierno “comunista” de Jacobo Arbenz, que “tan mal ejemplo” le estaba dando a otras naciones del Caribe (Jamaica, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Colombia), en las que “la compañía frutera” había establecido un lucrativo imperio; modelo del “capitalismo de plantación”, que tras ser derrotado en el Sur de los EE. UU. en la segunda mitad del siglo XIX, se había desplazado al sur del Río Grande. MacArthur representaba un grave peligro para la UFCO, pues presidiendo sobre las fuerzas de ocupación norteamericanas tras derrotar al Imperio Japonés en 1945, había orquestado reformas agrarias capitalistas en su zona de influencia: el propio Japón (en donde sólo profundizó un proceso que se había iniciado previamente con la “restauración Meiji”) pero además, en Corea del Sur y en Taiwán, que entonces eran más pobres que Guatemala. El general de la pipa dejaba así sentadas las bases de una nueva y vigorosa clase media consumidora y de un futuro “milagro económico”. El proceso reformista iniciado en la tierra del quetzal con la Revolución del 44, por el contrario, ya con los hermanos Dulles en la CIA y el Departamento de Estado, se etiquetó -fantasiosamente- como “cabeza de playa del comunismo soviético en las Américas”, con el propósito -cumplido- de revertirlo. Algo por el estilo de lo que ya antes habían urdido los hermanitos Dulles en Irán, para acercar a sus clientes a las reservas petroleras de aquel país. Casi tres cuartos de siglo después, el veredicto histórico es contundente:  los países que “sufrieron” las reformas agrarias de MacArthur han ingresado al primer mundo;  Guatemala, en cambio, como tantos otros países en los que “Sullivan & Cromwell” logró “defendernos del comunismo”, se quedó “anclada en el tiempo”, sin verdadero desarrollo, sólo con algunos fierros inservibles del viejo y obsoleto ferrocarril (sí, también, entre otras muchas empresas, propiedad de la hoy extinta “frutera”), enredada en el eterno pleito entre los que quieren “salvarnos” repartiendo lo ajeno y los que tercamente, no dejan que las cosas cambien…

La acción golpista de la CIA en contra de Arbenz no ocurrió en un vacío. Localmente y con base en desaciertos, errores y abusos del “segundo gobierno de la Revolución”, como el que condujo a la inconstitucional defenestración del Presidente de la CSJ, Arturo Herbruger Asturias y a otros magistrados más, ‘por discrepar con sus fallos’, un fuerte movimiento conservador local impulsó una “cruzada contra el comunismo arbencista”, que incluyó a curas, finqueros, militares y a otros enardecidos cuanto despistados ciudadanos. No querían re-encausar el proceso dentro de los cauces constitucionales, nó. Querían derrocar al gobierno y echar las agujas del reloj para atrás. No deja de ser paradójico que el pensamiento conservador que en 1953 utilizó el desacato y luego el desafuero contra la más alta Corte de Justicia para justificar el golpe contra el gobierno arbencista, hoy se posicione exactamente en la posición contraria:  desacatar y si fuera necesario, defenestrar a la más alta Corte, por sostener un criterio judicial independiente…

Guatemala sigue siendo ese lugar en el que los dos extremos del espectro ideológico continúan imponiendo su agenda a la mayoría.  La semana pasada, por ejemplo, el CUC y otras bandas de maleantes han pretendido justificar por la prensa y por las redes los asaltos a poblaciones civiles mantenidas en la indefensión por autoridades incapaces, timoratas o cómplices.  El ciudadano común y corriente se pregunta: ¿para qué pagamos tanto por tener policía, ejército, gobierno? ¿no es -acaso- para imponer la majestad de la Ley, para que no se imponga el que más grita, sino el que mejor razona? ¿Por qué no han localizado, identificado, rodeado, arrestado y puesto a disposición de los tribunales a quienes a la fuerza arrebatan vidas y haciendas dentro de nuestro sagrado territorio nacional? ¿No pagamos impuestos para que se defienda al Estado de Derecho, en vez de mantener a gobernantes que ocupados en hacer “biznes”, miran para otro lado cuando los ciudadanos que trabajan son asaltados a plena luz del día por hacer lo que la Constitución dice que es su pleno derecho? Y los extremos se justifican el uno al otro:  ni bien me había llegado noticia por las redes de los asaltos a la finca Cubilgüitz, entre otras muchas, cuando Alfonsito, el abogado de mi primo me mandó un “WhatsApp” diciendo, palabras más, palabras menos: “ya viste lo que pasa por defender a esa Corte ‘chaira’… ¡ahora los comanches andan envalentonados!” Y por supuesto, la extrema izquierda dice que “contra este régimen corrupto, ignorante o indiferente a las necesidades del pueblo, sólo queda el recurso de la resistencia armada”…

Chapines: tenemos que romper este nefasto círculo vicioso. La extrema izquierda guatemalteca será, quizá, un quince por ciento del electorado; y la extrema derecha, otro tanto. El setenta por ciento de los ciudadanos no queremos ver aquí ni a una Venezuela como la de Maduro, ni a una dictadura como la somocista. Y sin embargo, en el Congreso, ‘no estamos suficientemente representados’. En los próximos cuatro años debemos exigirle al sistema político más autenticidad, más representatividad, más progreso real, más desarrollo. Y debemos empezar por recordarle a los diputados que están por definir si van a apoyar a las mafias o al pueblo, que ‘los estamos observando’. Sí, diputado: el pueblo ya sabe que usted llegó a esa curul no porque con su elocuencia haya persuadido a muchos votantes, sino porque nuestro hipócrita y corrupto sistema político está diseñado para inhibir la auténtica participación ciudadana, para que nuestros representantes sean convenientes “líderes de alquiler”. Sabemos que la impune magistratura anterior del TSE anda suelta sin haber rendido plena cuenta del anterior fiasco electoral, de cuyos resultados en la repartición de curules y alcaldías no quedó certeza razonable. Así que cuando esté usted meditando si se va a poner del lado de la mayoría decente o del lado de Gustavito, o de Felipao, o de la Sangra … o de Alí Babá y sus cuarenta ladrones, recuerde que ésta es tierra de hombres como el bardo Ismael Cerna, que le estará soplando al oído a quienes piensen traicionar al pueblo: “Mañana que la Patria se presente / a reclamar sus muertas libertades / y que la fama pregonera cuente / al asombrado mundo tus maldades; / al tiempo que maldiga tu memoria / el mismo pueblo que hoy tus plantas lame, / el dedo inexorable de la Historia / te marcará, como a Nerón, ¡infame!”

Un par de corruptos despistados aún creen que aquel señor del pelo color zanahoria vendrá a rescatarlos en el minuto noventa. No se han dado cuenta de que al margen de los resultados de las elecciones en la parte de arriba del mapa, los que van a venir, más bien, son los descendientes de Elliot Ness y sus ‘Intocables’.  Así que esté pendiente, ciudadano.  Pronto sabremos cómo y por quién va a votar en esta encrucijada cada diputado; no lo podrán ocultar.  Más tarde o más temprano,  llegará la hora de la verdad. Así que lo exhorto a decirles claro y pelado: NO AL GOLPE. Respeten a la más alta Corte. Respeten la Constitución.

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