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Opiniones de hoy

La política nacional vista al trasluz


Hay una nueva oportunidad de cambiar la forma tradicional de hacer y de beneficiarse de la política, predicando con el ejemplo con el apoyo activo.

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El expresidente de Colombia, Belisario Betancur (1982-1986), quien fue el mediador en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Guatemala y el Reino de España suscritas en Bogotá en septiembre de 1984, planteó hace unos días atrás el concepto, “la política debe poder ser vista al trasluz” en su intervención titulada, “La necesidad de repensar la Democracia y el ejercicio político que la misma implica”, que me pareció recoge en esa forma lo que Guatemala está experimentando, cual caso de laboratorio, en la lucha contra la corrupción inveterada, que se está desarrollando y consolidando poco a poco sin sesgos ni dogmas ideológicos.

Belisario Betancur al emplear el término al trasluz que conforme a la Real Academia Española es “el objeto puesto entre la luz y el ojo para que se trasluzca”, se refería, por un lado, al efecto de la transparencia como remedio contra la corrupción y la necesidad de mirar así a los partidos y a los dirigentes políticos. Y por el otro lado, se refería a que si aparece la corrupción, hay que llevarla a la justicia, que también tiene que ser transparente.

La conferencia académica del expresidente Betancur expuesta en la universidad de Alicante, España, como miembro del Círculo de Montevideo, que agrupa a expresidentes hispanoamericanos, pudo haber sido dictada con igual o mayor elocuencia por quienes desde el Ministerio Público y/o la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, dirigen con éxito y con reconocimiento las investigaciones emblemáticas contra la corrupción.

Se podría afirmar a la luz de lo que se planteó en la XXII Conferencia del Círculo de Montevideo en materia de lucha contra la corrupción y en la necesidad bajo ese prisma de repensar la democracia, que Guatemala puede contar ya su historia condensada de los últimos seis meses y aportar lecciones con voz propia en foros nacionales e internacionales.

Ciertamente, la política nacional empezó a ser vista al trasluz partiendo de la revelación de que en las altas esferas de Gobierno había una confabulación sistemática, cínica y despreciativa hacia la ciudadanía para enriquecerse de forma ilícita. Las investigaciones de corrupción y las revelaciones públicas siguen y se extienden hacia adentro y hacia afuera de las instituciones del Estado con implicaciones transnacionales en algunos casos. Y los procesos judiciales derivados de ello están a la vista sentando precedentes.

La ciudadanía en el contexto de esa lucha contra la corrupción ha demostrado que puede indignarse, movilizarse e incidir en la política nacional, sin tener padrinos ni patrocinadores nacionales o extranjeros.

El nivel superior de conciencia y de exigencia cívica que se ha ido adquiriendo como del interés por la política llevó a la ciudadanía a manifestarse ejerciendo el derecho del sufragio en la primera vuelta del proceso electoral alterando los vaticinios de algunos de quienes hacen apuestas para influir y para beneficiarse del sistema político nacional.

La ciudadanía está convocada ahora a la segunda vuelta electoral este domingo 25 de octubre para elegir al próximo Presidente de la República por el período 2016-2020. Quien sea electo asume una responsabilidad histórica quizá al nivel de la expectativa ciudadana que generó el primer Gobierno de esta era democrática en las elecciones de 1985, pero este desafortunadamente no estuvo a la altura de aquellas circunstancias.

Hay una nueva oportunidad de cambiar la forma tradicional de hacer y de beneficiarse de la política, predicando con el ejemplo con el apoyo activo, sí fuera el caso, o bien con la exigencia de una ciudadanía legítimamente impaciente que está viendo al trasluz que su participación ha contribuido al proceso de transformar la política nacional.

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