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Opiniones de hoy

Oficios vitales


Salir de esta crisis para volver a una normalidad que está repleta de injusticias y valores invertidos, no debería ser aceptable.

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Entre las lecciones de vida que nos está dejando la emergencia causada por el COVID-19, está la de reconocer y dignificar aquellos oficios y ocupaciones que en tiempos de normalidad son vistos de menos y mal remunerados, pero que en realidad son los vitales para proveernos de lo esencial para vivir.

Me refiero a oficios tales como enfermeras, personal de limpieza, mensajería y repartidores, cajeros y demás personal de supermercados y bancos, campesinos y trabajadores agrícolas, recolectores de basura, trabajadores de call centers, tenderos, bomberos, obreros de la industria alimenticia, tiendas y tortilleras de barrio, etc.

En el sector público los servicios esenciales que sostienen las funciones vitales corresponden a policías, médicos, maestros y soldados.

En la pirámide laboral de la llamada normalidad estos oficios están en la base y normalmente son mal pagados y muchos de ellos excluidos de la seguridad social. Pero debemos reconocer que sin lo que hacen día a día, toda la sociedad simplemente no puede funcionar.

También encuadran en proveer servicios esenciales para la vida, muchos oficios de la llamada economía informal en la cual se ocupan 8 de cada 10 guatemaltecos y que pese a ser la fuente que emplea a más trabajadores, apenas percibe el 22 por ciento del producto interno bruto.

Una sociedad como la guatemalteca que está expuesta a muchos desastres y catástrofes naturales y emergencias sanitarias como la pandemia del COVID-19, debería revalorizar estos oficios y reconocer que sin ellos nuestra vida diaria sería realmente cuesta arriba.

A ellos no aplica “quédate en casa” además de estar expuestos al contagio directo por la relación que mantienen con el público.

En momentos de crisis sale a flote la economía real, mientras que la economía de papel que domina la normalidad se ve eclipsada y pone de manifiesto su fragilidad ante lo que realmente produce un valor al servicio humano.

Salir de esta crisis para volver a una normalidad que está repleta de injusticias y valores invertidos, no debería ser aceptable.

De la crisis saldrán muchas lecciones de vida que potencien un liderazgo político reformista que contribuya a humanizar nuestro sistema económico decadente.

La globalización fue frenada abruptamente y todos los países tienen la oportunidad de repensar sus esquemas económicos para satisfacer primero a sus habitantes, para después ver cómo insertarse a la economía internacional.

Como bien dijo el presidente Kennedy “si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.

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