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Opiniones de hoy

Destruir ese monumento

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La destrucción de monumentos no es nueva.

Una cosa queda clara con la destrucción y vandalización de monumentos en diferentes partes del mundo: la tensión permanente que existe entre la historia con todos sus matices y la memoria de individuos y colectivos. El suceso histórico es un hecho como tal, pero sus vínculos con temas tan latentes hoy en día, como el racismo, machismo, esclavitud e incluso genocidio, no pueden negarse. 

Vamos a ello. 

Ayer en el marco del 12 de octubre —llamado a veces Día de la Hispanidad o Día de la Resistencia de los Pueblos Originarios, según a quién se pregunte— en la Ciudad de Guatemala un grupo de manifestantes intentó derrocar la estatua del monumento de Cristóbal Colón en la Avenida las Américas y decapitó la estatua del monumento de José María Reyna Barrios, en la Avenida Reforma. Rechazo las formas, por supuesto, pero quiero indagar en los fondos.

Un historiador me dijo una vez que los monumentos sirven y han sido creados para dar testimonio de procesos históricos que son relevantes. Sirven también como faros de educación y como fuentes de información. Pero es cierto que no todo faro ni toda fuente de información es sinónimo de conmemoración y que el discurso de hoy dicta a que todo monumento que se erija sea para rememorar o evocar a la memoria un suceso, un personaje o un artículo que representa unidad y que transmita orgullo. De lo contrario, se expone a la vandalización y al rechazo. 

La destrucción de monumentos no es nueva. No se inventó ayer. Ni en este siglo. Todo el tiempo se han construido, destruido, reconstruido y vuelto a destruir monumentos en diferentes ciudades de todo el mundo. Destruir o vandalizar un monumento es la manera más radical de querer borrar de la memoria colectiva y del espacio urbano —no de la historia, porque eso sería estúpido e imposible— a un personaje o acontecimiento que en vez de unir a una sociedad causa daño. La clave aquí está en que todos los símbolos son cambiantes en la historia. La cruz quizás no significaba nada o significaba otra cosa antes de la llegada del catolicismo, por ejemplo. La hoz y el martillo tampoco, hasta la llegada del comunismo. Y así, sobran ejemplos. 

Los tiempos cambian, y aunque no borran la historia, sí es posible que exijan nuevos símbolos o la actualización de los mismos en aras de la representación de la era que se vive y del contexto en el que se desarrolla una sociedad en una nación. Así que, regresando a lo que sucedió ayer, martes 12 de octubre de 2021, quizás lo más importante sea llegar al fondo del asunto y analizar qué símbolos ya no encajan con la Guatemala de hoy, qué personajes dañan la memoria colectiva y cuáles, al contrario, la enorgullecen, la educan, la informan. ¿Cristóbal Colón y José María Reyna Barrios la dañan o la educan? ¿Qué personaje se pondría en vez de Cristóbal Colón o de José María Reyna Barrios, entonces? ¿Jacobo Árbenz? ¿Atanasio Tzul? ¿Dolores Bedoya? ¿María Chinchilla? ¿Realmente es necesario colocar un monumento? 

Siempre es válido hacer una revisión de la historia, o sea, comprender que con el paso del tiempo y con cada cambio generacional siempre será importante y vital analizarla desde otras perspectivas. El consumo pasivo de la historia —la que solo cuentan los vencedores y escuchan los vencidos— ya no basta. La historia activa invita a apreciar los monumentos actuales desde otra perspectiva y a cuestionarlos. Su finalidad ahora no es dar sombra ni servir para nido de pájaros, sino acercarse a la sociedad y a las generaciones venideras para que sigan siendo lo que dijimos al inicio: faros de educación y fuentes de información. Claro, no se evita así el vandalismo o la intervención de los monumentos por parte de ciudadanos inconformes —habrá por ahí alguien que no quiera ver a Miguel Ángel Asturias en la Reforma o al Karol Wojtila en las Américas—, pero sí que ayuda a nutrir la memoria colectiva, a comprender que la historia es una, pero con todos sus matices, y a la implementación de nuevos símbolos al espacio urbano. 

@jdgodoyes / Suscríbase al Informe Godoy y Columna Semanal aquí

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