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Opiniones de hoy

El tiempo en el capitalismo


El mundo está cambiando y en ello nuestra manera de percibirnos en el tiempo, y de habitarlo.

 

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Esos “no tengo tiempo”, “me urge porque voy tarde”, “no me alcanzan los días” pronunciados simultáneamente a los mares de gente atadas y adormecidas frente a las pantallas de sus celulares son ya lugares comunes a los que asistimos en el mundo de hoy.

¿De qué está hecha la humanidad actual para enmarcarnos en un tiempo marcado por las agujas de la producción y el consumo, lleno de pertenencias efímeras e identidades organizadas por la industria del entretenimiento y del consumo?, ¿a qué futuro le podemos apostar sin conocernos y construirnos desde el pasado de la humanidad?, ¿cómo pretendemos caminar por los valles oscuros de un tiempo fugaz e inocuo en el que se manipula el inconsciente de las masas convirtiéndonos a todos en autómatas consumidores de la nada?, ¿cuál es el aparato ideológico que nos mueve inconscientemente para regalar nuestro tiempo?, ¿es acaso una necesidad colectiva de pertenecer al proyecto de la “imbecilización” del mundo en la que asistimos hacia nuestra propia auto-destrucción?

En la actual mirada consumista del mundo y en esta abrumadora y deshumanizada manera de relacionarnos que nos impone el capitalismo hay una definitiva expropiación de nuestro tiempo de la que no parecemos estar conscientes.

El desarrollo del capitalismo histórico supuso algo más que acumulación de capital y auto-expansión en relaciones desiguales, supuso además la expropiación de nuestro tiempo. Es decir, el control de cómo gastamos nuestra vida y de cómo nos percibimos y actuamos en el tiempo.

El espíritu del capitalismo implicó un cambio en las relaciones sociales y en las estructuras categóricas del humano. Introdujo en la materialidad y en la percepción una nueva noción del tiempo. Una noción en la que Time is Money. Es decir que el tiempo se mide por la capacidad de generar ganancias y de producir.

El sujeto representado como categoría (como lo hace el capitalismo) es la abolición del tiempo colectivo y la subordinación a la abstracción del tiempo lineal. El mito del progreso ha generado un tiempo homogéneo y ha quebrado las maneras colectivas de concebir y practicar el tiempo. ¿Cómo poder vivir un tiempo colectivo, plural, heterogéneo, un tiempo más allá de lo lineal de la modernidad?, ¿cómo volver a la dialéctica entre pasado y presente, en la que el pasado nos contiene y nos hace caminar y dejarnos caminar para proyectarnos hacia el futuro?

El mundo está cambiando y en ello nuestra manera de percibirnos en el tiempo, y de habitarlo. Ahora no solo el tiempo se comprime, sino nos comprime. El hombre ya no trabaja en lo que no es susceptible de ser abreviado, producido como algo finito y acabado, los procesos ya no valen, sino solo los resultados.

El consumo como forma de ser y estar en el mundo y la vida orientada a la producción han quebrantado no solo las relaciones con la tierra, sino la percepción del tiempo circular. Olvidamos así, que una sociedad que rompe con su pasado, está condenada al desarraigo. El ser humano que rompe con su naturaleza creadora está determinado a convertirse en autómata, esclavo de un tiempo, donde el sentido lo fijan las agujas del reloj y no la habilidad humana de conectarnos con aquello que fuimos. De ahí la insistencia en volver a la historia para podernos hermanar en la conquista y búsqueda del tiempo. Un tiempo que no tendríamos que vivir en extensión, sino en profundidad.

Para recuperar la dialéctica con nuestro pasado es necesario volver a las formas plurales y colectivas de concebir el tiempo de los mayas (por ejemplo) puede ser un punto de partida para un futuro más humano.

Recuerdo en una manifestación contra Pérez Molina, a dos jóvenes indígenas k’iche’s acaso desentonadas y un poco escondidas; sostenían en sus manos un cartel que nos devuelve la necesidad de instaurar el tiempo colectivo desde el amor, desde la lucha, la resistencia y la imaginación: “Todo con las comunidades de antes de nosotros, todo por las comunidades, todo para las comunidades y nada sin las comunidades de los que se fueron, somos y serán”.

Volvamos a la dialéctica entonces entre pasado y presente, dejemos que el pasado nos informe al presente en la medida que el pasado nos contiene y nos hace caminar y dejarnos caminar. ¿por qué no construir un tiempo que esté más allá del capitalismo? Hacerlo supone una emancipación imprescindible para recuperar la posibilidad de un futuro más humano.

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