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Opiniones de hoy

La importancia del magisterio

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Inspirar el deseo de aprender,  de descubrir, de saber.

Venimos al mundo con la mente en blanco y la educación nos prepara para prosperar, por eso los maestros son clave, porque si saben enseñar y tienen actitud, la patria avanza, pero si reducen su acción a manifestaciones y bloqueos por dinero, sembrarán lamentos.

La situación actual es alarmante. Yo agradezco que la vida en La Antigua Guatemala de mis años de formación girara en relación al ciclo escolar, y no a hoteles ni antros. Aprendí a respetar a mis maestros en el colegio La Salle, y tuve la suerte de recibir clases de lenguaje con el Hermano Teófilo. Era maestro de Burgos, joven, dinámico, que más que enseñar, inspiraba; porque su intención era que nosotros floreciéramos en lo propio, y en cada alumno buscaba el potencial particular. Luego de una primera charla, tras escuchar mi entusiasmo sobre las rimas de Bécquer o La celestina, me hizo entrega de la llave de la biblioteca del colegio, que por regla general se cerraba a las cuatro de la tarde, para que yo pudiera ingresar en solitario y a deshoras, a hurgar sin limitación alguna. Yo tenía que descubrir el contenido de los libros por mí mismo, saltar por encima de la rutina de los programas, revisar, paladear, desvelar el sentido, sacar todos los libros que quisiera para llevarlos conmigo a casa, y, claro, devolverlos a los estantes sagrados de metal. Fue como entrar en otra dimensión. No tuve control ni revisión, porque la confianza selló el acuerdo de responsabilidad, pero cada vez que platicábamos, me preguntaba sobre mis lecturas recientes y escuchaba atento. Teófilo transgredió la norma del colegio para desatar mi gusto por la lectura, y lo logró, porque ya no me detuve.

Los maestros deben inspirar el deseo de aprender, de descubrir, de saber. Y cuando lo logran se ganan nuestro agradecimiento permanente. Esta semana, recibí una llamada imprevista por teléfono y la voz, con acento español, se presentó diciendo que había sido mi maestro medio siglo atrás. ¿Quién soy?, preguntó. Yo sin dudarlo respondí su nombre, porque al maestro que además de enseñar, inspiró el deseo de aprender, no se le olvida. Teófilo regresó a España a finales de los años setenta, y continuó el ejercicio de la docencia hasta retirarse, ahora vive en Madrid con su esposa Rosario. Vino a Guatemala nostálgico, y yo tuve la oportunidad de agradecerle esa llave de la biblioteca que determinó mi destino.

El Ministerio de Educación carga sobre sus espaldas con el futuro de Guatemala. ¿Cómo motivar a los maestros para que enseñen e inspiren? Hay que hacerles conciencia de su responsabilidad, porque para sobrevivir como fieras nos basta el instinto, pero para desarrollarnos civilizadamente necesitamos del magisterio.

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