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Opiniones de hoy

Álvaro Arzú Irigoyen (1946-2018). –Parte V–


Arzú Irigoyen admiraba al dictador Ubico Castañeda, tanto que uno de los viaductos construidos en la zona 13, le puso su nombre y apellido, ante el disgusto ciudadano.

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Para cuando Arzú Irigoyen nace en 1946, ya gobernaba la Nueva Guatemala, el doctor Juan José Arévalo Bermejo (1945-1951), quien ya avizoraba los cambios que el país necesitaba para convertirse en una nación capitalista y por ello se dedicó a la creación de instituciones que facilitaran y viabilizaran dicho proceso. Se fundó para comenzar, el sistema de banca central, con la Junta Monetaria, a la cabeza, el Banco de Guatemala y la Superintendencia de Bancos. En un sistema capitalista, hay clases sociales, obviamente, los capitalistas, los trabajadores, de las industrias, del comercio, de la construcción, del sistema bancario y financiero, etcétera, los trabajadores del campo, obreros y los campesinos, etcétera. Por ello, para beneficio de los trabajadores se creó el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS– en 1946 y en 1948 ya se había establecido el Código de Trabajo, que regulaba las relaciones obrero patronales. Empezaban a dejarse atrás, los largos años del sistema de servidumbre por deudas, en donde los trabajadores del campo, eran más parecidos a siervos de la gleba, trabajadores forzados a cambio de otorgarles parcelas mínimas donde vivir y cultivar productos de agricultura de subsistencia –los famosos mozos colonos–, que a trabajadores asalariados. “Los tiempos de Ubico” (1931-1944) en los que se suprimió supuestamente el sistema de servidumbre por deudas, para caer de nuevo en la ley de la vagancia y del boleto de vialidad. Los trabajadores empobrecidos, fueron los grandes constructores de los alardeados “caminos de Ubico”. El “Tatita” Ubico, el gran patrón de la finca, con férreo control del Estado, desde el Ejército hasta el último de los burócratas y peones mal pagados, todos los funcionarios del más alto al más bajo, supuestamente honestos y frugales. Dentro de la moralidad ubiquista, solo cabían los corruptos como él y sus paniaguados. Destacaban el Jefe de la Policía Nacional, General Roderico Anzueto, el Secretario General de la Presidencia, Ernesto Rivas, el Secretario de Relaciones Exteriores, Alfredo Skinner Klee en un primer momento y en un segundo Carlos Salazar; el Secretario de Gobernación, Guillermo Sáenz de Tejada, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José González Campo y el Secretario de la Defensa Nacional, General José Reyes, que era analfabeto, entre otros. Y la “democracia” ubiquista que no era más que una sangrienta dictadura, en donde la delación, el compadrazgo y la represión sangrienta y brutal cobraron demasiadas vidas de ciudadanos que se oponían a los desmanes del sátrapa. En el camino de la muerte quedaron desde líderes comunistas, a nivel centroamericano, como Juan Pablo Wainwright, fusilado en La Penitenciaría en 1931 hasta los liberales, con tendencias social demócratas como el Licenciado Efraín Aguilar Fuentes, “El Chivo” y sus correligionarios, pasados por las armas en septiembre de 1934 y los fusilados por dandis y diletantes como Eduardo Felice Luna, Cayetano Asturias y Juan Emilio Blanco en los albores de la dictadura del número cinco. Y no digamos los anónimos ley fugados por el propio Ubico Castañeda, en sus andanzas en Alta Verapaz y Retalhuleu, en sus tiempos de jefe político, nombrado por Estrada Cabrera, a quien le gustaba matar con su propia mano y no con enviados o sicarios como otros muchos gobernantes guatemaltecos lo hicieran. Manuel Cobos Batres, pariente de Arzú, fue uno de los ciudadanos opositores que en tiempos del doctor Arévalo Bermejo, inventó los minutos de silencio. Pues bien, Arzú Irigoyen admiraba al dictador Ubico Castañeda, tanto que uno de los viaductos construidos en la zona 13, le puso su nombre y apellido, ante el disgusto ciudadano.

Continuará…

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