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Opiniones de hoy

Enfoque: No olvidarse de los canales de TV

opinion

El monopolio ha sido comparsa del sistema político, ha fomentado la corrupción y prostituido la democracia.

 

Durante los gobiernos militares, el hombre fuerte de la televisión fue el ciudadano hondureño Antonio Mourra, propietario de los Canales 11 y 13 –aunque en papeles no figuraba como tal, por razones legales–. Fortaleció y expandió sus medios bajo los beneficios que le concedían en el uso de frecuencias, repetidoras y demás. La televisión principiaba a mostrar su fuerza e influencia en la vida política nacional.

Entre 1979 y 1982, grandes cambios se dieron en la propiedad de las frecuencias radioeléctricas –radio y televisión–, porque irrumpió en el medio el empresario mexicano Ángel González, quien se hizo de los Canales 3 y 7 y unas cuantas radios a nivel nacional. En ese momento nace en nuestro país, lo que hoy se ha convertido en uno de los emporios de medios de comunicación más grandes e influyentes de Latinoamérica.

Sus primeros pasos para influir políticamente los dieron en la campaña electoral de 1985. Su ayuda fue invaluable para que la Democracia Cristiana (DC) y Vinicio Cerezo llegaran al poder. Así vio que su poder crecía. No voy a contar toda la historia, pero ayudó a Jorge Serrano, más especialmente a Álvaro Arzú, y así sucesivamente, hasta llegar al colmo de que los políticos le llamaran Ángel de la democracia, por todos los favores que les hacía a los partidos y candidatos.

Siendo director de Prensa Libre, hicimos algún trabajo sobre su influencia en las campañas electorales. Ello se puede consultar en la hemeroteca. Casi todos los candidatos reconocieron que iban a Miami, en romería, para extender la mano de su benefactor, que regalaba a diestra y siniestra publicidad… pero por supuesto, con uno de ellos –su delfín– con muchísimos más beneficios. Así influía aquel que no era tan ángel como algunos ilusos llegaron a pensar.

Como todos los que ganaban las elecciones le debían favores, él se encargaba de cobrarlos luego. Le dieron más y más frecuencias, hasta se ha llegado a aprobar leyes que le favorecen. Hizo a su medida la ley de cable, y ¡por supuesto!, dictó las reformas a la Ley de Telecomunicaciones que se modificó con dedicatoria para él durante la administración de Arzú.

Así como la clase política desarrollaba un entramado de impunidad y corrupción, en torno a toda esa porquería ha estado González, sus canales y su radio noticiosa.

Es una historia patética para nuestra democracia. Él ha sido el mayor distorsionador y gran corruptor. Por cierto, nunca se vio a Portillo salir en las noticias de manera negativa cuando se le acusó y condenó por corrupción. Así hay muchas cosas que han pasado, al extremo de recibir de parte de algunos políticos y alcaldes, infomerciales producidos para engañar o influir en la opinión pública. Mago absoluto en la manipulación de la información.

Estoy convencido que ha sido uno de los dos o tres hombres más poderosos del país durante muchísimo tiempo. Los candidatos le pedían cacao, los gobernantes lo usaban a la vez que le daban gigantescos negocios y más frecuencias.

Aunque aún es sumamente poderoso, hasta el año pasado era impensable que alguien intentara atacarlo o criticarlo. Su cuñado, Luis Rabbé utilizaba ese poder e influencia para su interés. Finalmente tuvo que venir un ente exterior, la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG), que sacó a relucir una de sus muchas práctica para influir y corromper la política. Se desnudó la forma en que se financiaba al PP –en menor grado lo hacía con los demás partidos–, y se giró orden de captura en contra de su esposa, Alba Lorenzana, representante legal de uno de los cuatro canales que controla (3, 7, 11 y 13).

Pero ¡ojo! Luego no ha pasado mucho. La orden de captura internacional no se ha ejecutado, y no se ha vuelto a hablar del caso. Es bueno hablar –y esperar– que se mejoren los sistemas de Justicia y de partidos políticos, pero si no se termina con el monopolio de la televisión abierta y ese poder oscurantista, pronto los sistemas volverán a corromperse.

Que el MP, la CICIG, y la Procu-raduría General de la Nación, no se olviden de este caso… que alguien haga algo por Guatemala en ese sentido.

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