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Opiniones de hoy

Racismo a secas

opinion

¿“Mis inditos”?

 

Existen mecanismos básicos que se activan sistemáticamente (una y otra vez a través del tiempo) para oxigenar el racismo. Se agitan, se incorporan, se hacen piel. Saltan y se lucen en los momentos menos esperados. Y es que el racismo es un mal que existe para garantizar que unos pueblos vivan menos y peor que otros. Y acá, basta con ver los índices de desarrollo para entenderlo.

El racismo se sumerge profundamente en la cotidianidad, esencialmente a través de creencias, acciones, actitudes y discursos. Muchas veces tan disfrazado que logra pasar desapercibido. Y el discurso es uno de sus espacios favoritos. Ahí se devela como un conjunto de ideas y principios propios de un grupo que se considera superior a otro. Hoy, en esta era de la comunicación, necesitamos comprender los discursos racistas reproducidos en redes sociales para detenerlos y, sobre todo, evitar su proliferación (de nosotros depende).

El racismo invisibiliza al que considera “el otro”, no lo ve como igual y cree que su existencia es irrelevante. El racismo infantiliza al que considera como “el otro”, lo ve inferior para poder ejercer dominio sobre él. El racismo minimiza al que considera como “el otro”, lo disminuye a una mínima expresión para poder humillarlo libremente. El racismo se escuda en el paternalismo creyéndose “padre” o propietario del que considera como “el otro”, justificando que es dueño de su destino y ofreciendo dádivas y caridad a cambio de justicia, como un acto de “heroísmo” y “bondad” (¿“mis inditos”?). El racismo es asimilacionista, creyendo que el único buen destino del que considera como “el otro”, es asimilarlo. El racismo construye una historia a su medida, sacando al que considera como “el otro”, de todo acontecimiento protagónico. El racismo le deja al que considera como “el otro”, la responsabilidad de su propia biografía: “es pobre porque quiere”, “se van al norte porque quieren” (¿y el Estado?).

Ahora hay descaradas páginas en redes sociales que fomentan un racismo exacerbado (varias ya fueron denunciadas, pero tristemente se reproducen). Se humilla al que se considera como el “otro”, se le encarcela en estereotipos trillados, en “chistes ingenuos”; se le pisotea su dignidad con infelices frases que discriminan. El racismo recurre a criterios tan rancios como colonialistas, de absurda superioridad. Y el daño que hace este discurso del odio es incalculable.

Llegó la hora de entender la diversidad como un valor, y dejar atrás reproducciones y discursos que impiden vernos como iguales en derechos y dignidad. Llegó la hora de eliminar el etnocentrismo.

Ah, no olvidemos que el racismo está tipificado como delito y que su máxima y más honorífica expresión culmina en genocidio.

Que la historia nos eduque para no repetir.

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