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Opiniones de hoy

El exorcismo

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No es momento para ser observadores; urge reaccionar a los acontecimientos.

El proceso Cooptación del Estado ha conmocionado a la sociedad guatemalteca. Muchos vislumbran que en la purga podrían ser enjuiciados por transacciones que hasta hace muy poco tiempo eran parte del “tráfico normal” entre política y economía.

Las normas penales de un país reflejan la protección de valores importantes para la sociedad. Si se condena el asesinato, por ejemplo, es porque hay un valor jurídico que se pretende proteger: la vida. En Guatemala, la Constitución Política de la República y las leyes reflejan valores pero, ¿los avala la sociedad? En otras palabras, existe una doble moral. Por un lado, se promulgan leyes, pero está en tela de juicio si la sociedad las reconoce como necesarias para la vida en colectividad.

El proceso en cuestión es muy doloroso, no solamente para los imputados. Hay una extendida sensación de culpabilidad pues, lo “normal” en Guatemala era participar en la propuesta de corrupción. Dicho en otras palabras, los valores que protegen las normas jurídicas violadas, han sido ignorados, destrozados, manipulados y lejos construir alrededor de ellos, muchos (demasiados) se servían de la apariencia de democracia y de la impunidad para alimentar un régimen
destructivo y perverso.

Por coincidencia, vi ayer un documental que relata la vida de dos ancianos, hijos de influyentes funcionarios del gobierno de Hitler. Uno de ellos dijo en relación al régimen nazi: “En aquella época todos éramos nazis… A pocos les importaba que el régimen destruyera los principios democráticos o una galopante corrupción, apropiación de bienes de las víctimas y violaciones a los derechos humanos. Hoy sabemos que la pérdida de los valores de la democracia y la ausencia de límites solamente puede terminar de una manera: en campos de exterminio”.

La lección es evidente: cuando se pierden los límites, lo que se destruye es el Estado de derecho y la protección que este brinda al individuo y a la colectividad. Hoy nos toca decidir. ¿Dónde está nuestro compromiso? ¿En qué creemos realmente?

No será el sistema de justicia quien definirá el futuro de este país. Serán los valores sentidos de la sociedad. Aquellos que estemos dispuestos a construir y defender a partir de este caso paradigmático. Recuperar el Estado, optar por la defensa de la auténtica representatividad política, la democracia, exigir límites necesarios al abuso de las funciones públicas y… el respeto a la ley. Es urgente trazar una hoja de ruta ciudadana e iniciar los cambios estructurales que le salgan al paso a cualquier intento de recomponer la inercia de la corrupción y el regreso de sus manidos mecanismos.

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