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Opiniones de hoy

En ruta por el altiplano


El éxito de la organización comunitaria en las poblaciones indígenas.

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Los bosques de Totonicapán no son solamente hermosos. Son una reserva natural importante para el país que provee de agua a los habitantes de los 48 cantones. La razón de su preservación está en un modelo de manejo de los recursos que se afinca en el esfuerzo comunitario y que ha tenido un éxito ampliamente reconocido. La organización Greenpeace publicó recientemente un libro dedicado a estos bosques, justamente ensalzando su manejo que ha sido más efectivo que proyectos basados en premisas científicas y organizativas de corte occidental.

 

La historia de los bosques de Totonicapán se remonta a tiempos anteriores a la independencia de Guatemala. Como una ironía dolorosa, fueron “comprados” a la Corona española por Atanasio Tzul, gran líder indígena quiché. Y digo ironía porque los habitantes originarios de aquellas tierras eran los propios indígenas. De tal forma que la comunidad es propietaria por legitimidad doble de aquella extensión boscosa. Solamente amparados en aquellos documentos y en la fuerza de su organización, han logrado impedir que empresas extractivas como las mineras intenten explorar en busca de minerales o que la frontera agrícola termine con ellos.

 

Actualmente existen senderos señalizados para los visitantes. Las caminatas por aquellos parajes ofrecen un alimento preciado: el silencio, que se hace más profundo con el murmullo de los muchos riachuelos y caídas de agua. Hay aquí árboles antiquísimos que guardan dentro la memoria vegetal de la verdadera Guatemala, aquel territorio que los indígenas tlaxcaltecos que acompañaron a Pedro de Alvarado, llamaban “lugar de los bosques”.

 

Pero la ejemplar organización comunitaria no termina en la administración de aquellos bosques. Totonicapán es el departamento con menos incidencia de crímenes, el más seguro de todo el país. La razón está en una ejemplar articulación de esfuerzos entre las autoridades indígenas que, en aplicación del sistema jurídico ancestral, coadyuvan al sistema de justicia oficial y a las autoridades policiales para conservar la paz social.  Esta experiencia es claro ejemplo de la miopía que se tuvo cuando con indignación se repudió la inclusión del sistema jurídico indígena como parte integral del ordenamiento de nuestro país. Ya quisiéramos nosotros, los capitalinos, contar con tal organización social para paliar el crimen.

 

El platillo tradicional de Totonicapán es el “tubik”.  Se trata de un caldo de carne de res con verduras aderezado con comino. La traducción de la palabra tubik al castellano es cooperación. Justamente eso es lo que los 48 cantones pueden enseñarnos al resto de guatemaltecos: el valor profundo y las ventajas que trae una clara consciencia de que la única manera de coexistir en paz es la cooperación.

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