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Opiniones de hoy

Diálogo como fuente de resolución de conflictos

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Se evita el diálogo serio o la búsqueda de posibles áreas de acuerdo y avance.

En la política es frecuente que ante problemas serios en los gobiernos se piense en el diálogo como mecanismo para buscar superar los conflictos sociales, políticos o económicos. Es un mecanismo útil y efectivo, siempre y cuando las partes estén efectivamente comprometidas en alcanzar acuerdos que permitan avanzar en la resolución de los problemas que se enfrentan. Es una artimaña política, cuando el diálogo solamente tiene por objeto ganar tiempo para solidificar posiciones fuera de la mesa de negociaciones.

El caso de Nicaragua, por ejemplo, parece más un proceso previo al enfrentamiento final entre una amplia porción del pueblo nicaragüense y el gobierno de los Ortega, que un diálogo tendiente a avanzar en la agenda de país. El tono de confrontación que se percibe y la gravedad de las medidas de represión ocurridas, hacen muy difícil iniciar un diálogo que no tenga por objeto el promover un proceso de transición política mediante un llamado a elecciones anticipadas. En el balance de fuerzas actuales, los representantes de los estudiantes y de la sociedad civil, incluyendo a los empresarios, saben que un diálogo largo sería un herramienta de permanencia de los Ortega en el gobierno, y no están dispuestos a otorgárselo. Por tanto, un diálogo como fuente de resolución de conflictos es difícil, en especial, si las negociaciones se hacen a puertas abiertas con la presencia de los medios de comunicación.

En Guatemala, el proceso de paz tuvo diferentes etapas. Las primeras fueron solamente para lograr que las partes se reuniesen y por un momento dejaran de lado la lógica del enfrentamiento armado. Después de varias reuniones, y con el acompañamiento de la Comisión de Reconciliación, fue posible empezar a discutir una agenda para las negociaciones. Luego empezó el proceso formal de negociación y se fue trasladando, poco a poco, la dinámica del conflicto armado hacia el diálogo de una agenda de país y un acuerdo de finalización del conflicto. En el proceso fue muy importante que en la mesa estuviesen representadas tres partes: los dos grupos negociadores y el moderador que siempre estuvo pendiente de utilizar las herramientas correctas que propiciaran el diálogo constructivo y que evitaran las posiciones intransigentes de las partes. El diálogo es la búsqueda de los acuerdos posibles y no el traslado del enfrentamiento de las calles, a la mesa de negociación.

El enfrentamiento y la polarización que se vive en Guatemala como consecuencia del proceso iniciado de lucha contra la corrupción y la impunidad, tiene similitudes importantes con las etapas del conflicto interno, previo al inicio del proceso de diálogo en torno a la búsqueda de la paz. Se percibe un ambiente de confrontación creciente que hacen de ataques mediáticos; del uso de la descalificación descarada; de ataques a la persona y no a sus ideas y propuestas; del uso de las redes sociales para difundir injurias e insultos; los medios comunes de la confrontación. Se evita el diálogo serio o la búsqueda de posibles áreas de acuerdo y avance. En esa lucha, no se logran impulsar las medidas que generen puentes entre las partes o que por lo menos hagan matices sobre las actuaciones de cada una de las personas e instituciones. Se prefiere el juego de todo o nada, con el temor que un diálogo serio haga evidente la fragilidad de las posiciones extremas y los evidentes intereses mayoritarios por soluciones intermedias y graduales. La lucha contra la corrupción es una prioridad nacional pero no puede ser la batalla que nos conduzca al nuevo enfrentamiento interno descontrolado. Tampoco es aceptable mantener el status quo. Es momento de utilizar el diálogo como fuente de resolución de conflictos. Difícil pero posible.

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