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Opiniones de hoy

La plaga de los grupos G

opinion

El G13 está debilitando a nuestras instituciones.

Los grupos organizados en relación a su poder económico se hacen llamar G algo, porque ponen la G por delante y luego un número. El G8, por ejemplo, expresa localmente el poder de ocho apellidos tradicionales, propios de clanes poseedores de una inmensa riqueza que emana de la producción. El G8 genera gran parte del empleo privado, y cualquier estornudo que los afecte llega como terremoto al resto de la sociedad. Un comunicado del grupo se entiende como una advertencia a las autoridades, sobre los efectos que una política desafortunada podría tener en la estabilidad social.

Los políticos comunes hacen la venia ante los grupos de poder económico, que van surgiendo cada vez más divididos, porque a veces se nombran G6 o G9, se estiran o encogen, y se constituyen con los de siempre o por nuevos capitales.

Ahora bien, a estos grupos se suma la novedad del G13, que concentra el poder económico internacional de los países donantes, que intervienen sin respeto ante las autoridades para humillarlas, presionando para que actúen según sus órdenes (que plantean como deseos), por cuanto pesa la sumatoria de los dineros que regalan como un instrumento de dominación. La amenaza es obvia, se ponen las pilas o dejamos de regalarles pisto. Linda manera de utilizar la “caridad” como instrumento de dominación de un pueblo débil.

Los que estamos mal somos los guatemaltecos, porque juegan con nosotros unos y otros. El G8 presiona al Estado para proteger sus intereses, y el G13 de los donantes exige que agachemos la cabeza y aceptemos la presencia de sus representantes (los queramos o no, con o sin motivo), o nos exponemos a quedar como limosneros con la mano extendida sin recibir nada. Llegan al país como dioses que regalan dinero de contribuyentes involuntarios de sus países, sintiéndose superiores, y juzgan el sistema que no entienden, porque en lugar de ayudarnos a crecer independientes tienen interés en que sus transnacionales compren las empresas a los capitales locales, para que se imponga el supuesto mundo justo que ellos pregonan. Promueven el respeto del otro sin entenderlo.

El G13 está debilitando a nuestras instituciones, promoviendo la falta de respeto a las autoridades, y acentuando la división en nuestra casa. No es sano imponer extranjeros en casa ajena, y menos provocar enfrentamiento entre trabajadores y limosneros, encendiendo el resentimiento de quienes viven de donaciones en contra de los G locales.

El guatemalteco real tiene que sobrevivir, pero no encuentra empleo en las empresas de los G8, ni recibe limosnas del G13, así que sale a la rebusca en la calle, pone su propio negocio, y lucha para sacar adelante a su familia, ajeno a la guerra injusta e innecesaria que provocan los grupos envanecidos de poder económico dominante.

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