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Opiniones de hoy

Rancio fiambre

opinion

Alianza entre diputados dignos y movimientos sociales para contener la agenda antidemocrática.

Tras la reciente elección de la JD del Congreso, se consolida el bloque dominante, pues la institucionalidad parlamentaria y los operadores políticos solo ejecutaron los lineamientos de los grupos de poder (oligarquía, ejército, curia y narcotráfico), no era algo novedoso, de hecho ya se habían tardado. Las contradicciones internas, los movimientos sociales, la geopolítica y otros factores habían impedido contraatacar con mayor agresividad.

Empero, debemos reconocer que la JD es codiciada porque políticamente define la agenda legislativa, controla e influye en la repartición de las Presidencias de las Comisiones de Trabajo claves y decide sobre los puestos directivos de las unidades operativas del Congreso. Simbólicamente, encarna las prácticas de la vieja política tradicional, con tintes mesiánicos, conservadores y autoritarios.

Está claro que la estrategia corporativa para el asalto de la Presidencia del Legislativo se fraguó y operativizó a través del Palacio de la Loba y sus alfiles, la Fuerza de Tarea liderada por Álvaro Arzú (hay una reminiscencia de cómo se gestaban vía el generalato los golpes de Estado) abanderó los procesos de planificación, gestión de fondos, cabildeo y pragmatismo finquero.

Para lograr el consenso granítico del rentismo político representado en el Congreso, las élites necesitaban a un caudillo orgánico, un septuagenario capaz de capturar fondos y conciliar tajantemente los intereses de los grupos corporativos. Clase dirigente en crisis, pero no la clase dominante transnacional.

¿Y, qué pasó con el Frente Parlamentario por la Transparencia y por la Democracia? Simplemente fueron espectadores, una enclenque oposición e incapaz de articular una planilla alternativa. El objetivo estaba claro: no era ganar per se, era manifestar su rechazo al Pacto de Corruptos, marcar distancia de las negociaciones asquerosas, denunciar la cloaca, ser un contrapeso político, evidenciar ética y compromiso democrático con el pueblo, reivindicar la esperanza de una mayor legitimidad y representación.

¿Entonces, qué debe hacer la ciudadanía? Incidir por la agenda democrática (Servicio Civil, LEPP, Agua, Agricultura Familiar, Reforma Fiscal, etcétera), denunciar los procesos regresivos y violatorios de los DD. HH., organizarse, formarse, movilizarse y participar social, política y partidariamente. El campo de batalla no solo está en la institucionalidad, también está en las universidades, calles, comunidades indígenas, movimientos populares y partidos alternativos.

framont@gmail.com

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