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Opiniones de hoy

Las niñas madres

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Una bofetada a la hipocresía de la sociedad conservadora guatemalteca.

Las estadísticas de cuántas niñas se convierten en madres cada año en Guatemala espanta. Según el último informe, en lo que va del año, son más de 20 mil embarazos en mujeres que no llegan a los veinte años y cerca de mil corresponden a niñas menores de edad. En el año 2018, la cifra llegó a 73 mil. ¿Cuáles son las consecuencias de esta horrenda realidad?

Imaginemos que en un solo año 73 mil niños guatemaltecos nacen de mujeres que son niñas también. ¿Qué capacidad tiene una niña de criar a otro niño? Lo más evidente es que es camino seguro para la miseria. Tanto la madre-niña como el recién nacido son condenados a una vida de carencia, sobre todo porque un gran número de estos embarazos está vinculado a violaciones sexuales, lo cual asegura un padre ausente. Quizá los altos números de embarazos y nacimientos en niñas-madres sean la causa fundamental de males como la desnutrición y la miseria colectiva.

Pero la condena a la pobreza no es ni por asomo el único daño. Los niños que nacen de niñas-madre nacen con bajo peso y con deficiencias físicas. A la pobreza, añadamos problemas de salud crónicos.

Y la vida de la niña-madre, ¿cuenta? La niña-madre fue alguna vez un feto protegido por quienes dicen ser defensores de la vida. Logró nacer. ¿Qué protección le aseguraron estos dogmáticos extremistas para su crecimiento y desarrollo? ¿Y el Estado de Guatemala? ¿Y su propia familia? ¿Y la sociedad que se somata el pecho en defensa de los valores tradicionales?

La respuesta es que las niñas-madre son el resultado de la inexistencia de protección y una bofetada clara al rostro de los hipócritas. Si la vida fuera el objetivo real de sus preocupaciones, trabajarían con denuedo por protegerlas de esta aberración que desnuda una verdad que es urgente asumir: los llamados “valores tradicionales” son tapadera para los desvíos machistas donde la violación de las niñas es una práctica común y que, casi siempre, queda impune.

Una de las razones más profundas para la defensa de la vida es el respeto a la dignidad humana. Cuando se obliga a una niña a convertirse en madre, obviando todas las implicaciones que tiene esta imposición, se está irrespetando su dignidad y, por lo tanto, se está dañando el valor más intrínseco de la existencia. Una enorme cantidad de guatemaltecos se han alineado en “defensa de la vida” y se les pide que sean coherentes. Es una enorme responsabilidad exigir a una niña convertirse en madre, a riesgo de su propia vida biológica, destruyendo toda realización futura y condenándola (a ella y a su hijo) a la pobreza. Con la misma pasión que los impulsa a afirmar que una niña que reniega de un embarazo no deseado es una asesina, actúen en contra de esos “valores tradicionales” que permiten la condonación de la violación, de la paternidad irresponsable, de las aberraciones machistas. Si de verdad defienden la vida, ¡sean coherentes!

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