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Opiniones de hoy

Comprarse un presidente

opinion

Cuando llegan al gobierno, ya tienen dueño… y no es el pueblo precisamente.

Los audios que han estado circulando acerca del financiamiento electoral de Sandra Torres en las recién pasadas elecciones, no hacen sino confirmar lo que ampliamente hemos aprendido a conocer: la manera en que, cada cuatro años, se abre el mercado electoral para que los ricos y poderosos puedan ir de compras. Escogen una o varias opciones (para no fallar), le apuestan miles o millones en concepto de “inversión” que sin falta les redituará a mil por uno. La elección presidencial deja de ser una manera civilizada de alternar en el poder público, para convertirse en una empresa mercantil. Si este esquema tan claro no nos permite comprender que la corrupción es estructural y que nada podrá avanzar en el país mientras no erradiquemos las prácticas y los actores de esas prácticas, pues no cabe duda que nos gusta la ceguera.

Los candidatos a la Presidencia venden algo que no les pertenece: las oportunidades de acceder al dinero público, la oportunidad de tener influencia política y, en suma, la oportunidad de torcer el camino del bien común. La desigualdad en Guatemala tiene muchas razones históricas, pero un elemento insoslayable es la perversión radical de la política. Si algo debemos tener claro los electores es qué papel jugamos en ello.

¿Y qué sucede a continuación del financiamiento electoral ilícito? No nos resulta ajeno: el ejercicio del poder se convierte en una pantomima. El Presidente es como un peón que servirá mejor en cuanto menos se meta y más se ajuste a su papel de títere. Un funcionario cómodo que, una vez en el poder, se dedique a pasarla bien y a dejar hacer. También está la otra versión: el alagartado, estilo Baldetti que no quiere terminar su dorada oportunidad sin llevarse todo lo que pueda.

Por supuesto, este panorama no trae gobernabilidad: de allí la creciente e imparable violencia de los grupos criminales organizados. Tampoco trae mejora de las condiciones de vida: Guatemala se ha estancado y empeorado en sus índices de desarrollo humano de manera vergonzosa. Tampoco trae construcción de la institucionalidad, ni de la protección a los derechos humanos: ¿cuántos líderes comunitarios van muertos a la fecha? ¿Qué avances hay en la reforma judicial, en el mejoramiento del desempeño de las instituciones? En resumen. El desastre que vivimos tiene un claro origen, la raíz del mal está en la imposibilidad de elegir a verdaderos líderes que trabajen por el bien común.

Aun con toda la frustración que nos provoca el panorama político tan primario, hagamos el esfuerzo de utilizar bien nuestro voto. Saquemos de la contienda a los claros partícipes de un sistema electoral basado en el financiamiento ilícito. Sabemos quienes son.

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