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Opiniones de hoy

Un hombre íntegro


Hasta el último momento supo conservar la mente ágil.

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Lo dijo Carlos Martínez Durán en la escuela de Medicina: – Escuchen bien jovencitos, antes que cualquier profesión está la de ser Hombre-. La frase era del filósofo Jean-Pierre Guyau: “La única profesión universal es la de ser Hombre”, y así se nos grabó en la memoria.

Cobijado entre Despacho Presidencial del maestro Arévalo y Ecce Pericles del poeta Rafael Arévalo Martínez, se escapó de un entrepaño el libro de Manuel Galich: “Del pánico al ataque”, editado por la Tipografía Nacional en 1949. Valioso, no solo por ser un incunable sino que también porque en las primeras páginas, pegué varias fotografías de la Junta Revolucionaria y su primer gabinete; además de una estampa en donde aparece el grupo valiente y heroico de los 14 universitarios que tomaron la Guardia de Honor el 20 de octubre de 1944. Con los años me preocupé de recoger firmas que dan valor al libro. Ahí está la firma del triunviro civil quien con letra grande inscribió: “Al Sordo Barnoya con cariño. Jorge Toriello” Le siguen las firmas de: Ricardo Asturias, Maco Villamar, Julio César Méndez, Ángel Martínez, Jorge Morales Franco, Fernando Bregni, Oscar de León, Julio Valladares Castillo; faltando lamentablemente la de Felipe Valenzuela. De esa hermosa epopeya se desprendió recientemente la efigie enorme de Ricardo Asturias Valenzuela (por respeto, nunca me animé a llamarlo por su sobrenombre).

Cuenta la leyenda que estaba un grupo de Shecas en clase de Botánica en el glorioso Instituto Central. El profesor Ulises Rojas preguntó: – ¿Sabe alguien el nombre científico de la planta medicinal conocida por el nombre de Chicalote? -. Un estudiante alto, fornido y de voz sonora, respondió al instante: “Argemona mexicana”. Todos volvieron la vista hacia Ricardo Asturias, su compañero de banca, quien aceptó gustoso el remoquete -. Fue así como con el apodo de Chicalote discurrió activa y valerosamente – por más de 90 años – en esta saqueada, vilipendiada y mancillada tierra: Ricardo Asturias Valenzuela .

La Casa del Niño, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, el Colegio Médico, la Facultad de Medicina, la Asociación Médica de Auxilios Mutuos y la Asociación de Scouts, supieron de sus sueños, empeños y desempeños.

Hasta el último momento supo conservar la mente ágil, el pensamiento lúcido y la voz sonora, Ricardo Asturias Valenzuela, quien más que médico salubrista, joven scout y patriota insigne, fue un Hombre integérrimo.

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