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Opiniones de hoy

El panamericanismo y el “Ché”

opinion

“Les propongo un brindis por… una América unida”, Ernesto Guevara.

 

Ernesto Guevara dijo en 1952 al celebrar sus 24 años a sus amigos peruanos: “La división de América en inestables en ilusorias naciones es una completa ficción. Somos una sola raza mestiza con similitudes etnográficas… Y en un intento para liberarnos de nuestras estrechas mentes provincianas, yo les propongo un brindis por Perú y por una América unida”. Pero esa visión panamericanista cambió después de llegar a Guatemala en 1954, cuando presenció cómo la United Fruit y la CIA orquestaron la caída del presidente democrático Jacobo Árbenz. Así, se volvió antiimperialista y a favor de Moscú, como un prurito de rebeldía y justicia, sin aún entender bien el marxismo ni el leninismo, que capturó su pasión e integridad. Eso fue así en muchos jóvenes durante la Guerra Fría. Me incluyo entre los que queríamos un cambio hacia la democracia cuando se perdió.

Ahora nos falta volver al tiempo previo de la Guerra Fría absurda, a octubre de 1944 y al pensamiento sincero de aquel joven argentino que andaba conociendo América buscando su papel en la historia. Todos, como él, perdimos en la confrontación ideológica de Moscú/Washington al dirigir la mitad del globo cada uno de manera equívoca y dañina. El mundo repara aún sus fisuras. Esas palabras del Ché son oportunas para labrar un mundo distinto, sin olvido, evitando rencores, para llevar a nuestros países a un nuevo orden ajeno a las banderas ideológicas de esa época, guiados por la justicia. Es hora de volver a nuevos estadios políticos como lo quería el Ché joven. Y pensar de manera plural, como Octavio Paz en los setenta, para salir del Laberinto de la Soledad en esta América fracturada y sin sentido, por un continente unido e incluyente. Ahora hay que terminar con esos políticos que se han creído superiores al pueblo gracias “al voto” obtenido con engaños y dinero sucio. El arte y los valores del hombre que eleven su dignidad, sin ideologías, debe prevalecer, para evitar que caigan incautos ignorantes en la intolerancia de facciones. Hay que darnos la mano en este hemisferio por la opción justa y salir adelante contra el mundo oscuro, por la nueva vía del humanismo a secas. Un humanismo democrático que nos permita renacer y legar un mundo estable y viable a las nuevas generaciones. Esa debe ser la pasión que nos guíe. La democracia y sus principios deben consolidar el Estado de Derecho para superar el caos dejado por los irresponsables que gobernaron el trágico Triángulo Norte, del cual forma parte Guatemala. Su gente clama porque se expulse a la clase política cuya corrupción dejó la zozobra social, la violencia sin control, el crimen organizado en todas las esferas, en los árboles y fauna arrasados, en la emigración forzosa, en la contaminación e insalubridad por doquier, en la educación fallida, en las instituciones, cuya burocracia y sindicatos privilegiados han sido ajenos al pueblo, y quieren más, mientras la codicia va de la mano de algunos militares, magnates y viejos políticos, y de jóvenes que los emulan. Tenemos necesidad de una nueva sociedad, de un nuevo Estado, con liderazgos comprometidos con los valores del hombre y que se incorporen los pueblos originarios al Estado-Nación.

Pienso en los ideales del joven Ché, de Cardoza y Arévalo, que querían una América justa ante una alucinante desigualdad social. Sin diputados y conserjes que ganen 25 veces más el salario mínimo, ni magistrados que ganen el doble, o los presidentes que obtienen el triple o más que los primeros. Y que no contentos con su alto salario, se unen en corruptelas con bandas de la elite económica y militar. Así se adueñaron de nuestros destinos. Y, cínicos, quieren ser protegidos aún por el antejuicio y cuestionan la “injerencia externa”. Es tiempo de liberarnos de esa gente, no de potencias extranjeras, sino de ese enemigo interno que nos ha saqueado, algunos procesados por la CIGIG-MP. Las juventudes unidas de los países del hemisferio podrán sacar a esas mafias como deseaba la juventud del 1944 y el joven Ché.

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