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Opiniones de hoy

El Nazareno no será General

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Pero no nos metemos con Maximón vestido de soldado.

El guatemalteco es indudablemente el mismo de siempre, inconmovibles ante asuntos graves pero tan alborotados con todo lo que suena a simbolismo contrario a la corrección política. A mediados del siglo XIX, cuando el caudillo conservador Rafael Carrera confirió el grado de Coronel a la imagen del Cristo de la Merced, no hubo oposición porque mandaban Iglesia y militares, siendo el mandatario un hombre de armas conservador que protegió tanto la propiedad de las tierras ancestrales de los pueblos mayas como los privilegios de los criollos, y que se opuso fervientemente al cambio que vino más tarde con los liberales, quienes beneficiaron a los criollos pero despojaron a los mayas. Lo curioso, viéndolo bien, es que no se le hubiera concedido entonces el grado superior de General o Mariscal, quizá debido al celo humano y ambición de poder de Rafael Carrera.

El grado en este caso es puramente simbólico, porque la imagen misma no ejercerá mando alguno sobre la tropa, ni participará en trances o matanzas. Los ingenuos organizadores de la idea habrán querido venerar a su imagen reparando el daño por el grado inferior que se le concedió a mediados del siglo XIX. Pero la reacción política fue incendiaria. Se rechazó con tono de burla la propuesta, y las autoridades eclesiásticas y del Gobierno, que ya no tienen tanto poder, se excusaron, disculparon y retractaron por la aparente agresión a un pueblo que continúa siendo conservador, y prohibieron el ascenso imaginario. El error ingenuo del cura de la Merced fue no haber elegido el grado de Rey (porque no creo que la monarquía europea se hubiera opuesto) o de comandante guerrillero del Sendero Luminoso (que no hubiera indignado a Abimael Guzmán en su prisión de máxima seguridad). Lo que molestó a la opinión pública fue el uso del rango militar, cuando el símbolo mismo debiera de estar muy por encima de quienes lo mancillaron, como Otto Pérez Molina y sus secuaces. Pero los católicos que veneran la imagen en cuestión, harán las de Galileo, y en voz baja le rezarán a su General, porque para creer no se necesita permiso de nadie ni sellito oficial.

Este hecho simpático lo que hizo fue poner en evidencia la minusvalía de la profesión militar (tarea difícil para la institución) y la debilidad de la jerarquía eclesiástica en un mundo de tolerancia, donde ya todo se permite, donde no nos metemos con Maximón vestido de soldado, ni con los masones tardíos y su parafernalia, ni con las sectas pentecostales o ritos mayas ancestrales, ni con el show de los pastores que hacen milagros espectaculares al estilo de Las Vegas. Todo es permitido, menos ascender a General a la imagen humilde del Nazareno que fue cargando la cruz hacia el Calvario donde murió.

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