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Opiniones de hoy

Reajustar la estructura

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Esas reformas han creado grandes ganadores y perdedores por igual.

Desregular mercados para reducir la pobreza ha sido el fin último de la economía política basada en el liberalismo ortodoxo. Tiene sentido. Mientras menos burocracia, menos costos de transacción, menos fricciones en los mercados y menos discrecionalidad en las políticas que regulan la libre competencia hará que los factores productivos produzcan más, mejor. Es decir, logrará que se le “saque el jugo” al potencial productivo de cada uno de ellos. 

Así las cosas, desde finales de los 80 y en el marco de un mundo aún polarizado entre el estatismo soviético y el liberalismo occidental, muchísimos países pobres y altamente endeudados recibieron inyecciones de fondos y dinero a cambio de realizar las llamadas “políticas de ajuste estructural”. 

Básicamente el ajuste estructural implicó: reformas fiscales enfocadas a reducir impuestos directos (a los ingresos) e incrementar la base tributaria al establecer o incrementar los Impuestos al Valor Agregado, es decir al consumo (indirectos). La liberalización financiera y la desconcentración del mercado de divisas también fueron reformas adoptadas por países latinoamericanos, africanos y del sudeste asiático, entre otros. Apertura comercial, alianzas público-privadas en construcción de carreteras, puertos e infraestructura y desburocratización, desregulaciones laborales y menos “trabas” a la inversión son otros ejemplos de dichas políticas implementadas en Guatemala. El recorte a programas sociales, subsidios, reducir el poder sindical y el cierre de algunas instituciones estatales (como Indeca, Caminos, etc.) y la privatización de otras como la electricidad (EEGSA), el ferrocarril (FEGUA), la línea aérea nacional (Aviateca), la administración de correos (Correos) y la telefonía (GUATEL) fueron parte de esos programas.

La receta del FMI, Banco Mundial y BID influyó en el diseño de las políticas económicas y la actual institucionalidad, en la cual nació la población que hoy tiene menos de 40 años. Más aún: la población mundial vivimos hoy las consecuencias de dichas reformas.

Dentro de los impactos por dichas reformas se evidencia el incremento al ingreso per cápita (sin ponderar las desigualdades), aumento del flujo de inversión extranjera directa y la inversión productiva local. Los Estados, al reducir sus gastos y muchos programas sociales públicos, redujeron su tamaño, su recaudación y su deuda en alguna proporción. Eso provocó que aunque personas estuvieran empleadas, no contaban con servicios públicos de calidad ni garantía de recibirlos. El rol de la banca central se enfocó en dirigir la política monetaria exclusivamente hacia la estabilidad de precios y se estableció prudencia en la emisión de deuda pública. La estabilidad macroeconómica (crecimiento del PIB, estabilidad de precios, pleno empleo y una balanza comercial sana) hasta hace poco ha sido el evangelio de las políticas económicas de gobiernos tanto de “izquierda como de derecha”.

Esas reformas han creado grandes ganadores y perdedores por igual. La falta de inversión en una estructura que garantice educación de calidad, servicios de salud accesibles y eficientes para cada persona que vive en el país y una fuerte institucionalidad que evite la captura del Estado son grandes debilidades que han provocado otro tipo de impactos que también eran predecibles y que hoy son evidentes. Desnutrición al alza, poca educación, salud y vivienda precarias, servicios públicos deficientes, violencia y destrucción ambiental son ejemplos.

La concentración de riqueza en quienes tuvieron ventajas implícitas durante el proceso de liberalización de mercados y el poder político que han acumulado provocan hoy capturas de las instituciones democráticas afectando negativamente el bienestar de las mayorías. La destrucción de biodiversidad y ecosistemas por el incentivo del lucro monetario que provoca esa depredación y los estallidos sociales, las migraciones masivas y las prácticas económicas ilegales, inmorales y acciones violentas de la población consecuentes son la herencia que el planeta en general vive hoy en día. 

Es por ello por lo que las propuestas más importantes de política implican reajustar esa estructura para cambiar el rumbo insostenible en el que nos encontramos.

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