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Opiniones de hoy

¿Quién será el próximo Presidente?


No parece sencillo que se interesen líderes correctos.

 

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El trabajo es una necesidad y un privilegio, y por eso se toma con tanta fruición cuando se puede. El guatemalteco vive para trabajar. Lo entienden mejor quienes han sufrido el desaliento cotidiano en la romería de búsqueda de ocupación, y por eso apenas logran un espacio lo defienden con ardor, trabajan de más, madrugan y salen a oscuras, conscientes de que a la sombra existe una muchedumbre esperando su retiro.

Al Estado lo dañó la ausencia del empleo estable, ya que según dicta el reloj de la política unos van cediendo el espacio para los siguientes, porque la ocupación es pasajera. Para trabajar en el Estado no se exige tanto conocimiento como contactos y afiliación a supuestos partidos políticos o sociedades anónimas sin posición ideológica. El empleo en el Estado se figura como la lotería, una ganancia fugaz antes de volver a la incertidumbre, cuando el ser humano lo que necesita es estabilidad. La corrupción se desató en Guatemala de manera natural como compensación previsora de los individuos ante la proyección de un período inminente de vacas flacas, para aprovechar, protegerse y abrir el negocio propio, para convertirse en empresarios o comerciantes. Y así también se fortificaron los sindicatos, organizaciones que dan propiedad a las plazas, creando pequeños reinos o reductos donde no pueden ser desplazados durante el vaivén político ni por incapacidad.

El Estado ha venido sosteniendo (salvo excepciones) a una inmensa masa de corruptos que hacían “negocios” turbios, e incompetentes inmóviles aferrados a la silla como rémoras. A eso se debe la ambigüedad actual del porvenir. Se ve difícil la sustitución próxima del Gobierno. No han aparecido figuras claras que se vislumbren dispuestas a competir en la sucesión presidencial para los próximos comicios, aunque sí ya se escucha el nombre de nuevos partidos adornados con logotipos novedosos. Pero nadie quiere enfrentar el problema. La maquinaria de los corruptos se abstendrá o estarán sus cabecillas en la cárcel para entonces. Y no parece sencillo que se interesen líderes correctos, porque lidiar con candados y una burocracia aferrada a la propiedad es descabellado.

El problema nacional es la falta de ocupación estable, y la terrible ausencia de conocimiento y capacitación productiva. Hasta en la iniciativa privada aumentan los trabajadores incansables que cobran sus servicios con factura, desprovistos de protección, prestaciones y retiro. Así que solo resta trabajar duro, y para respirar se encuentra la satisfacción de los apetitos o, espiritualmente, se acude en masa al show embriagante e hipnótico de los supuestos profetas que hacen milagros con humor, entre gritos y sorpresa.

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