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Opiniones de hoy

La paz sin reposo


La paz formó torbellinos que nos enredan sin lograr la modernidad con justicia, bienestar y una democracia real, la única certeza es que la verdad de Guatemala permanece escondida en sus entrañas.

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En pocos días se cumple otro aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz de una guerra que surgió de la ilusión de un grupo de jóvenes que, en la década de los sesenta pensó cambiar la estructuras sociales a puro plomazo y que al final de cuentas, fueron derrotados convirtiendo con habilidad la derrota en victoria política, diluida con el paso de los años. La guerrilla se dio cuenta a tiempo que la fuente de sus ideales era el error y el terror, no la justicia ni la ética, precipitándose en un abismo del que no pudo salir al vulgarizar sus principios, abandonados por el sistema que se derrumbó sin acordarse que existían. Acorralados, hipotecaron sus ideales en las negociaciones, buscando y encontrando una salida digna a un error histórico que costó lágrimas y muertos, evaporándose el recuerdo entre el murmullo de los brindis y el olvido, que separados o juntos son el alma de la ingratitud humana.

En ese contexto, una alianza impura sin consultar al pasado ni al futuro desmanteló al ejército sustituido por la plutocracia, donde lo mismo preside el gobierno un vendedor de tortugas, un payaso, un payo o un ladrón, importando solo los balances contables no el pueblo. De esa cuenta, la historia se repite con la petite différance que en el siglo XIX sometieron a un grupo de obispos de una Iglesia autoritaria y poderosa y en el XX, a los generales de un ejército burocrático debilitado por sus propios amigos. Para la guerrilla todo fue miel sobre hojuelas. Subida en un tren sin rumbo, jamás imaginó que sin pedirlo le iban a regalar un candil para salir del túnel, oportunidad de oro que no desperdició, negociando la orfandad de los ideales de una juventud generosa perdida en el mar de la amargura, sin respuesta a su sacrificio.

La paz empezó a morir el día en que nació, fruto de una afinidad superficial entre lo ideal y lo legítimo, entre la verdad y la mentira que produce incertidumbre y genera suspicacias, al no entender qué clase de asidero ético puede tener un compromiso político inconsistente y desarticulado, prometiendo convertirnos en un vergel que la realidad niega, dándonos de beber un jarabe elaborado en secreto sin convicción ni principios, ni resolver la crisis secular del país. Lo único tangible es que se volvió un negocio muy rentable para los listos, incluidos los que todavía viven del presupuesto de la nación, olvidando que la paz no nace por decreto y que, solo es posible por la integridad de una voluntad colectiva de cambio auténtico, enfrentando la realidad en su justa dimensión. Un cambio cualitativo que requiere una elevada cuota de tolerancia y sacrificio, liberando a la sociedad de la pesadilla que la agobia.

El criterio mercantil pretendiendo unir al amor y al odio a través de un puente de plata forrado de billetes, aspira cínicamente a enseñarle a vivir a un pueblo que sabe administrar sus valores en la adversidad y domesticar la miseria, convirtiéndola en riqueza espiritual no en su imagen, como creen los dueños del Estado. Y que en un enfoque equivocado, apuestan por el futuro esquivando el presente sin librarse del pasado, confundiendo a los incautos al no aceptar que su peor enemigo es la realidad, que no se disuelve con palabras ni mintiendo. La paz formó torbellinos que nos enredan sin lograr la modernidad con justicia, bienestar y una democracia real, la única certeza es que la verdad de Guatemala permanece escondida en sus entrañas, esperando que caigan las máscaras de la noche y surja el verdadero rostro de la paz. Entonces, hablaremos el lenguaje natural de los pueblos elegidos por el destino para defender con dignidad el valor de las ideas, subordinados al de las creencias y costumbres, a la eternidad y al instante, con respeto y humildad.

¡FELIZ NAVIDAD!

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