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Opiniones de hoy

La invasión militar al Kremlin y Plaza Roja

opinion

Repelida por el heroísmo ruso.

La invasión militar extranjera que llegó hasta el Kremlin de Moscú y a la Plaza Roja y su pasmoso desenlace fue plasmado en la novela La Guerra y la Paz de León Tolstói y en la Obertura 1812 de Tchaikovsky, cuya descripción musical me sirve de hilo para este artículo.

Efectivamente, la Obertura empieza con Dios proteja a su pueblo, que es una melodía que se escuchaba en las iglesias ortodoxas rusas, porque fue en ellas en las que se anunció que Napoleón Bonaparte había enviado a un gran ejército para la conquista de Rusia. Luego sigue la interpretación de melodías populares y militares rusas, que representan la angustia del pueblo, pobremente equipado, frente a la mayor maquinaria bélica de la época. De pronto, se escucha ténuemente un breve fragmento de La Marsellesa indicando que llega a suelo ruso la Grande Armée (600 mil soldados), comandada por el propio Napoleón. Luego, se oye música tradicional rusa, que recuerda el pedido del Zar Alejandro I a su pueblo para que defienda a la Madre Rusia, y el del Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa para rezar por la paz, petición que fue respondida masivamente por la población.

Una marcha de los metales indica la preparación para la batalla. En Borodinó, a 120 kilómetros de Moscú, bajo el mando del general Kutúzov, el Ejército ruso se enfrenta a la Grande Armée, batalla que dejó cien mil soldados muertos. En este momento, se escucha el crescendo del fragmento de La Marsellesa, que indica la marcha del Ejército triunfante de Napoleón hacia Moscú.

Los rusos, que habían quemado las cosechas y dejado el campo como tierra arrasada, en Moscú también quemaron la Ciudad, cuyas tres cuartas partes eran de madera, huyendo todos sin dejar un solo alimento a los franceses. (¡Quemar la propia casa debió ser un acto de mucho heroísmo, que expresa el temple ruso!).

El crescendo de la música tradicional rusa lucha contra el Himno francés, hasta que este se impone indicando la caída de la última defensa rusa. Napoleón Bonaparte permanece durante 35 días en el Kremlin esperando la capitulación rusa, que no llegó nunca.

De pronto, cuando todo se veía perdido, se vuelve a oír la melodía Dios proteja a su pueblo, porque a Rusia llega uno de los inviernos más fríos de la época, lo cual es interpretado por los rusos como un favor divino.

Estando la tropa francesa en una ciudad desierta, sin alimentos, lejos de sus líneas de aprovisionamiento, con una frágil comunicación con París, y frente a un invierno severo, para el que no estaban preparados, decepcionado, Napoleón ordena la retirada de sus soldados, en cuyo regreso son atacados por el sobreviviente ejército ruso, y hostigados por la población, todo ello, en medio de nevadas tempranas, de un frío intenso y del atasco de los cañones franceses en el hielo. En este momento, La Marsellesa va en diminuendo. ¡A lo largo de la obra se oyen cañonazos expresados por el golpe seco al tambor! La invasión a Rusia fue una gran derrota para los franceses, pues solo un diez por ciento de los soldados salvaron la vida, y fue también un duro golpe al monumental ego de Napoleón. Para los rusos, en cambio, es una página que, hasta la fecha, los enorgullece porque, en condiciones de gran desventaja, y en medio de grandes penurias y de actos heroicos, incluyendo el de quemar la propia casa, lograron la retirada del ejército de Napoleón, con una pérdida del 90 por ciento de los soldados de la Grande Armée, siendo hoy un símbolo de la resistencia frente al opresor que, sin duda, marca el renacimiento espiritual de la nación y su rearme patriótico.

La Obertura, de cerca de 15 minutos de duración, concluye con el himno Dios salve al Zar, el repique de campanas y disparos de cañón. ¡Los rusos habían triunfado! (Si tú no has escuchado la Obertura 1812, te recomiendo lo hagas al finalizar la lectura de este artículo. No te arrepentirás, pues es una de las grandes obras maestras de la música).

El triunfo ruso es festejado hasta el día de hoy. Recuerdo que en San Petersburgo, con mi familia, visité la catedral ortodoxa de Nuestra Señora de Kazán (declarada Protectora del pueblo ruso), catedral que habría sido construida para conmemorar la hazaña de 1812, la cual es réplica, en pequeño, de la Basílica de San Pedro y de la Columnata de Bernini en el Vaticano. Allí, mi esposa encendió una vela, como lo hacían en ese momento, a media mañana, los fieles ortodoxos rusos, y yo me uní a ella, para pedir con fe la intercesión de la Virgen María ante Dios, por las necesidades de la familia. En el atrio de la Catedral, más allá de la Columnata, vimos la estatua en bronce del general Kutúzov (enterrado en la Catedral), que dirigió a las tropas rusas en su combate contra Napoleón.

La Obertura 1812 fue interpretada, bajo la dirección del propio Tchaikovsky, en el estreno del Carnegie Hall en Nueva York en 1891, y ha sido tema musical presente en varias películas, incluyendo en el de La sociedad de los poetas muertos.

Concluyo este artículo expresando algo muy personal. Al terminar su bachillerato, con su familia, Mariya Filippova logró emigrar de Rusia a Estados Unidos. En este último país se graduó de ingeniera en sistemas y matemáticas, y se fue a trabajar a Google, en Silicon Valley, California. En ese lugar, mi hijo Diego, que también es ingeniero, y Mariya se conocieron; formaron un hogar; tienen su casa; y ahora, mi nuera espera un hijo, que aunque se críe y eduque y viva en Silicon Valley, deberá de estar orgulloso por igual de sus cepas rusa e hispanoamericana. Espero que, además del inglés, hable ruso y español, que sea devoto de la Virgen de Kazán, y que, heredando la tradición rusa, sea un buen ajedrecista para que pueda jugar conmigo ajedrez, que es mi mayor hobbie. ¡Qué más le puedo pedir a la vida! (Continuará…) gasturiasm@gmail.com

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