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Opiniones de hoy

Moviéndose desde el deseo (primera parte)

opinion

La ideología como una forma de colonialismo psicológico.

En los últimos tiempos ha surgido en Guatemala una interesante polémica en torno al movimiento ciudadano. Para algunos, por sus características anárquicas, polisémicas, polifacéticas, este movimiento no tiene posibilidades, ni de sobrevivir, ni de incidir. Para ser validado y tomado en serio, DEBE articularse, DEBE convertirse a la normativa que le imponen los saberes conocidos. En otras palabras, debe acatar al padre. Sin embargo, siguiendo a Deleuze y Guattari, el problema con el padre es siempre cómo encontrar una salida donde él no la halló. Y esto implica una movida radical, pues no se trata de renovar quiénes y cómo están en el poder, sino destronar la noción misma del poder para devolver a los individuos el deseo creativo.

Un deseo para sí mismos.¿Idea novedosa? Realmente no. Baruch Spinoza, Nietzsche, Rabelais, son solamente algunos nombres que podríamos lanzar a la palestra. Pero, más recientemente, John Holloway escribió su conocida obra: Como cambiar el mundo sin tomar el poder. La reflexión se inicia al constatar que toda revolución, al institucionalizarse, se convierte en lo mismo que quiso derrocar: un círculo de privilegiados asumen el poder y abusan de él frente a los ciudadanos impotentes. Así, lo verdaderamente revolucionario es transformar la lógica misma del poder.

Los sistemas generadores de valores trascendentes se amparan en diversas investiduras de autoridad que los legitiman –las máscaras del poder. La idea medular que sostiene esas investiduras es su capacidad de ejercer control social mediante diversos tipos de represión. El medio más evidente es el principio jerárquico de autoridad. La autoridad interpreta la realidad, dicta normas y establece valores universales. Si el individuo los cuestiona o transgrede, sufre castigo: la marginación, la sanción moral, la exclusión, la prisión, la aniquilación. Es por eso que, desde este esquema, la libertad siempre implicará una caída, pues no estar de acuerdo con el orden establecido conlleva el estigma de “ser disidente”. Para que la sumisión se convierta en voluntaria, los sistemas normativos utilizan todos los recursos a disposición de la cultura. Sobre la base de “esto es lo correcto”, el individuo acude “convencido” a ocupar su sitio dentro de la estructura y la interioriza. A esto, Deleuze y Guattari le llaman “colonialismo psicológico”. Así, los dogmas actúan como escudos de justificación y operan como “llaves mágicas” sobre la voluntad de los convencidos. Bajo la simplificación que ofrecen, automatizan el no cuestionar los asuntos, ni sus implicaciones. Las ideologías son una forma de ejercer sobre los individuos una presión colonizadora, quizá la peor de todas: la de las ideas.

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