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Opiniones de hoy

Pasos para ir al despeñadero


El debate que ahora empieza.

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Un país no se embarranca de un día para otro sino a través de años de aplicación de políticas económicas erradas, realizadas con la vista puesta en ganar votos en la siguiente elección. Es un caminar al precipicio que, en su momento, ningún político quiere ver. ¡Los políticos siempre niegan que haya precipicio! Veamos las etapas que conducen al despeñadero. El Salvador ya llegó a una deuda pública del 60 por ciento del PIB, lo cual ya debía de haber encendido las luces rojas, pero no ha sido así. Venezuela puede cerrar el año con una inflación de alrededor del 200 por ciento, y la máquina que imprime los billetes no se da abasto. ¡Van por mal camino!

Tras ir por ese extravío, al final se llega al caso de Puerto Rico, que tras dar insostenibles incentivos, ahora ya no puede pagar su deuda pública; o el de Grecia, que por décadas hizo chinche el presupuesto. Con un PIB inferior al de España, los helenos tenían un salario mínimo 50 por ciento superior. Un hospital de Atenas tenía 45 jardineros para cuidar cuatro macetas; y en un ente estatal había 50 conductores por cada auto. El final fue la quiebra.

Cuando los países ya no pueden cubrir sus gastos, acuden a los vecinos (a Europa en el caso de Grecia) y a los organismos internacionales para que los apoyen financieramente; pero los que llegan “generosamente” a prestar auxilio empiezan a dar recetas variopintas. (¿Le gustaría a usted que un extraño entrara a ordenar su casa y sus finanzas? ¡Claro que no!). Para tener acceso a crédito, ahora Grecia debe aumentar impuestos, reducir los beneficios sociales, realizar privatizaciones como precio (¿y castigo?) por el irresponsable pachangón populista de larga data.

Por el contrario, la senda que evita la caída libre en el abismo es la de vivir de acuerdo a la producción y productividad (es decir de la riqueza real de que dispone el país), la de contar con gobiernos probos (si hay exigencia en el uso de los fondos públicos, estos alcanzan para las metas sociales) que no se dediquen a repartir privilegios, y que estén centrados en facilitar la creación de riqueza para todos. Pero, este no ha sido nuestro caso, pues el carnaval de gasto público nos ha llevado a un endeudamiento público, el cual, por lo demás, tiene límite tanto como porcentaje del PIB como de la recaudación. En nuestro caso, el ritmo de endeudamiento actual no es sostenible en el tiempo, y ya se encuentra en el límite en relación a la recaudación, lo cual ha sido un tema ausente en la campaña electoral.

Si, por un momento, nos ocupamos del tema de la recaudación vemos cómo a lo largo de 35 años, los últimos 11 gobiernos (Lucas, Ríos Montt, Mejía Víctores y luego Cerezo, Serrano, De León Carpio, Arzú, Portillo, Berger, Colom y Pérez Molina) hicieron reformas tributarias parcial o totalmente fallidas, compensadas con la contratación de deuda pública. Paquetazos (como el pueblo los bautizó) que solo fueron parches y remiendos con pespuntes groseros que corroboran la Curva de Laffer, la cual muestra cómo inicialmente el aumento de impuestos incrementa la recaudación, pero tras llegar al punto óptimo, aunque se suban la recaudación se reduce. ¡Es el caso de que más puede ser menos! Como ahora ya no caben más parches es necesario hacer un traje nuevo: una nueva SAT y unas nuevas leyes tributarias, empezando de cero. Habrá que ver que los impuestos no desincentiven la inversión, que sean universales, que no den privilegios y que sean fáciles de cobrar.

Y la otra cara es la de velar porque lo que se recaude sea gastado proba y eficientemente (un tema perversamente evadido por los gobernantes), lo cual nos tendrá que llevar a cerrar los desagües de la corrupción; a evitar compras a precios inflados, el gasto superfluo, las plazas fantasmas y los privilegios, igual de funcionarios y empresarios que de sindicalistas. ¡Necesitamos que el próximo sea un gobierno honesto, austero y eficiente, que ordene la casa! Una casa cuyos inquilinos han gustado del dispendio.

gasturiasm@gmail.com

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