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Opiniones de hoy

¿Qué es una feria del libro?

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En vísperas de que Filgua abra sus puertas.

El elemento fundamental de una feria lo constituye su carácter colectivo y comunitario. Y, por supuesto, la idea subyacente de que nos juntamos para promover y celebrar algo juntos. Cuando ese “algo” es esa pequeña caja de Pandora que llamamos “libro”, no podemos sino afirmar que se trata de un evento colectivo destinado a crear ciudadanía. Porque ciertamente, la piedra que sirve de base a la ciudadanía es el pensamiento crítico. Y, ¿qué son los libros sino una propuesta ideológica de la más variada diversidad? No existe comunicación inocente, todo libro nos impregna de una visión del mundo. Entre más leamos, más cerca estaremos de construir la nuestra y, por tanto, de tener criterio propio.

Una feria del libro tiene la potencialidad de convertirse en una máquina de reflexión colectiva. Y digo potencialidad, porque también puede negarse a sí misma esa extraordinaria posibilidad y achicarse lo suficiente como para convertirse en un mero mercado de libros. Entre ambos extremos, no hay más que un paso. ¿Qué se necesita para concebir una feria del libro que sirva a la vida, a la sociedad, a la cultura? ¿Qué se necesita para transformar un evento mercantil en un patrimonio cultural y, por tanto, colectivo?

Lo esencial es el concepto. ¿Para qué hacemos la feria? Si la respuesta única resultara ser “para vender libros”, entonces el afán que moverá el evento será reduccionista. Si la respuesta resultara ser, queremos vender libros para desatar el pensamiento, para construir la cultura, para generar los necesarios debates alrededor de los cuestionamientos que nos preocupan, entonces habrá una brújula que convertirá este espacio en un espacio público que la gente aprenderá a valorar.

Muchos cuestionan la poca participación que generan los eventos culturales, queriendo con ello justificar su desaparición. Antes que culpar al poco interés de la gente, quizá sería pertinente cuestionar la calidad de los eventos. ¿Están bien organizados? ¿Existe suficiente preparación de los participantes? ¿Piensan en el público? Hay eventos culturales genialmente exitosos. La diferencia entre salones vacíos y localidades llenas es el cuidado en la organización y el respeto al público.

El otro ingrediente es sin duda la capacidad de generar un carácter festivo. Y cuando digo festivo no me refiero necesariamente a la parranda. Me refiero al placer del diálogo, de los encuentros, de que el espacio de la feria se convierta en un lugar de convergencia. A la gente le encanta eso: saber que unas coordenadas de espacio y tiempo pueden romper fronteras. Romper fronteras es función de una feria.

Mi llamado es para que pongamos nuestro granito de arena. Hagamos de Filgua un patrimonio cultural, un lugar de convergencia, un lugar para romper fronteras.

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