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Opiniones de hoy

A las puertas de la cuarta revolución (2)

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La creatividad y las habilidades interpersonales son las áreas que dominarán el futuro del ámbito profesional.

Estamos acostumbrados a escuchar la usual encomienda que llama a restringir reacciones emotivas en el trabajo, diciéndonos que es la cabeza y no el corazón la que debe de guiar la toma de decisiones en el área profesional. Tomado así, creo yo, el consejo se vuelve demasiado amplio y, quizá, hasta irresuelto, porque si bien es de suma importancia abstenerse de exabruptos emocionales en nuestras relaciones (profesionales y personales), las disposiciones laborales de mayor valor dependen en grandes cuotas de inteligencia emocional desarrollada.

Es más, para asegurar un aporte de gran cuantía usted debe separarse tanto como pueda de una estructura de pensamiento que parezca el de un autómata. En la primera sección de este artículo, publicada la semana pasada, expuse que es precisamente en los ámbitos de creatividad y razonamiento emocional donde la Inteligencia Artificial tiene fallas significativas.

El éxito de un equipo de trabajo, como explica Jonathan Openshaw, editor de The Future Laboratory, está vinculado a la inteligencia emocional colectiva de los individuos. Para entender la importancia vital que tiene la capacidad humana de crear redes de colaboración sofisticadas, pero al mismo tiempo flexibles, le recomiendo que lea el trabajo de Yuval Noah Harari: Homo Sapiens y la secuela Homo Deus. Entre varias otras cosas, Harari expone con gran claridad cómo esta destreza específica del humano resulta en el gran éxito de nuestra especie.

En lugar de ver la emotividad como irracional debemos replantearla como algo sumamente esencial para crear relaciones exitosas, que son al fin el mayor motor de evolución de nuestra especie. El trabajador promedio ahora pasa 50 por ciento más tiempo en actividades colaborativas que lo que hacía hace una década, dejando claro que la capacidad de adaptarse a diferentes personalidades, estilos, perspectivas y relaciones es angular. El lugar de trabajo es cada vez más diverso en rango de edades y capacidades técnicas y esto seguirá ampliándose.

Revisando el ranquin de habilidades del Fondo Económico Mundial (FEM) encontramos dos destrezas completamente nuevas en el top 20, que no aparecían en los estudios pasados: inteligencia emocional (6) y flexibilidad cognitiva (10). Negociación y coordinación con otros, ambas se mantienen en el top 10 del listado. Lo que esto significa, es que la creatividad (como vimos en el artículo de la semana pasada) y las habilidades interpersonales son las áreas que dominarán el futuro del ámbito profesional.

Sin embargo, no todo será hacer lluvias de ideas y abrazos grupales. La cuarta revolución significa que la tecnología estará incrustada en todo aspecto de nuestras vidas cotidianas y nuestro apoyo en ella será integral. Generar destreza en el uso de tecnología es esencial en esta era y será muy importante redefinir la capacitación y educación en áreas de alta tecnología. Mientras más avancemos será menos importante aprender las habilidades prácticas de codificar ­–como dijimos antes eso lo hace mejor, más barato y rápido cualquier bot­– y, en cambio, se tratará más de formar entendimiento profundo para maximizar potencial y minimizar escollos del uso de cierta tecnología específica.

Tanto Openshaw como Harari (en trabajos separados) plantean la irreversible necesidad de reinvención movilizada por dos fuertes motivadores: la velocidad que las nuevas tecnologías son creadas y desechadas, sumado al hecho que cada vez vivimos más. Siendo así, en la cuarta revolución veremos a los profesionales ante el invariable requisito de reinventarse y, para lograr hacer esto correctamente, será sumamente importante la educación y formación continua.

Esto último plantea la necesidad de modificar el rol de Recursos Humanos en las organizaciones pasando de ser gestores administrativos de personal a identificadores y facilitadores de conocimiento y aprendizaje. Por otro lado, este cambio demuestra la integración necesaria de empresas, gobiernos y universidades. En una era donde la información misma pierde valor, porque está disponible en todo momento y en grandes cantidades, la forma de integrar fuerzas de trabajo cambiará profundamente la forma como nos educamos.

Hay un proverbio que se le atribuye a Confucio que dice algo así: “Afortunado el que vive en tiempos interesantes”. Según se cree fue más bien utilizado como una especie de maldición, considerando que los tiempos sin cambios eran estables y, por lo tanto, mejores. De mi parte, pienso que es una bendición estar a las puertas de tanto cambio significativo, ojalá lo sepamos aprovechar. Bienvenida sea la cuarta revolución.

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