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Opinión

“Wall E ”


El reporte reciente de la situación del empleo en EE. UU. revela un tema inquietante. Lejos de los números de creación de empleo que fueron mucho peor de lo esperado, el dato llamativo desde un punto de vista estructural es la cantidad de personas que han decidido salir de la fuerza laboral en EE. UU. Salir de la fuerza laboral significa que la persona ya no quiere trabajo, aunque se lo ofrezcan. Fueron 4.1 millones de estadounidenses que tomaron esa opción. ¿Por qué?

El mismo reporte laboral nos puede ayudar a entender la situación. Las plazas vacantes que no han logrado conseguir personas es de 11 millones, es decir, la oferta laboral está presente, pero la gente decide por su voluntad no hacerlo. Hoy las pymes y grandes empresas en EE. UU. están viviendo la mayor escasez laboral en décadas. Es decir, no están abandonando la fuerza laboral porque no hay opciones de empleo sino por otra razón. ¿Cuál será esa razón?

Sencilla, la llegada de Biden a EE. UU. significa un nuevo rol del Estado en la vida de los americanos. Un gobierno mucho más intervencionista, gastón, deficitario, populista, y por qué no decirlo: de corte socialista. Los entitlements son derechos, dice Bernie Sander, el jefe de la Comisión de Presupuesto en el Senado. De hecho, la propuesta que anda rondando en este momento es lo que llama el Plan de la Reconciliación, que contempla US$5 trillones de gasto social adicional al presupuesto para los próximos cuatro años. 

La idea es perpetuar algunos programas sociales creados por Biden como lo son la Renta Básica universal que se implantó desde julio pasado, cuando toda familia que gane menos de US$150 mil recibe cheques de hasta US$300 al mes por hijo. Son elegibles casi 80 por ciento de las familias. Además, se decretó un aumento del programa de estampas de comida por un 25 por ciento, lo que representa un 40 por ciento más de la ingesta calórica promedio por familia. Lo que provocará no solo presión de precios sobre alimentos, pero una obesidad galopante aún mayor a la que ya hay en la Unión Americana. 

Además, los programas de desempleo que duraban seis meses fueron extendidos por dos años. Es decir, las personas por no trabajar reciben cheques periódicamente. Biden decretó además una moratoria en los lanzamientos de personas que no pagan sus rentas extendiéndolo hasta casi dos años desde que se inició. Es decir, una persona puede vivir de gratis en el lugar donde arrienda. Hay además bonos de COVID como el que se dio en marzo y que totalizó US$1.9 trillones de emisión monetaria (nueve por ciento del PIB), y otros tipos de bonos de educación, salud, etcétera. 

Hoy el Gobierno de EE. UU. pesa 39 por ciento del PIB, la mayor proporción en la historia del país. Incluso más que los años de guerra contra Hitler. Esta expansión sin precedentes del Estado “Benefactor” mueve la aguja mundial, las consecuencias las pagamos todos. Ya que si esas irresponsabilidades las hiciéramos en un país como Guatemala las consecuencias las tomamos solo los guatemaltecos. Pero como es el país más grande del mundo, las consecuencias son globales.

Esas consecuencias han sido ampliamente discutidas en artículos anteriores. El contubernio es directo entre la Fed y el Tesoro, ya que la Fed ha impreso US$4.5 trillones de dinero sin respaldo, que han servido para financiar a Biden. En lo que representa la mayor monetización de la historia moderna. Deustche Bank Research nos alerta que para el año 2021, el cien por ciento de la deuda neta emitida hasta la fecha por el Tesoro ha sido comprada por dinero recién impreso por la Fed. No solo allí, el Banco de Inversión en su nota técnica del 7 de junio y que circuló como pan caliente en el mundo financiero mundial llama a la llegada de Biden al poder como el fin del neoliberalismo, justamente 40 años después. Es la historia macro más importante aducen. 

Los resultados de las políticas expansivas y sus consecuencias tienen evidencias milenarias de no lograr objetivos y de que la sociedad termina peor: mayor inflación, menos crecimiento, estados quebrados, sociedad desincentivada. En lo que se llama la estanflación, escenario que como empresa que dirijo fue presentada a nuestros clientes hace más de seis meses. Hoy la estanflación ya no es una proyección, es un hecho. 

Ned Davis Research, otra casa de investigación económica muy respetada es contundente en sus análisis: Cuando un Gobierno pesa más de 21 por ciento del PIB, el crecimiento es un tercio de su velocidad de lo que crece cuando el tamaño es inferior a 15 por ciento del PIB para los países del primer mundo. Lo mismo pasa con el empleo, que hoy vive gracias a las políticas antes descritas un desincentivo. La gente no quiere trabajar perpetuando la dependencia con el Estado y haciéndolos aversos al riesgo y a la innovación. Una sociedad distópica, obesa, con miedo, manipulada por los medios “independientes”, pero  dependientes de las dádivas del Estado o del Comité supremo que sabe que es el mejor para cada individuo, como Wall E, la película de dibujos animados que vale la pena ver. Tal vez es eso lo que quieren. 

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