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Opiniones de hoy

El burro y el buey

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¿Arbolito vs. Nacimiento?

En realidad, el título de esta columna, es una evocación de la columna de un gran autor: “El reno y el camello”, de Umberto Eco, publicada en 2006.

Nuestra coyuntura es tan pavorosa, que de repente olvidé que estamos por celebrar la fecha más importante de todas las fechas (según mis propias convicciones, por supuesto).

Quería sumarme a los columnistas que han podido resistir el dolor, y referirme a los desmanes gubernamentales contra la población guatemalteca. Pero yo sucumbí a ese dolor, y prefiero, definitivamente no tocar el tema, y volver a evocar las genialidades del gran escritor y pensador italiano.

Hace unas semanas lo hice, en la columna “De la estupidez a la locura”, que utiliza o refleja el título de la obra póstuma de Eco.
Pero por oportuna recomendación de mi gran amigo, Joaquín Barnoya, leí la columna que menciono al inicio, y simplemente, preferí decantarme por escribir algo “de ocasión” y no derrapar en el impetuoso impulso de criticar a “mi Presidente”.

No vaya a ser que la inconstitucional iniciativa de ley que pretende castigar a quien critique a un político sea finalmente aprobada, ¡y con efectos retroactivos! (cualquier cosa es imaginable en nuestro Congreso).

La columna en mención hace un exquisito comentario sobre la relevancia de los “belenes” navideños, esos que nosotros llamamos “los nacimientos”.

¿Coincide usted con que cada vez desaparece más esa tradición de hacerlos en nuestros hogares?

Con el fin de provocar lectura buena, acá le van dos pasajes de la columna de don Umberto que me parecen interesantes y provocativos: “El neopaganismo consumista ha desacralizado por completo el árbol, que se ha vuelto un mero objeto de decoración de temporada, como la iluminación de las ciudades.

Niños y padres se divierten colgando bolas de colores, pero sin duda yo me divertía más cuando ayudaba a mi padre, que empezaba a construir el belén a principios de diciembre, y era una fiesta ver manar fuentecillas y cascadas en virtud oculta de un aparato para hacer enemas”.

¿Coincide usted con este sentimiento? Yo, definitivamente, sí. Recuerdo cómo mi amada madre nos enseñaba a imitar montañas con papel acartonado, para después, bañado de engrudo, echarle encima los coloridos aserrines y los musgos.

¿En qué momento rompí el eslabón de la tradición? Ni cuenta me di.

“… la tradición religiosa del belén celebra un ambiente laico y natural, con sus casitas sobre las colinas, las ovejas, las gallinas, los herreros y los carpinteros, las aguadoras, el buey, el burro y el camello, que pasará ágilmente por el ojo de la aguja, mientras que los que ponen regalos demasiado caros bajo el árbol no entrarán en el reino de los cielos”.

Estas provocativas reflexiones son todo un presente Navideño que nos legó Eco.

Les deseo absolutamente a todos, una absolutamente verdadera Navidad.

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