[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

La Ciudad del Portal de “El Señor” (vi parte y final)

opinion

Dedicado al maestro Celso Lara Figueroa.

 

En 1967 se celebró en la Nueva Guatemala de la Asunción la conmemoración de los cincuenta años de los terremotos de 1917 y 1918 que destruyeron la ciudad. Francis Gall, en su momento presidente de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, pronunció un discurso en el Palacio Nacional de Guatemala, con la presencia del presidente de la República, Julio César Méndez Montenegro, entre otras personalidades, que en la parte que nos interesa decía: “Significativo es el hecho de encontrarnos en este lugar, donde hasta el año de 1917 existió el Palacio del Ayuntamiento de Guatemala, edificio de 150 varas de largo, con 42 arcos de cal y canto y uno grande en el centro que daba acceso al interior, con dos entradas en forma de puertas a los lados del arco principal. Bajo el portal municipal se encontraban las oficinas de la administración de las Casas de Beneficencia y del Servicio Fúnebre; el Juzgado de Policía y Ornato, la Biblioteca Municipal, el Registro Civil y algunas tiendas alquiladas a personas particulares. En la primera de ellas, del lado de la 7a. avenida se veneraba un lienzo del Nazareno conocido como «El Señor del Aposentillo», que actualmente se encuentra en la Catedral Metropolitana. Debido a que la imagen a la cual se le hacían ofrendas de candelas era bastante venerada, el portal se conoció asimismo como Portal del Señor”. Es a esa ciudad, de su infancia y adolescencia que Miguel Ángel Asturias amó. La de su barrio de La Candelaria en la mera Avenida de La Caballería, en cuyas cercanías, cerca de La Parroquia vieja, estaba el sitio de sus padres, que alquilaban a los arrieros, carreteros y otras gentes, que abastecían la ciudad pacata, en donde alucinado, los oía hablar y contar sus vicisitudes, sus travesías, sus bromas, sus problemas, sus visiones, sus aparecidos y sus fantasmas. Se le quedó grabado en lo más profundo de su memoria, la forma en que hablaban. La ciudad y sus personajes, reales o ficticios: El Mosco, La Mosquita, El Pelele, Tenazón, “Los Chocanitos”, “Juanito, lo arregla todo”, “Machaquito”, “Los realeros”, los tranvías tirados por mulas y el Decauville. Los indios que la abastecían. Los encopetados y los ladinos que se relamían, usufructuándola. La Ciudad del Portal del Señor era la que Miguel Ángel Asturias no quería que desapareciera nunca y por ello la utilizó como escenario de su novela El Señor Presidente. Y la dejó retratada así: “Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola. La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor, sin más lazo común que la miseria […]”.Evidentemente, yo y la mayoría de los guatemaltecos que todavía estamos vivos por estos días, no conocimos a esa ciudad. He utilizado en mis estudios y libros publicados sobre el tema de la historia de la Nueva Guatemala de la Asunción, que ella tuvo un periodo colonial y que fue transitando hacia una ciudad comercial, alimentada por una economía mercantil y de servidumbre hasta llegar a la ciudad capitalista, anárquica y caótica, del país subdesarrollado, dependiente y atrasado, dentro de la globalización capitalista, que es hoy. Todo ello, al tenor de los temblores casi habituales, cotidianos que la sacuden y terremotos que casi con ciclos de 60 años, que la han acompañado y destruido. Años más tarde, cuando rondaba los cuarenta años, es decir, ya adulto, Miguel Ángel Asturias escribe entre 1940 y 1942, “Mi ciudad. Herida en esperanza y atrición, con una vela entre las manos, pasa contigo —Mi Ciudad— que el corazón siente que acabas de morir en casa. Te asisten las aldeas, tus vecinas honestas, laboriosas, y sincera su pena —Mi Ciudad— que no caminas ni hablas. Lloran por lo que antes era. Y las ciudades, circunspectas, graves personas que vienen después a verte, preguntan por tus joyas y tus llaves, enjugan una lágrima callada y se alejan en paz. Para la muerte la luna te vistió de desposada.” Suena, la música de “Noche de luna, entre ruinas”, hecha por Mariano Valverde para la ciudad de Quetzaltenango, para el terremoto que la destruyó en abril de 1902, pero fiel acompañante de la Nueva Guatemala de la Asunción las noches de diciembre y enero de 1917 y 1918 cuando fuera desposada por la muerte…

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Luisa Paredes / Con información de Rony Ríos
Patricia Marroquín de Morales llega a tribunales para rendir primera declaración

La exprimera dama es señalada por el delito de fraude.

noticia Silvia Tejeda
Demandamos un TSE con garra

Los guatemaltecos, hoy por hoy, dudamos si ese Tribunal tiene alguna componenda política con los partidos mayoritarios de turno.

 

noticia Estuardo Artiga / Suplementos
Sauvage, una fragancia con acentos nocturnos

Esta brilla con una luz metalizada que refleja toda la opulencia de su nueva estela.



Más en esta sección

Queman bus de Transurbano y PNC se retira de la Plaza

otras-noticias

Galería: Vuelven cientos de guatemaltecos a la Plaza de la Constitución

otras-noticias

Ciudadanía exige la renuncia de Giammattei

otras-noticias

Publicidad