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Opiniones de hoy

Aceptar nuestra realidad

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Muchos de los problemas de los negocios familiares se deben más a la negación de su naturaleza que al hecho de ser familiares.

Joan Aragonés, empresario y consultor de gestión escribe en Levante, el periódico Mercantil Valenciano, sobre este tema, y afirma que cuando asumimos que nuestra empresa es familiar, nuestra gestión puede instrumentarse de acuerdo con su naturaleza. Si la empresa familiar no trabaja en las herramientas y mecanismos que le ayudan a manejar su propia problemática, entonces su organización queda a expensas de las complicaciones que ocurren en ella de forma natural.

Pero cuando se pretende no funcionar como empresa familiar, sino como cualquier otro negocio, entonces tienden a aplicarse instrumentos organizacionales que no le son naturales y que no le funcionan. Esto le suele traer más dificultades que soluciones efectivas, más disgustos que alegrías y más riesgos innecesarios.

Aragonés plantea que en síntesis son tres las particularidades que se presentan en las compañías de familia: afecto, necesidad y conflicto. Comentamos cada una de ellas.

El afecto es un ingrediente esencial de las empresas familiares. Desde su nacimiento el fundador procura que sus hijos se integren a sus negocios, y de ahí en adelante las cuestiones afectivas se manifiestan en todas las etapas de su vida, refuerzan el desarrollo y la continuidad de la organización y eventualmente generan confusiones y deformaciones que pueden dificultar su proceso de maduración.

El afecto constituye el fundamento de la empresa familiar, determina su existencia y puede convertirse en su principal detractor, dice Juan Aragonés.

La necesidad es otro componente que determina al negocio familiar. El empresario necesita integrar a quienes tiene más cercanos, que son los miembros de su familia. Esta es la forma más natural de hacer crecer un negocio. Por esta razón es que las empresas familiares conforman una gran parte del tejido empresarial de nuestros países, porque es lógico el motivo de su existencia.

A final de cuentas las empresas de familia satisfacen las necesidades de todas las partes. Permite al hombre de empresa apoyarse en su familia para desarrollar su negocio, facilita desarrollar profesionalmente a los hijos que se integran y también resuelve necesidades de clientes, trabajadores, aliados y colaboradores.

El conflicto es el tercer ingrediente que tipifica a las empresas familiares, es parte fundamental de toda su vida. Es su pesado lastre, “porque conforma la cara oculta del afecto”. El cariño unifica y acerca a la familia, pero también le trae dolor, envidia, contrariedad y desgaste.

Es una utopía pensar en una empresa familiar donde no haya conflicto. Este es constitutivo de su existencia y de su naturaleza. En estas organizaciones es sano pensar así: “Nos mantenemos unidos a pesar de nuestras diferencias”. Benditas discrepancias, cuando aprendemos a manejarlas convertimos el conflicto en energía de avance.

Ratifica el consultor español: “El mundo real comporta conflictos que hay que saber asumir y encajar. La paz absoluta solo está en los cementerios. La vida es conflicto”. El negocio familiar es conflictivo por su mismo origen. Por ser familiar es conflictivo, y de nada sirve pretender que no lo es.

Las dificultades más complejas de este tipo de empresas surgen entonces de negar su realidad. Reconocer lo que somos es primordial. Aunque el amor es el origen, reconozcamos que nos necesitamos, y, sobre todo, aceptemos que somos conflictivos. Debemos entonces reconocer que el conflicto es parte integral de nuestro ser.

Si somos congruentes, nuestros sistemas de gestión deben ser capaces de lidiar con nuestros conflictos; nuestras prácticas organizacionales deben ayudarnos a manejar nuestras diferencias, nuestra búsqueda de sinergia organizacional debe aprovechar nuestras fortalezas partiendo de nuestras discrepancias.

Aceptemos lo que somos. Seamos realistas. No soñemos con un mundo donde no haya discrepancias. Seamos consecuentes. Aprendamos a enfrentar y manejar bien el conflicto.

c_dumois@cedem.com.mx

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

‘* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois’.

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