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Opiniones de hoy

El régimen del odio

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El exministro de Finanzas Públicas, Juan Alberto Fuentes Knight, en su libro Rendición de Cuentas, que es una suerte de relato de su vivencia dentro del régimen de Álvaro Colom, cuya primera ministra de facto fue Sandra Torres, se refiere a la crisis que desembocó en la remoción del Ministro de Educación, Bienvenido Argueta, por no haber proporcionado información sobre los beneficiarios del programa Mifapro, en los términos siguientes: “(…) Ello ocurrió porque no se entregó la información a pesar de la exigencia de la Corte de Constitucionalidad de que lo hiciera. Intenté –de común acuerdo con Argueta– incidir directamente en el propio presidente para que le diera instrucciones al ministro de que entregara la información solicitada, pero no tuve éxito (…) Todavía no tengo una explicación que me satisfaga plenamente sobre por qué existía oposición de Sandra Torres para que se hiciera y de por qué el presidente aceptó que así fuera. ¿Berrinche político? ¿Rencor ante la intransigencia de la oposición? ¿Odios heredados de la campaña electoral? ¿Convicción de que lo único que querían los que solicitaban la información era paralizar el programa? Tal vez. Pero, en todo caso, lo que se hizo iba en dirección contraria a la necesaria rendición de cuentas (…)”.

Rencor, según el Diccionario de la Lengua Española, significa resentimiento arraigado y tenaz. Odio, por otra parte, quiere decir antipatía, aversión. En otras palabras, al régimen de los Colom-Torres le son inherentes la ira, la cólera, el enojo, la animadversión y, de ahí, la constante maledicencia, persecución y ataques contra sus “enemigos”, que eran todos aquellos que no comulgaban con dicho régimen o no compartían sus políticas y ejecutorias. O sea que se calificó como “enemigo del régimen” a todos los adversarios, críticos, opositores y disidentes. Indudablemente, su lema fue: Quienes no están conmigo están contra mí.

Inequívocamente, durante el régimen de los Colom-Torres, el de las “cosas gruesas pero gruesas”, el rencor y el odio se tradujeron en intolerancia, intransigencia y revancha. Por ende, no hubo respeto por las ideas y opiniones diferentes o contrarias. Constantemente se denigró, descalificó, insultó y desacreditó al opositor y al disidente, especialmente a través de campañas negras y de propaganda del odio.

La intolerancia desembocó en abuso, el cual se tradujo en usar mal, excesiva, injusta, impropia e indebidamente la autoridad y los recursos estatales. De ahí que bajo el régimen de los Colom-Torres no hubo transparencia, rendición de cuentas, legalidad ni lucha contra la corrupción. Por el contrario, se favoreció la opacidad, el despilfarro, la ilicitud y la corrupción.

Pero al rencor y al odio se agrega el “berrinche”, que es el coraje, enojo grande, comúnmente en los niños. Berrinchudo es aquel que se encorajina o enoja con frecuencia y por leve motivo. En suma, nos gobernó gente abrasiva, rencorosa, berrinchuda e iracunda. Y estos se autoproclamaron con grandilocuencia socialdemócratas. ¡Qué tal!

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