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Opiniones de hoy

El monstruo


“Justicia para los que sufren. Es hora.”

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El racismo es un monstruo grande y pisa fuerte. Y causa dolores impensables. Tiende a disfrazarse, a mutar en hechos que muchos incorporan, los hacen piel y luego ven como normales o cotidianos. Se refugia en un paternalismo atroz que hace a unos sentirse dueños de los otros. Tiende a poseer de manera brutal (“mis”). Infantiliza para minimizar (“inditos”). Recuesta su bitácora en la invisibilización, donde ese “otro” diferente no existe como ciudadano, pero a su vez es utilizado para fines específicos. Es experto en retornar a lo monstruoso, porque revive la barbarie una y otra vez sembrando temores (infundados) sobre la diferencia, el pluralismo y la diversidad con el único fin de mantener su aire. Sí, el racismo recurre al uso y abuso de la diversidad. Produce modelos insostenibles e incapaces de garantizar políticas de equidad, calidad, pertinencia e inclusión. Folcloriza para extraer recursos. Es individualista dejando al “otro” la responsabilidad de su propia biografía: “es pobre porque quiere”. Justifica su dominio simplemente porque el racismo es un fenómeno de dominio. De poder. Látigo de subyugación. Contempla dentro de sus dispositivos la constante invención de estereotipos. Tiende a criminalizar y no a dignificar. Pretende dejar por un lado los derechos fundamentales de ese que considera “otro” para abusar a su antojo. Y generalmente excluye a ese “otro” de los círculos políticos de poder. El racismo habla de “minorías” cuando son mayorías. Mayorías “minorizadas”. Se vale del autoritarismo porque cree otorgarse el derecho de decidir por el futuro de los demás. Menosprecia la capacidad de grupos enteros. De pueblos completos. Es caritativo ya que no le interesa apelar a la justicia. Ama las dádivas. El racismo tiende a recetarse el monopolio del discurso, ignorando la palabra de quienes no desea escuchar. Discrimina, elige quién sí y quién no…, expulsa, rechaza y humilla. Elimina la historia de su concurso, porque ‘historizar’ los hechos y fomentar el pensamiento crítico no le conviene. En resumen, garantiza sistemáticamente que unos pueblos vivan menos y en peores condiciones que otros. Ignora derechos, ignora libertad ya que en su lógica perversa solo unos merecen plenitud. El racismo es asunto de hegemonía de poder. Es etnocéntrico, practica la supremacía de una cultura, de una “sangre” sobre las demás. La palabra equidad es su enemiga frontal, ¡simplemente le es impensable! Fomenta brecha y desigualdad. Agrede y recurre a la violencia. La que inicia con las palabras y que muchas veces culmina con la muerte. Jamás olvidemos que su máxima y más terrorífica expresión es el genocidio. Y de eso ya llora nuestra historia.

En memoria de aquellos que han sido asesinados por el simple hecho de ser el “otro”. Y justicia para los que sufren. Es hora.

“I can´t breath”. George Floyd.

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