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Opiniones de hoy

Cartón de lotería


Para contentarse con la suerte de recibir un chunche cualquiera o un triste peluche.

foto-articulo-Opiniones de hoy

 

Las elecciones debieran de ser una fiesta cívica, por el júbilo en paz para decidir entre todos una dirección y asumir las consecuencias por un período breve de tiempo, porque cuatro años es nada, pero sí deja abierta la puerta para que partido que cumpla proponga sucesores consecuentes, o es la opción de enderezar el rumbo en aras del beneficio colectivo.

Pero el evento está pasando a ser feria con carrusel, ratón loco y tiro al blanco, o lotería donde cada quien busca contentarse con la suerte de recibir cualquier chunche o triste peluche en compensación, mientras unos pocos se llevan el premio mayor.

Lo que enturbia el proceso electoral es que los candidatos y ciudadanos se han propuesto el beneficio personal. La mayoría parece querer algo para sí mismo, debido a circunstancias particulares. En Guatemala es del dominio público que quienes tienen “cuello” pueden ubicarse y gozar del milagro del empleo, lo cual es un hecho automático en los grupos privilegiados, pero para la inmensa mayoría la única salida es tener conocidos en el campo democrático de la política, porque son ellos quienes recomiendan para el empleo o contratos o negocios. Los partidos políticos despiden esa aureola navideña, y al ganar cuelgan la piñata para sus recomendados, en un juego al que se van colando quienes no tienen experiencia ni oportunidad, porque es allí en donde aprenden a moverse entre partidos persiguiendo la miel, y alimentando el extremo de la pestilencia de la corrupción. Todo cuerpo se corrompe tras la muerte, sin importar si todos los hombres estuviéramos pidiendo a gritos alrededor del cadáver que se detenga su descomposición natural. Por eso hay que concentrarnos en la vida.

La política nos tiene confundidos, porque los ciudadanos no están tras quien nos dirija eficientemente, con capacidad, sino que tenga afiliados conocidos en su metro cuadrado, para lo que pueda hacer falta. Motiva el interés espurio, la escalera, la cercanía al poder. Y a ellos se suma que los chapines somos vidritos, porque nos quebramos ante una mala mirada o expresión confusa mal entendida, y rechazamos con resentimiento a quienes nos caen mal, aunque la razón indique que son mejor opción.

La intención de la ciudadanía en general conduce a elegir a quienes nos representan, por las intenciones comunes. De allí proviene el dicho de que cada pueblo tiene el mandatario que se merece.

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