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Opiniones de hoy

Pasó el primer formalismo

opinion

Ahora vamos a una segunda vuelta (y final), conscientes que las dos opciones son perjudiciales para lo que aspiramos como país.

La primera vuelta electoral ha pasado, pero la goma moral no. Me refiero a esa sensación de agotamiento emocional que posiblemente invadió a muchos de los lectores el pasado lunes 17 y persiste al día de hoy. Votamos pero no elegimos, votamos por una supuesta obligación, votamos por costumbre, votamos a pesar del desaliento. Ahora vamos a una segunda vuelta (y final), conscientes que las dos opciones son perjudiciales para lo que aspiramos como país; que cualquiera que gane no supone cambios positivos para los enormes pendientes que tenemos como sociedad.

Como momento clave del proceso político, el evento electoral quizás pasó con apuros la nota mínima. Los diversos señalamientos en cuanto a procesos mal dirigidos por el órgano electoral, la persistencia del acarreo (a pesar de la prohibición formal establecida en la normativa), la compra de votos, los descontentos de candidatos perdedores a nivel local, son algunos de los temas no resueltos.

La diversidad de problemas evidenciados, son indicadores que el modelo electoral ha sido sobrepasado. Estamos ante la crisis de tres niveles: del tipo de democracia, de las reglas electorales y de los gobiernos que son electos. En el primer caso, la democracia, como sistema para elegir gobierno, pasa por momentos críticos. En lugar de empujar hacia mayor calidad de la democracia, aquella en donde la población cuenta con mejor información y mejores condiciones para procesarla y decidir, hemos sido inundados por lo contrario: la desinformación, la superficialidad, la generalización abunda.

La teoría indica que la democracia es exitosa si permite a la población seleccionar su gobierno en elecciones limpias y libres, en condiciones de libertad de expresión, información plural, libertad de organización política y participación electoral. En la actualidad, esas condiciones, aunque necesarias, son insuficientes. Las elecciones son actos formales, intrascendentes para la vida de las personas; quienes asistimos al “evento” con poca o ninguna motivación real. Los productos que tenemos en los escaparates son de baja calidad, porque corresponden a un tipo de democracia débil; que aún no toma distancia suficiente del marcado autoritarismo histórico.

Pero el problema aumenta cuando los momentos de decisión no garantizan que la elección a tomar sea la correcta, ya que dentro de las opciones disponibles al electorado no hubo algunas que con realismo puedan satisfacer las aspiraciones de los votantes. Tal parece que previamente al acto formal, se lleva a cabo una selección privada de opciones finalistas, que son las que finalmente se ponen a disposición de los ciudadanos. Quienes no pasen ese corte, compiten por la cola de la fila.

Estamos ante una encrucijada, donde los caminos pueden ser distintos, pero al final nos llevarán a donde siempre. No cabe la idea que el gobierno a elegir podrá ser bueno o malo, por la decisión que la población. El acto de escogencia ha perdido sentido, por lo que la idea del buen gobierno se aleja aún más.

El problema de fondo, radica que el “modelo” nos ha llevado a postergar el objetivo mayor: lograr avanzar en la senda duradera de una sociedad más justa y solidaria, donde los problemas de fondo sean encarados con seriedad. Todo lo demás son entretenciones.

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