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Opiniones de hoy

Enfoque: El poder ciega y corrompe

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Los ejemplos están siempre a la vista. Maduro y Ortega son dictaduras en franca decadencia y caerán; ningún autoritarismo o concentración de poder es bueno.

 

Venezuela vive una larga dictadura que inició Hugo Chávez en 1999 y tras su muerte en 2013, la ha continuado Nicolás Maduro, para completar este mes de febrero 19 años de un chavismo autoritario que ha controlado todos los poderes del Estado y se ha caracterizado por ser represivo –borró las libertades fundamentales para la sociedad–, corrupto e ineficiente.

¿Cuál es el resultado? Está a la vista, uno de los países con más recursos del hemisferio –por el petróleo, principalmente– está en la quiebra y el pueblo sufre por la mayor inflación que se recuerda en su historia. La economía se ha resquebrajado y únicamente los poderosos chavistas pueden seguir viviendo como reyes por la corrupción que no ha cesado. Yo he seguido muy de cerca los acontecimientos venezolanos, ya que es uno de los países a los que más he tenido que viajar en misiones para defender la libertad de prensa y denunciar internacionalmente la represión a la que se ha sometido a los medios de información independientes. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ha librado varias batallas contra las políticas de Chávez y Maduro para controlar la información. Premio a la prensa oficialista, acoso y persecución para los periodistas y medios independientes. En cada uno de los viajes realizados pude comprobar el peso de la dictadura. Chávez se encargó de tener el control total del poder. En Venezuela dejaron de existir los tres poderes del Estado de manera independiente, y él primero y luego Maduro –siempre con el respaldo de los militares–, han sabido controlar a un pueblo que ha terminado hastiado del abuso y desde hace más de un año lucha en las calles para recobrar la democracia y sus derechos. Venezuela ha dejado de ser democracia desde hace mucho tiempo. Controlando la información, con el poder absoluto en su puño, el chavismo manipulaba los procesos electorales que le ratificaban en cada elección, hasta que se perdió una legislativa, votación que marcó el inicio de este fin que estamos por ver. El chavismo –con Chávez primero y Maduro después– ha destruido el país. También lo dividió durante mucho tiempo por la provocada confrontación de clases. Ahora hay mucho menos venezolanos que creen que esa corriente política debe continuar. A Maduro no le va quedando más que el respaldo de los militares y me atrevo a vaticinar que en cualquier momento se rompe, porque la situación se hace cada día más insostenible.

Otro dictador, Daniel Ortega, parece hacer méritos suficientes para ser el siguiente en la lista de gobernantes autoritarios defenestrados. No por nada se destaca que la democracia tiene como uno de sus pilares fundamentales la alternancia en el poder. Aquellos que logran quedarse mucho tiempo, se convierten en déspotas corruptos y abusan de su posición. Ortega es para Nicaragua, lo que Maduro es para Venezuela. Su actitudes son similares y mucho me temo que sus fortunas también.

Es repetida continuamente –en esta época–, la frase de Lord Acton que dice: El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Eso es lo que les ha sucedido a estos dos dictadores, pero también a otros líderes o gobernantes autoritarios latinoamericanos. La tendencia al autoritarismo al llegar a la presidencia de la República suele ser muy grande. Cuando sucede, como en estos momentos en Guatemala, que los tres poderes del Estado –Ejecutivo, Congreso y Corte Suprema de Justicia– se convierten en aliados, lo que estamos viendo es una peligrosa concentración de poder, que fácilmente se traduce en autoritarismo y corrupción, porque las autoridades pierden la dimensión de su cargo y funciones, además de creerse intocables por parte de la justicia.

Maduro ahora se victimiza, pero ya nadie le cree. Durante casi dos décadas el chavismo ha responsabilizado al “imperialismo y la oligarquía” de su fracaso económico. Largo tiempo logró engañar al pueblo, hasta que las pruebas se convirtieron en demasiado evidentes.

Contra la pared, es posible que Maduro busque una salida negociada. Por el momento sigue actuando con prepotencia, pero cuando los militares principien a debilitarse o darle la espalda, lo veremos gestionar diálogos y negociaciones, cuando no encontrar una salida con garantías hacia algún país del eje, que podría ser Cuba.

Aquí, ojalá que no estemos a las puertas de un manoseo del proceso electoral, porque sería nefasto que siguiéramos en manos de la misma clase política, aferrada a continuar con la corrupta vieja política. Tal vez no se llegue a los Maduro y Ortega, pero igual de nefasto sería seguir en manos de los mismos de siempre…

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