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Opiniones de hoy

La destrucción inútil

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Al futuro hay que llegar con el pasado a cuestas.

Uno de mis lugares predilectos de niño en la Antigua era un monumento rodeado de gradas dedicado a la figura de Justo Rufino Barrios, el caudillo liberal. Estaba ubicado en el lado norte, y recuerdo o me imagino jugando a su alrededor, descansando entre desfiles, bullas procesionales o a la salida del colegio, y a veces bajo la lluvia. No importaba quién pudiera ser el sujeto representado, sino entender que en un mundo de casi infinitos individuos fugaces era posible trascender, quedar en la memoria, no desaparecer para siempre al morir, porque algunos quedan en mármol, piedra o bronce habitando la vía pública.

Pero llegó el día del derrumbe de los monumentos del Caudillo, que desaparecieron por decreto como yerba mala. Lástima. Los vaivenes ideológicos acaban con las huellas, aunque no borran los hechos sino pretenden ocultarlos, pero despojan a los ciudadanos de sus referencias vitales. Así sucedió en la ciudad de Guatemala con el Templo de Minerva del Benemérito de la Patria, el dictador Manuel Estrada Cabrera, quien perdura en la memoria histórica mas no su obra, que hoy sería un lugar de deleite para quienes visitan el mapa en relieve recién restaurado. 

Esta semana presenciamos el intento de derribar el monumento a Cristóbal Colón en protesta contra el llamado descubrimiento de América, como para borrar lo que somos, un país diverso y mestizo, como si al destruir la obra de arte cambiara la realidad. El proyecto inició en el año 1892, anunciado para el frente del Teatro Colón y en conmemoración del cuarto centenario del Descubrimiento. Se encargó al escultor Tomás Mur, y se completó el 30 de junio de 1896, instalándose en la Plaza de Armas, junto al kiosco, de donde en 1943 se movió al Parque de Jocotenango y, finalmente, en 1962 llegó al lugar actual. El monumento ha viajado tal y como acostumbraba el navegante genovés. 

Es una pieza en bronce espectacular, con Colón en las alturas señalando con una mano el territorio y la otra puesta en el corazón. El Paseo de la Reforma afirma que la capital guatemalteca es la urbe más importante de la región, entre México y Colombia. 

Afortunadamente no hubo mayor destrozo, gracias a la intervención de unas abejas aguerridas, que impulsaron a improvisar el ataque en contra del primer monumento accesible, porque decapitaron a José María Reina Barrios, quien injustamente pagó las culpas achacadas a Colón, pero se respetó al caballo. La indignación capitalina sacudió las redes sociales, porque los ciudadanos aprecian tener un paseo digno en el país, un espacio que enorgullece e identifica, y porque lo bello no tiene culpa y las huellas de la historia son imborrables. Al futuro hay que llegar con el pasado a cuestas.

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